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Crisis de refugiados en Europa. Recordad América Latina.

Esta crisis no es sólo europea, sino global. Debemos tratarla como tal, involucrando a naciones de todo el mundo en su solución. Como hiciera en el pasado, América Latina puede ayudar. English. Português.

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Manuel Nunes Ramires Serrano Francesc Badia i Dalmases
11 September 2015
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Niños pasajeros del Winnipeg. «DIG-00002». Agrupación Winnipeg. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 4.0 vía Wikimedia commons.

Los países europeos parecen haberse olvidado de su pasado no tan lejano. La persecución política y la limpieza étnica por parte de regímenes totalitarios, y la devastación de la guerra arrasando todo el continente, implicó el desplazamiento de millones de personas a finales de los años 30 y en los 40. Muchos tuvieron que huir del continente, y buscaron asilo en el Nuevo Mundo.

El movimiento masivo de personas a través del Mediterráneo no es algo que no haya sucedido antes. La presión migratoria sobre Europa se ha dejado sentir en los últimos años. Pero al final se ha producido un salto de escala. El número de los que han culminado su camino hacia Europa en 2015, unos 350.000 aproximadamente, con por lo menos 2.500 personas muertas trágicamente en el intento, es el mayor de las últimas décadas. 

Lo que es sobrecogedor, sin embargo, no es tanto la cantidad de llegadas ilegales y de víctimas mortales, sino la increíble incapacidad de los gobiernos nacionales y de la comunidad internacional para hacer frente a esta situación.

El hecho de que estemos ante la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial no explica por qué los gobiernos nacionales, la Unión Europea y la ONU son incapaces de afrontar el asunto. A fin de cuentas, en 2014 habían 59,5 millones de refugiados huyendo de sus casas en todo el mundo, aunque el 86% de los cuales continúan acogidos por países en desarrollo.

La Unión Europea, la mayor economía del mundo, necesita inmigrantes desesperadamente si quiere hacer frente a sus problemas de población envejecida y economía estancada. Y aún así, la crisis de refugiados toma por sorpresa a una UE ensimismada, atrapada en sus miedos y sus disputas.

La securitización no es una respuesta

Los gobiernos europeos y la UE han optado por tratar la cuestión migratoria desde la óptica de la securitización y la denegación de entrada. Frontex ha coordinado el sistema de patrullas fronterizas y supervisado el establecimiento de centros de internamiento, desde Melilla en España hasta Maritsa en Grecia, contribuyendo la construcción de lo que se conoce como la “Fortaleza Europa”.  Esta óptica resulta inútil ahora por, al menos, dos causas principales.

Es primer lugar, dificulta y hace más peligroso alcanzar las costas europeas, pero difícilmente impide que la gente continúe probando su suerte. En segundo lugar, bloquea cualquier otra política que no se base exclusivamente en la seguridad:. Así, cuando la llegada de ilegales se acaba finalmente produciendo, es incapaz de tomar en cuenta ninguna solución alternativa.  

Afrontar esta crisis levantando vallas más altas e imponiendo controles más estrictos no es  solución. La mayoría de observadores están de acuerdo en que la respuesta consiste en tratar este asunto como lo que es: una crisis humanitaria gigantesca. El foco debe situarse claramente en atender con urgencia la necesidad humanitaria.  El debate debe transcender las fronteras europeas, y redirigirse también a las Naciones Unidas.

Esta no es sólo una crisis europea, sino global. Debemos tratarla como tal, involucrando a las naciones de todo el mundo en su solución. Y en esto, América Latina puede ayudar. Los ofrecimientos por parte de Brasil y Venezuela para acoger un número significativo de refugiados Sirios son un primer paso importante en esta dirección.

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Melilla, España. Flickr. Algunos derechos reservados.

Europa no puede esperar

 Pero el tempo de la toma de decisiones al nivel de Naciones Unidas es demasiado lento, por decirlo suavemente. La UE, mientras tanto, no puede esperar. Europa debe facilitar ayuda urgente  a los miles de personas que cruzan el Mediterráneo continuamente, tanto aliviando su miseria como evitando al máximo un incremento en el número de muertos. En este asunto, el enfoque actual sobre las mafias de traficantes y sobre el control de las fronteras es un enfoque completamente equivocado.

Por el contrario, esta crisis debe tratarse desde un marco común para la protección de refugiados, yendo más allá de la Convención de Dublín (2013) relativa a solicitudes de asilo. La convención establece que los demandantes de asilo deben presentar su solicitud para obtener el estatus de refugiado en el país de la UE al que hayan llegado en primer lugar. Esto claramente no funciona, como ponen en evidencia los miles de refugiados acumulados en la frontera con Hungría, apretujados en trenes macedonios, o atrapados en islas griegas o italianas, o en las instalaciones portuarias de estos países.

Es necesario proporcionar a los emigrantes y a los refugiados soluciones de transporte y movilidad alternativas, legales y seguras. Debe darse máxima prioridad a medidas de integración y al desarrollo de un discurso europeo común, asumido sin fisuras tanto por los funcionarios de la UE como por los gobiernos y los líderes políticos de los estados miembros.

Si queremos integrar en nuestras sociedades a los recién llegados, es necesario poner en pie un programa de re-asentamiento. La propuesta de distribuir refugiados a través de los estados miembros, presentada por el presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker el 9 de septiembre, es sin duda un paso en la buena dirección. Hay que asegurar que sirios, afganos y eritreos, por ejemplo, obtengan garantías para un viaje seguro y condiciones adecuadas de asentamiento. Dos prioridades relacionadas con esto son el establecimiento de rutas legales de llegada a Europa y misiones de búsqueda y rescate.

Es evidente que todo esto es más fácil decirlo que ponerlo en práctica. Pero sólo cambiando el enfoque y abriendo un debate sobre los valores, los valores europeos, encontraremos soluciones adecuadas. En definitiva, lo esencial es el hecho de que los que llegan a nuestras costas tienen derechos: derechos humanos.  

La politización del discurso en Europa, en un contexto de creciente racismo y de sentimientos anti-inmigración, provoca la deshumanización de los inmigrantes. Pintándolos como peligrosos musulmanes, como un peligro para nuestra sociedad cristiana y para nuestro modo de vida, algunos partidos de derecha nacionalista, como Fidesz en Hungría, sólo intentan despojar a las personas que buscan asilo de sus derechos humanos. La manera en que Viktor Orbán se está comportando estos días es completamente inaceptable.

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Refugiados Sirios, 2014. Flick. Algunos derechos reservados.

Latinoamérica: ¿una referencia?

En cualquier caso, los Europeos deberían fijarse en su memoria histórica y poner en valor algunos ejemplos de cómo se comportaron otros países cuando muchos de nuestros abuelos se encontraron en una situación similar, forzados a buscar refugio y a huir de la guerra, de la destrucción, de la miseria y la persecución, e incluso del exterminio. La política de muchos países latinoamericanos durante la crisis de refugiados europea en los años 30 y 40 puede servir de referencia.

El gobierno Mexicano, durante el mandato del presidente Lázaro Cárdenas, abrió las puertas del país a casi 25.000 refugiados españoles que huían de Franco al final de la guerra civil en 1939, fletando barcos con destino a Veracruz. El poeta y diplomático chileno Pablo Neruda, que más adelante fue laureado con el premio Nobel de Literatura, se ocupó de proporcionar un vía de escape segura para 2.200 ciudadanos a bordo del SS Winnipeg, rumbo a Valparaíso en Chile.

Si bien estas cifras pueden parecer modestas, muchos más viajaron a América Latina por sus propios medios, aunque nunca fueron contados como refugiados. Miles de ciudadanos portugueses, italianos y griegos escaparon de las dictaduras y huyeron de la represión gracias a las políticas de puertas abiertas en Latinoamérica.

El hecho de que tantos refugiados del sur, el centro y el este de Europa escaparon escenarios desgarrados por la guerra y viajaron a Latinoamérica, debería servir de recordatorio de cómo no sólo países árabes o asiáticos, como Siria o Myanmar, pueden provocar olas de refugiados. ¿Puede España, Italia, Grecia o Portugal - o ciertamente Hungría, con su experiencia de 1956 -, olvidar lo que ocurrió en el pasado?

Acoger a los refugiados no es una responsabilidad exclusiva de los europeos. De acuerdo con Peter Sutherland, representante especial de la ONU para la migración y el desarrollo, “todos los países deben acoger refugiados Sirios. Cada país, incluyendo Canadá, Australia, América Latina, el Golfo Pérsico, los Estados Unidos y Asia, tiene la obligación de acoger a refugiados sirios por razones humanitarias.”

Los países latinoamericanos han cobijado históricamente a aquellos que huían de su tierra, sea por razones económicas o políticas. ¿Harán lo mismo ahora? Brasil, por ejemplo, ha recibido oficialmente a más refugiados sirios que España, Portugal, Italia o Grecia. De acuerdo con the Guardian, 6300 personas han recibido el visado para entrar en el país. Según una información de la BBC, desde que estalló la guerra en 2011 hasta agosto de este año Brazil ha otorgado la condición de refugiado a 2077 personas superando claramente el número de refugiados Sirios recibidos por países como España (1335), Grécia (1275), Italia (1005) o Portugal (15) en el mismo periodo.

Otros países de América Latina han ofrecido ayuda, mucho más modesta ciertamente, desde que comenzó la guerra civil en Siria. Uruguay recibió a un pequeño número de refugiados sirios: sólo 42, según la BBC. Los números de Argentina son también modestísimos (233) , sobre todo para un país que cuenta con una sólida comunidad de origen sirio, incluyendo al expresidentes Carlos Menem, que gobernó durante una década.

Hasta la fecha, Chile no se ha pronunciado al tiempo que las autoridades mexicanas se han mostrado extremadamente cautas en este asunto. En esta sociedad tradicionalmente abierta y de acogida, casi 160.000 personas han firmado una petición en Change.org en apoyo de una carta que pide al presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, que se rescate a 10.000 refugiados Sirios. Mientras tanto, el Presidente Maduro ha ofrecido acoger 20.000 refugiados sirios en Venezuela.

Peligra la imagen de una América Latina que se preocupa y que se compadece. Los países latinoamericanos se muestran culturalmente abiertos, pero burocráticamente cerrados a los refugiados. La región está a más de 10.000 kilómetros de distancia del corazón de la crisis, pero ha dado refugio históricamente a los que huyen, y no debería cambiar de parecer. Hay además significativas comunidades pertenecientes a la diáspora siria viviendo en Brasil, Argentina, Chile, Venezuela y Colombia. Y les va muy bien. 

Los refugiados, y aquellos que buscan asilo, pueden contribuir de manera muy positiva a las sociedades de acogida, de la misma manera en que lo han venido haciendo repetidamente en el pasado. El ejemplo de lo que hicieron nuestros abuelos en Latinoamérica al darles acogida, al proporcionarles oportunidades y permitirles rehacer sus vidas y seguir adelante, es inspirador. No debería abandonarse, ni por parte de los países de latinoamericanos, ni por parte de los europeos. 

Para un continente que vio nacer y florecer los derechos humanos, es inaceptable no hacerse cargo de la seguridad de aquéllos que arriesgan sus vidas para alcanzarlo. Es hora plantarse en defensa de los derechos humanos: en Europa, por supuesto, pero también en Latinoamérica, y más allá.

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