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La crisis de la OMC y la quiebra del orden económico mundial

La Organización Mundial del Comercio (OMC) termina 2020 sumida en la peor crisis de su historia, sin director general y sin tribunal para hacer cumplir las normas del comercio internacional.

Miguel González Palacios
4 January 2021, 4.25pm
15 de enero de 2020, EE. UU., Washington: El presidente de los EE. UU., Donald Trump (2 ° a la derecha), le da la mano al viceprimer ministro chino Liu He (3 ° a la izquierda) después de firmar el Acuerdo Comercial de Fase Uno.
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Shealah Craighead/DPA/PA Images

Esta parálisis es alarmante. Como organismo encargado de garantizar que los intercambios comerciales entre los países se realicen de la forma más fluida, previsible y libre posible, y de promover un orden comercial internacional basado en la transparencia, la no discriminación y la reciprocidad, la OMC tiene un rol central en el funcionamiento de la economía mundial que ahora no ejerce. Aunque no hace parte de la ONU ni de las instituciones financieras multilaterales (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional), la OMC reúne a 164 miembros que representan el 98% del comercio mundial.

Las raíces de la crisis

La creación de la OMC en 1995 fue el resultado de siete años de negociaciones para modificar el acuerdo GATT, firmado en 1947 por un grupo reducido de países industrializados, con el fin de adaptar las reglas del comercio internacional a la realidad de una economía en globalización y en la cual los países en vías de desarrollo comenzaban a jugar un papel cada vez más preponderante.

Una nueva negociación comenzó en 2001, conocida como la Ronda de Doha, con el objetivo de profundizar aún más la liberalización del comercio y de lograr un nuevo acuerdo comercial internacional que respondiera a las necesidades y dificultades de los países menos desarrollados.

Sin embargo, veinte años después, las negociaciones siguen estancadas, debido principalmente a la resistencia de la Unión Europea y de Estados Unidos para modificar sus políticas de protección a la agricultura y a la falta de una posición conjunta al respecto entre los países en vías de desarrollo.

A esto se suman las dificultades generadas por los mecanismos que buscan asegurar el funcionamiento democrático de la OMC, como la aprobación por consenso y la obligación para los países de adherir a la totalidad los acuerdos (la OMC administra actualmente más de 60), las cuales han llevado a que los países prefieran firmar tratados de libre comercio bilaterales fuera del organismo.

La crisis de la OMC se agudizó con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2017. Bajo la bandera nacionalista de “América Primero”, su gobierno ha llevado a cabo un férreo ataque a los organismos multilaterales, incluyendo a la OMC, y ha adoptado medidas proteccionistas con la promesa de sacar a su país de la posición desventajosa en la que, según él, se encontraba su país por culpa de las políticas económicas liberales de sus antecesores.

En total, Estados Unidos ha impuesto aranceles por más de USD $360.000 millones a bienes chinos y China respondió con USD $110.000 millones en aranceles a bienes americanos

La OMC y la guerra comercial Estados Unidos-China

En marzo de 2018, Washington anunció el aumento unilateral de los impuestos a la importación de más de cien productos chinos, a lo cual Beijing respondió con la misma medida sobre la importación de productos estadounidenses. Desde entonces, las dos potencias están inmersas en un contrapunteo que las ha llevado a aumentar progresivamente los aranceles en el sector agrícola e industrial, así como para la inversión, la adquisición de tecnología y la propiedad intelectual. En total, Estados Unidos ha impuesto aranceles por más de USD $360.000 millones a bienes chinos y China respondió con USD $110.000 millones en aranceles a bienes americanos.

Poco tiempo después del inicio de la disputa, China denunció a Estados Unidos ante el tribunal de resolución de disputas de la OMC por adoptar medidas proteccionistas, y hasta hoy ha presentado tres demandas en su contra, una de las cuales fue fallada recientemente en su favor al determinar que las alzas tarifarias de Washington violaron las normas internacionales.

El gobierno de Trump también acudió al tribunal de la OMC en julio de 2018 para demandar a China junto a Turquía, México y la Unión Europea, por sus medidas adoptadas en respuesta a los aranceles que él mismo había impuesto durante el primer año de su presidencia a todas las importaciones de acero y aluminio.

A finales de ese mismo año, Trump y Xi Jinping acordaron personalmente una tregua de 90 días durante la Cumbre del G20 en Argentina. Pasado este plazo, ambos países retomaron las alzas arancelarias y la tensión alcanzó nuevamente un punto crítico debido a las restricciones impuestas por Washington a Huawei y a otras grandes empresas de tecnología chinas, a las cuales acusa de piratería y de representar una amenaza a la seguridad nacional por presuntamente hacer espionaje en favor del Partido Comunista Chino.

Trump también ha bloqueado la elección de nuevos miembros en el tribunal de la OMC tras el retiro de cuatro de ellos en 2017, y luego dos más en 2019, con lo cual el máximo árbitro del comercio internacional quedó con un único miembro y de facto dejó de funcionar. Por tanto, las demandas tanto de China como de USA, carecen de tracción.

Los estragos generados por la guerra comercial en sus economías llevaron a Estados Unidos y a China a firmar, en enero 2020, el acuerdo comercial conocido como “Fase Uno”, que condujo a la reducción de aranceles de más de 700 productos en ambos países. La pandemia de la Covid-19 obligó a la Casa Blanca a desmontar los aranceles para la importación de equipos médicos de China, aunque también ha impedido que el acuerdo se cumpla en su totalidad y que pueda revertir los efectos de la guerra comercial en la economía mundial.

La OMC, por su parte, sufrió un nuevo revés tras la renuncia anticipada de su director general, el brasileño Roberto Azevedo, en mayo pasado. Y aunque recientemente la mayoría de los países miembros alcanzaron un consenso para que la vacante sea ocupada por la nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala, Estados Unidos bloqueó su elección, pues desconfía de su cercanía con el mundo en desarrollo y con China, y en su lugar promueve la candidatura de la ministra de comercio surcoreana Yoo Myung-hee.

El deterioro del multilateralismo comercial está provocando una mayor fragmentación y conflictividad en la economía mundial

La integración económica en vilo

La crisis institucional que atraviesa la OMC está dificultando aún más la adopción de las reformas que necesita el organismo desde hace décadas para ser más eficiente, y para promover un orden económico mundial más justo y sostenible.

Asimismo, esta crisis le está impidiendo asumir cabalmente sus funciones, no sólo para la regulación del comercio sino también en asuntos tan urgentes como la reducción de la desigualdad, uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, el control de la sobrepesca para proteger la biodiversidad en los mares, y la suspensión excepcional de los derechos de propiedad intelectual para permitir una distribución más equitativa y solidaria de la vacuna contra la Covid-19.

Por otro lado, el deterioro del multilateralismo comercial está provocando una mayor fragmentación y conflictividad en la economía mundial. Al carecer del arbitraje de una entidad independiente como la OMC, la resolución de los conflictos comerciales que surjan en acuerdos bilaterales como la Fase Uno, responderá más al pulso de poder entre las partes que al cumplimiento de unas normas acordadas mutuamente.

Adicionalmente, los tratados regionales, como la recién creada Asociación Integral Económica Regional (RCEP), integrada por China y 10 países de Asia-Pacífico, pueden terminar dividiendo el planeta en bloques de influencia de las dos grandes potencias mundiales.

Por último, la consecuencia más preocupante de todas es que la adopción de medidas unilaterales por parte de los gobiernos aumenta las tensiones internacionales, lo cual no sólo puede llevar a nuevas guerras comerciales, sino que también puede terminar derribando los pilares del orden económico liberal, que ha evitado una confrontación militar directa entre las grandes potencias del planeta desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

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