democraciaAbierta: Opinion

Cumbre de las Américas: ¿fortalecimiento o fractura regional?

El éxito de la reunión depende de la capacidad de liderazgo de Estados Unidos y del realineamiento de sus principales aliados en la región

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Miguel González Palacios democracia Abierta
3 junio 2022, 7.34pm

Edificio de la Organización de Estados Americanos, OEA, en Washington, DC

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B Christopher / Alamy Stock Photo

Luego de 28 años de su primera edición, Estados Unidos vuelve a ser el anfitrión de la Cumbre de las Américas, cuya novena edición se realizará en Los Ángeles del 6 al 10 de junio próximos con el lema “construyendo un futuro sostenible, resiliente y equitativo”. Pero a pocos días de su inicio, el panorama no parece muy favorable para que el evento logre su objetivo de hacer avanzar la integración regional en esta dirección.

Pero, ¿cuál es el plan norteamericano para la región? No está claro. China ha ganado muchísimas posiciones y Rusia ha tenido éxito en su propósito de seguir desestabilizando a Occidente, logrando aprovechar la profunda animadversión de un importante sector de la sociedad latinoamericana al imperialismo estadounidense, cuyos abusos en la región durante la Guerra Fría siguen estando presentes en la memoria. La gran distracción que supuso para los EEUU la guerra contra el terrorismo y las campañas de Afganistán e Irak en las dos últimas décadas dejaron un espacio geopolítico bien aprovechado por sus rivales.

La Cumbre de las Américas es el único evento que convoca a todos los jefes de Estado y de gobierno del hemisferio, y se realiza cada tres o cuatro años en un país diferente. La primera cumbre se celebró en Miami, en diciembre de 1994, y con ella se formalizó una serie de encuentros ad hoc que se habían dado desde la creación de la Organización de Estados Americanos (OEA), en 1948. Y aunque el evento es independiente de la estructura de esta organización, la cumbre suele ser vista como el foro de más alto nivel entre sus países miembros.

Qué países son invitados, cuáles participan y qué líderes políticos asisten siempre ha sido motivo de controversia, puesto que simboliza bien la orientación geopolítica del momento. Y en esta ocasión, como lo reafirmó recientemente el subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental de la Casa Blanca, Brian Nichols, Cuba, Nicaragua y Venezuela no estarán en la lista de invitados, por ser países “que no respetan la democracia”.

La Cumbre de las Américas es el único evento que convoca a todos los jefes de Estado y de gobierno del hemisferio

Por un lado, Cuba, que fue expulsada de la OEA en 1962, ha reiterado en varias ocasiones su voluntad de asistir al evento, pero sólo fue invitada a las dos últimas cumbres, en Ciudad de Panamá, en 2015, y en Lima, en 2018. En el caso de Venezuela, que todavía sigue siendo formalmente un miembro de la OEA, para la cumbre de 2018 fueron invitados representantes del gobierno interino encabezado por Juan Guaidó, el cual es reconocido como el presidente legítimo del país por esta organización. Y en el caso de Nicaragua, a pesar de la crisis democrática que aqueja al país desde hace décadas, su reciente deriva autoritaria ha hecho que esta sea la primera vez que no será invitada al evento.

Sin embargo, podrían ser más las sillas vacías en la cumbre de Los Ángeles. En respuesta a la exclusión de estos tres países, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, anunció que no asistirá personalmente al evento a menos de que todos los países de la región sean invitados, a lo cual se sumaron los presidentes de Bolivia, Guatemala y de buena parte de las naciones del Caribe. Los mandatarios de Argentina, Chile y Honduras no han suspendido su participación, pero han llamado a que la cumbre sea “lo más amplia posible”.

Una prueba de fuego para Biden

La Cumbre de las Américas es un escenario clave para que la administración de Joe Biden concrete la promesa de retomar el liderazgo de su país en los espacios multilaterales, y para recuperar el terreno perdido en los últimos años ante China, Rusia y otros actores globales en su “patio trasero” – vale la pena recordar que el expresidente, Donald Trump, canceló su asistencia a la Cumbre de Lima en 2018, y envió en su representación al vicepresidente, Mike Pence.

Como muestra de la voluntad estadounidense de recuperar el liderazgo regional, la Casa Blanca escogió a Los Ángeles como sede del evento: una ciudad donde más del 50% de la población es hispana, que tiene estrechos vínculos con México y otros países del hemisferio, y que es un microcosmos de la conexión cada vez mayor entre la política interior y exterior estadounidense.

Estas características también llevaron a que Miami fuera elegida como sede de la Cumbre de 1994. Pero hoy, los vientos que soplan en la región parecen mucho menos favorables a los intereses de Washington.

Los vientos que soplan en la región no parecen muy favorables a los intereses de Washington.

En ese entonces, tras la reciente caída de la Unión Soviética, la hegemonía estadounidense parecía más firme que nunca. Como anfitrión de la primera Cumbre de Las Américas, el gobierno de Bill Clinton sellaba el triunfo de su país en la Guerra Fría en la región. Al final de la reunión, todos los países asistentes acordaron trabajar juntos hacia la creación de un área de libre comercio que cubriera todo el hemisferio, el ALCA, un viejo sueño estadounidense al cual dedicaron buena parte de las cumbres siguientes hasta que fue abandonado en la cumbre de 2005 en Mar del Plata, Argentina.

Hoy, América Latina viviría una nueva “marea rosa”, que podría intentar fortalecer la integración al interior de la región a través de foros como la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe, CELAC, creada explícitamente como un foro regional donde no participen Estados Unidos ni Canadá.

Desde el lado opuesto del espectro político, el presidente brasilero, Jair Bolsonaro, también se ha mostrado desafiante ante el evento, lo cual confirma su tensa relación con el actual presidente estadounidense y se inscribe en su discurso populista nacionalista de cara a su candidatura a la reelección en octubre de este año, mientras mantiene sus guiños hacia Rusia, proveedor principal de fertilizantes, y hacia China, su principal socio comercial.

A esto se suman otros factores, como la crisis de legitimidad de la OEA, profundizada por su creciente polarización y su discutido papel en las elecciones bolivianas de 2019, y la postura de apoyo o de rechazo tibio de varios gobiernos latinoamericanos a la invasión rusa de Ucrania.

La cumbre también enfrenta un clima adverso en el país anfitrión, Estados Unidos. A pocos meses de las elecciones legislativas de noviembre, la administración demócrata de Joe Biden necesita mostrar algunos logros en política exterior, especialmente tras el controvertido retiro de las tropas en Afganistán, en agosto de 2021. El gobierno de Biden también se encuentra bajo la presión de los grupos de hispanos republicanos, que han criticado fuertemente el relajamiento de las sanciones a Cuba y Venezuela en los últimos meses.

La cumbre también enfrenta un clima adverso en el país anfitrión, Estados Unidos

En medio de esta coyuntura complicada y de la crisis del multilateralismo a nivel regional y mundial, la cumbre debería representar un avance significativo en temas urgentes que requieren la acción coordinada entre los países de la región, como la emergencia climática, la crisis migratoria, la cooperación sanitaria y la recuperación económica y social de los estragos dejados por la pandemia de Covid-19, a lo que se suma el realineamiento geoepolítico global que está significando la guerra en Ucrania.

Si los EEUU quieren realmente reconstruir puentes con sus vecinos del sur, tienen en esta cumbre la oportunidad de redibujar su estrategia regional y apostar fuertemente por reforzar vínculos y reestablecer alianzas sólidas y duraderas después de décadas de abandono y menosprecio. Si de lo que se trata es de reforzar a Occidente frente a las amenazas sino-rusas, reforzar la comunidad de América Latina debería ser un objetivo común para todos los socios de una región en transformación acelerada.

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