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De las plazas al poder en cuatro años y diez días

Los activistas han conseguido transformar con gran eficacia la política española durante los años de la crisis. Tras las elecciones locales del 24M, vemos cómo las consecuencias del movimiento 15M están emergiendo todavía. English

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Ada Colau takes office in Barcelona. All rights reservedLas últimas elecciones locales y regionales en España no han resultado finalmente en el tsunami arrasador que algunos preveían. Lo que sí han provocado, a lo largo de la geografía electoral, ha sido una serie importante de mareas, algunas altas, muchas de ellas inesperadas, sobre todo en las grandes ciudades.

El uso de las mareas como metáfora política está cargado de significado. Los activistas españoles han utilizado la palabra “mareas” para describir una serie de protestas sociales que se inspiraron, cobraron fuerza, e incluso nacieron en la ocupación de plazas públicas  durante la primavera del 2011. Conocidos internacionalmente como “indignados”, una palabra que acuñaron los periodistas para definirlos, los activistas del 15M no se fueron simplemente a su casa tras la exitosa y persistente acción callejera que captó la imaginación internacional y resonó con fuerza en la sociedad española. Por el contrario, acordaron tácitamente apoyarse unos a otros mientras desplegaban diversas vías de acción y de lucha política. Surgieron la marea blanca, para la defensa de los hospitales públicos ante privatizaciones subrepticias; la marea verde-amarilla, en defensa de la educación pública frente a los recortes; la marea azul, a favor del acceso al agua como bien común; y también luchas para una cultura online libre, contra la corrupción o a favor del nuevo feminismo, todas ellas modeladas por la nueva interacción entre la acción callejera y las redes sociales. 

En España, las redes, sobre todo Twitter, se convirtieron en sí mismas en arena política más que en eco distante de la política “real”.  En paralelo, mientras la crisis global golpeaba con especial dureza los medios escritos y audiovisuales que, altamente endeudados, acabaron en su mayoría en manos de los grandes bancos, fue emergiendo un dinámico escenario de medios alternativos que fue redibujando narrativas y percepciones. Los que certificaron la muerte del 15M como movimiento no se percataron de que, en esencia, el 15M resultó en realidad un movimiento profundamente transformador del activismo, de la política y de la comunicación en España. Aún está emergiendo el efecto completo de todo ello.