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Buscando a Europa: de Sarajevo a Lisboa

Los populistas quieren desterrar la esperanza de Europa y reescribir nuestra historia. No hay que alzar la voz más que ellos. Hay que aportar mejores argumentos. English.

Manuel Nunes Ramires Serrano
22 May 2019
Evento Europeo de la Juventud (2018): "Ustedes son los hijos de una Europa moderna, democrática y abierta". Unión Europea 2018 - Parlamento Europeo. Algunos derechos reservados.

"Los que dicen que las personas no son capaces de cambiar nada solo buscan excusas".

– Václav Havel

Empezó en Sarajevo hace cien años. La guerra no puso fin a todas las guerras y el segundo intento de suicidio de Europa tuvo lugar veinte años más tarde. El tercer intento, bajo la supervisión de líderes populistas en el interior y de líderes nacionalistas en el extranjero, está hoy en marcha. Pero todavía estamos a tiempo para actuar. Europa no debe renunciar al proyecto político, económico y social que ha conseguido mantener la paz durante las seis últimas décadas. Los europeos deben resistir la tentación de mirar hacia adentro y alzarse en defensa de su futuro.

En el nombre de Europa

Bernard-Henri Lévy emerge de la oscuridad de una sala en Sarajevo. Tiene hora y media para hilvanar un discurso que inspire a los europeos a contraatacar y luchar para evitar el colapso de su continente. Para vergüenza suya - y de Europa -, lo que sale de entrada no es nada positivo: nacionalismo, fanatismo e ignorancia. Los mismos errores de siempre, repetidos una y otra vez, en un continente que tiene tendencia al olvido.

Buscando a Europa es una reflexión sobre el europeísmo y un intento de despertar conciencias adormecidas. Es un debate sobre el propio monologuista, sobre el pasado y el presente, sobre el público y su responsabilidad más allá del recinto del teatro. Jacques Weber presentó una versión anterior de esta función en 2014, Hotel Europe, coincidiendo con el centenario del asesinato del archiduque Franz Ferdinand, pero esta vez Lévy decidió que le tocaba a él salir al escenario. Había que dejar muy claro que la aparición del populismo, la impía alianza entre partidos extremistas y apatía política presagian serios problemas para todas las personas que habitan en el continente europeo.

El filósofo francés es consciente de que los europeos son tan capaces de alcanzar cumbres insuperables como de descender a los infiernos de una barbarie infinita. Fue precisamente para evitar que se pudieran cometerse los mismos errores de siempre que se creó la Unión Europea. Una idea de Europa que garantiza la libertad y la democracia. Que promueve la cooperación y opta por el diálogo en lugar del conflicto. Una construcción política que muchos creían irreversible, pero que hoy en día está en peligro por las maquinaciones de sus detractores y la pasividad de sus beneficiarios.

Debemos oponernos a la estrategia del miedo reconociendo nuestra diversidad intrínseca sin abandonar nuestro sentido de unidad. Debemos oponernos a la mediocridad y la ignorancia vinculando nuestras identidades nacionales a nuestra identidad europea.

En esta ocasión, la sala de Sarajevo se ubica en Lisboa. El autor conoce bien la capital portuguesa y desea recordar a los presentes su contribución personal a la revolución que abrió las puertas a la democracia hace cuarenta y cinco años. Portugal es, según él, un oasis de tranquilidad política: no hay populismo, ni nacionalismo, ni polarización social. Mientras que Sarajevo simboliza la crónica de una muerte anunciada para Europa, Lisboa representa una renovada esperanza de promover el consenso, marginar a los populistas y defender la democracia liberal. Portugal tiene probablemente saudade, pero desde luego no vive en el desassossego.

Bernard-Henri Lévy se encuentra en Lisboa para instar a los europeos a defender la democracia liberal y la Unión Europea. Nuestro continente está en peligro por la amenaza de influyentes líderes mundiales cuyo objetivo es dividir Europa. Y por la amenaza también de los líderes de la extrema derecha europea que han aprovechado las consecuencias de la austeridad con la que se ha gestionado la crisis financiera, la crisis migratoria y la falta de visión de los partidos tradicionales para promover su agenda política.

Los populistas y los nacionalistas quieren fronteras impermeables, menos inmigrantes y hacerse con el control que llevan ejerciendo las élites. Quieren resucitar imperios perdidos. Quieren acabar con el multiculturalismo, determinar quién merece ser ciudadano europeo y reescribir nuestra historia de acuerdo con sus cánones.

Estamos ante una amenaza existencial. Sin embargo, no debemos alzar más la voz que ellos. No debemos adoptar sus narrativas. Como dijo Jean Monnet, "Europa se forjará en las crisis y será la suma de las soluciones que se adopten para resolver esas crisis". Debemos ofrecer mejores argumentos que los populistas y los nacionalistas y aceptar que la Unión Europea puede mejorarse, luego mejorará. Debemos oponernos a la estrategia del miedo reconociendo nuestra diversidad intrínseca sin abandonar nuestro sentido de unidad. Debemos oponernos a la mediocridad y la ignorancia enseñando a nuestros hijos acerca de las instituciones europeas y vinculando nuestras identidades nacionales a nuestra identidad europea.

Bernard-Henri Lévy tiene razón al señalar que se necesita cultura, política, historia y filosofía europeas. Sin embargo, también necesitamos empleos decentes e igualdad económica, un medio ambiente sostenible y saludable, y participación con representación.

Bernard-Henri Levy durante una conferencia en Buenos Aires, Argentina (2017). Mauro Rico/Ministerio de Cultura de la Nación. Algunos derechos reservados.None

Los europeos necesitan instituciones a las que puedan recurrir, a las que puedan poner una cara. Necesitan una Comisión presidida por Robert Schuman, con Diderot y Erasmus a cargo de educación, Einstein y Curie de investigación, Dante y Beethoven de cultura, Locke y Arendt de justicia, Wojtyla de comunicaciones, Havel de cooperación y la Madre Teresa de sanidad.

Luchar por nuestro futuro

Un rayo de luz aparece de repente en el escenario, un coup de théâtre para anunciar que todavía estamos a tiempo para luchar por Europa: por el pluralismo, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad de todos los europeos. El discurso llega a su fin. El orador está agotado. Y Europa sigue en pie.

El público, levantándose de sus asientos, aplaude a Lévy – merecidamente. Buscando a Europa es un monólogo cautivador contra el conformismo. Alienta al público a responsabilizarse más allá de las paredes del teatro. Defiende con firmeza que es hora de luchar por Europa: en las urnas, en los teatros, en las bibliotecas, en los bares y en las calles. Es hora de luchar y asegurarse de que los derechos se vinculen a las personas como personas y no según el lugar donde nacieron.

Es hora de luchar no contra Marine Le Pen y Matteo Salvini. No contra Viktor Orbán y Thierry Baudet. No contra Santiago Abascal y Steve Bannon. Es hora de luchar por los europeos. Y por un proyecto que, a pesar de sus errores, sus deficiencias en cuanto a capacidad de inspiración y motivación y su falta recurrente de valentía política, debe defenderse porque es el único medio de que disponemos para evitar que volvamos a enfrentarnos unos con otros.

Lo que no quiere decir que debamos compartir la posición de Bernard-Henri Lévy sobre el futuro de Europa, sobre la intervención militar en Libia, o sobre cómo tratan a los civiles las fuerzas armadas de Israel. Su Europa no es sin duda la Europa que desean los jóvenes europeos y con la que sueñan cada noche. Lévy evita hablar de las desigualdades económicas, apenas aborda el cambio climático, desestima los movimientos de base y asigna vicios y virtudes a su antojo. No muestra ningún interés en discutir cómo se ha utilizado Facebook, ese invento liberal, para desatar una reacción conservadora. Evita discutir cómo China somete económicamente a los estados más débiles y socava los esfuerzos para combatir la represión de los derechos humanos en Beijing.

La larga marcha por el alma de Europa no es una causa perdida. La mayoría de los europeos cree que la adhesión de su país a la UE es algo positivo y espera que sus líderes promuevan la paz y defiendan los derechos fundamentales dentro y fuera de las fronteras de la Unión. Y Bernard-Henri Lévy tiene razón al señalar que se necesita cultura, política, historia y filosofía europeas para derrotar a quienes quieren imponer un futuro exento de valores democráticos. Sin embargo, también necesitamos empleos decentes e igualdad económica, un medio ambiente sostenible y saludable, y participación con representación.

Sin embargo, Buscando Europa nos recuerda que la Unión Europea es mucho más que una organización internacional. Es una idea que hace posible no solo que los europeos vivamos juntos, sino que podamos estar en desacuerdo entre nosotros.

Las generaciones más jóvenes no han vivido nunca los horrores de la guerra. No han sufrido una dictadura. Dan por sentada la Unión Europea y no es de extrañar que se muestren menos propensos a votar en las próximas elecciones europeas que otros grupos de edad. Sin embargo, deben darse cuenta de que la lucha contra la desigualdad y el cambio climático no se logra solo con marchas - también hay que moverse para asegurarse de que salgan elegidos candidatos dispuestos a hacer algo al respecto.

Debemos recuperar nuestro sentido de urgencia recordando a aquellos que experimentaron una Europa diferente, a las personas que vivieron en un continente donde la disidencia política era castigada con la pena de muerte y donde resolver disputas a través de conflictos armados parecía algo legítimo. Gente como el poeta y guionista italiano Tonino Guerra, que escribió que el momento más feliz de su vida fue cuando la liberación del campo de concentración en el que se encontraba y él se puso a perseguir alegremente el vuelo de una mariposa – y no para comérsela.

Podemos discrepar de las premisas de Bernard-Henri Lévy, que no nos guste su estilo y criticar su exhibicionismo intelectual. Incluso podemos echarle en cara que elija sus causas à la carte. Sin embargo, Buscando Europa nos recuerda que la Unión Europea es mucho más que una organización internacional. Es una idea que hace posible no solo que los europeos vivamos juntos, sino que podamos estar en desacuerdo entre nosotros.

Como dejó escrito Timothy Garton-Ash recientemente en The Guardian, nuestro continente nos necesita. ¿Vamos a quedarnos sentados esperando a que llegue el desastre? ¿O responderemos a la llamada y elegiremos nuestro futuro?

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