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Comunicación Política, Transformación Social y Alternativas Democráticas: Crítica y Límites de la Experiencia PODEMOS

Desde el punto de vista de la economía política de la comunicación, fiar toda la comunicación política a los media es una apuesta equivocada. English.

Francisco Sierra Caballero
17 December 2015
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Demotix/Oscar Fuentes. All rights reserved

Innovación Política y Cambio Social

Reconocer que el fenómeno PODEMOS es un caso único en la Ciencia Política y bien merece la atención y reconocimiento a un proyecto que, como mínimo,  logró abrir el marco mediático, situar desde la democracia deliberativa, el interés general e, incluso, lo común, actualizando el relato y discurso del 15M, es, creo, indiscutible. La cuestión aquí es que esta experiencia viene limitada por una teoría y una práctica política a todas luces discutible que afecta a la concepción de la comunicación, a las disputas por el capital y a la identidad de clase. Ahora bien, comencemos por reconocer dos aportes fundamentales:

  1. PODEMOS ha dado un papel central a la política de comunicación, falla histórica en la izquierda. Su programa electoral ha incluido medidas importantes como la transformación no mercantil de la esfera simbólica, una política cultural pensada desde la ciudadanía, con participación activa de la población y una nueva institucionalidad cultural democrática y transparente que articule comunicación y cultura desde una concepción transversal.
  2. PODEMOS ha innovado desde el punto de vista de la tecnopolítica, las formas de diálogo con la ciudadanía mediante el uso inteligente y creativo de las redes sociales, en una concepción propia de la democracia 4.0, desarrollando lo que Cava denomina “populismo 2.0”, y ello a partir no solo de una lectura diferente de la composición de clase sino más bien en virtud de nuevas estrategias y lenguajes que conectan con las nuevas generaciones de internautas y la cibercultura contemporánea. Esto es, la forma de acción institucional de PODEMOS entronca con una concepción proactiva y ciudadana de Internet que reconoce la necesidad de la defensa de este espacio de cooperación no mercantil haciendo un uso apropiable del proyecto y espacios virtuales de la comunicación institucional por parte de los actores sociales.

De la Materialidad de la Mediación y el Trabajo Político

Reconociendo ambos aportes, cabe no obstante resaltar algunas limitaciones de esta experiencia:

La comunicación política no es una cuestión de medios sino de mediaciones. Por ello, el mediocentrismo de PODEMOS es el talón de Aquiles de la estrategia diseñada con aparente éxito inicial, la misma que hoy relega a esta formación a un papel secundario superada por una fuerza política de derechas, CIUDADANOS, que goza del apoyo de las corporaciones informativas que dominan la esfera pública. Hipotecar toda comunicación política a los medios es una equivocación de acuerdo con la Economía Política de la Comunicación. El margen de la comunicación política es precisamente la pérdida de hegemonía del capital. El poder de la mediación exige una estrategia dentro y fuera de los medios, desde los sujetos interpelados en el discurso y mediatizados por el flujo informativo dominado por el conjunto de medios meanstream. De ahí que la lectura laclausiana, la teoría populista de la comunicación política de Podemos, resulte errada. La evolución de los acontecimientos demuestra que pensar las mediaciones en la constitución de una nueva subjetividad política desde el escenario hegemónico de los medios termina siendo, a fuerza de soltar, reduccionistamente mediocéntrica, poco política y menos aún transformadora. Si bien es notoria una nueva sensibilidad o sensorium, a lo Benjamin, y el capitalismo depende de las construcciones político-afectivas, ello no significa que la indeterminación en el campo sociodiscursivo sea absoluta, menos aún si analizamos la estructura de poder de las industrias periodísticas hiperconcentradas en países como España.

Los significantes flotantes presuponen y exigen sujetos políticos que sepan nadar. Sabemos que la idea del centro político es tan difusa que admite todo espacio fluido y mutable, y por lo mismo es propensa al naufragio de los sujetos que se mueven en este espacio, por ejemplo con un desplazamiento hacia CIUDADANOS. El discurso y la noción de pueblo son por definición opacos y remiten a una teoría del acontecimiento y de la mediación que, al menos en la práctica, brilla por su ausencia en la práctica mediática de Podemos.

Pensar que las identidades políticas no están determinadas por relaciones económicas y sociales concretas, al ser básicamente modelizaciones discursivas, no permite la transformación de nuevas subjetividades ni el cambio histórico, que como demuestra la teoría crítica es sobre todo un proceso de producción y algo más que democracia cultural mediada por el mercado o el libre intercambio de significantes. Lenguaje y trabajo, mano y cerebro están históricamente conectados. No es posible desligar el universo el discurso de las condiciones necesarias para la vida en común. En otras palabras, no es posible un proceso de cambio sin enfrentarnos con la materialidad que media toda teoría y toda acción social. Por indefinida que sea la concepción de lo popular y por no reductivamente determinado que esté el discurso, siempre hay anclajes en lo real. Esta es la diferencia negada del pensamiento de Gramsci en Laclau. A mi entender, falta en el diagnóstico una visión estructural, más Bourdieu y menos semiocentrismo. Se deriva en un nuevo idealismo sobre la autonomía, indeterminada, de lo simbólico, como si no hubiera estructuras de clase y reglas del juego de acceso al capital simbólico.

La falta de reflexividad deja la operación mediática de los significantes flotantes en el aire, sin consistencia, vulgar, no común, en la banalidad de lo nuevo y lo kicht. Un juego de tronos propio del mundo espectacular, donde la creatividad y la invención de otros mundos imaginados solo es posible desde el discurso, en un sentido performativo, sin cambiar la realidad, sin interferir en las bases concretas y materiales, de los mundos de vida.

Cabe criticar la calculada ambigüedad en el lenguaje, la indeterminación del significante flotante, vacío, que tiende a ajustes coyunturales y mero tacticismo. Como en los ochenta, la comunicación política de PODEMOS comparte el fetichismo de la comunicación empresarial que apelaba a las marcas y relaciones públicas para resolver la crisis estructural de acumulación del capitalismo. Lo sorprendente es que muchos intelectuales de izquierda compartan tal visión pancomunicacionista negando una idea elemental para todo proyecto emancipatorio: no otra cosa es el dominio del principio de universal equivalencia que la del puro significante y la lógica del intercambio.  Por eso decimos que PODEMOS comparte un mal entendido concepto de la relación entre la teoría y la realidad, entre estrategia comunicacional y práctica política.

Mirando Hacia el Futuro

Es momento de parar a pensar, al tiempo que movilizar, los corazones y las cabezas. No otra cosa es la teoría crítica que ilustrar las pruebas, conectar y modificar perspectivas, avizorar nuevos horizontes cognitivos, capturar en lo esencial el complejo prodigio de la vida en común. Y ello exige que recordemos que toda relación, todo sistema relacional es por definición contradictorio. Las relaciones no solo son imaginarias, ideales, son también producto de la experiencia mediatizada por intereses, por poder, situación y desigual posición de observancia. Como enseñara Gramsci, no es posible pensar fuera, no es posible el mito de la exterioridad.

El estudio de las dinámicas históricas a largo plazo permite analizar los problemas contemporáneos con criterio y de forma integral. Como advertía Mandel, no debemos desconectar la historia por arriba y las estructuras de dominación de la historia por abajo. Cabe comenzar por la imagen gramsciana de articulación del doble poder: sistematizar y desarrollar el marxismo como teoría científica, como práctica sociovital, como conciencia subjetiva y objetiva y como ‘inconsciente ideológico pulsional’. Si se articula no en el sentido común de Laclau, sino como mediación liberadora de procesos de emergencia de una otra forma de práctica teórica, ello significa superar:

  1. La tradición tecnicista del marxismo que ha privilegiado el factor económico y el desarrollo de las fuerzas productivas como eje para la transformación colectiva.
  2. La lectura superestructural que relega y olvida las condicionantes económicas y las relaciones de producción como ha sucedido en Norteamérica e Inglaterra con los estudios culturales.

La vuelta a la historia para politizarla en su interpelación a la figura del intelectual y el compromiso histórico, más allá de la sociología de la deconstrucción retórica, el giro lingüístico y semiocentrista de la hipersimbolización micro del neopragmatismo, implica en esta dirección tratar de trascender la ausencia de teoría fundamentada a partir de la crítica del inconsciente capitalista que hoy domina el pensamiento por la falsa dicotomía individualismo/colectivismo, comenzando por pensar desde el principio básico la idea motriz en Marx, que no es otra cosa que el hecho social del pensamiento como escritura de y desde la explotación. Solo a partir de la radical materialidad de esta lógica, es posible comprender el inconsciente ideológico, el miedo a tener miedo, un sentimiento común de todo sujeto que ha de responderse ‘qué hacer’ en tiempos de cambio de época.

En los pueblos y ciudades de España no esperan una respuesta comunicacional, sino alternativas transformadoras. Los productos mediatizados tienen un rápido desgaste. El problema es que pueden no dejar en territorio esperanza alguna. Ya no sirven los significantes flotantes sino la vuelta a lo real concreto, con todo su espesor y complejidades. Quizás tras el quiebre o leve pestañear mediático algunos redescubran este principio esencial. Eso al menos esperamos, por el bien de todos, por el bien común.

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