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Haití despertó: manifestaciones paralizan todo el país

Como Chile y Ecuador, Haití despertó, y ahora poco se podrá contener del levantamiento popular que busca obligar que Moïse rinda cuentas por sus acciones durante su presidencia. English Português

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30 October 2019
Manifestante en Port-au-Prince pide la renuncia del presidente Jovenal, 2019. PA Images: Todos los derechos reservados.

Durante el último mes, manifestaciones en Chile y Ecuador han dominado las noticias en la región. Sin embargo, otro país ya llevaba más de seis meses en las calles cuando la primera protesta estalló en Quito hace unas semanas: Haití.

Desde febrero de este año, protestas contra el presidente actual Jovenel Moïse, y su primer ministro, Jean-Henry Céant, volvieron a explotar tras casi un año de manifestaciones intermitentes, y desde entonces, cientos de miles de personas han tomado las calles de las ciudades del país para exigir su renuncia.

Los manifestantes están hartos de las medidas de austeridad que iban acompañadas de aumentos de precio de los productos básicos. También exigen saber qué se hizo con miles de millones de dólares que el país recibió de Venezuela, que desaparecieron sin rastro.

“El modelo neoliberal, explotador, que están imponiendo en Haití ha fracasado muchas veces antes” según el periodista Antony Loewenstein, y el resultado de esto es que muchos haitianos viven en un estado de desesperación diaria. Esto, combinado con mala gestión de una serie de gobiernos extremadamente corruptos que desvían fondos públicos y humanitarios, y el colonialismo histórico, ha llevado al país a ser el más pobre del hemisferio occidental.

Según el Banco Mundial, en 2018, Haití tenía un Producto Interno Bruto per cápita de solo $870 USD. Hasta el día de hoy, en un país de 10 millones de habitantes, 6 millones viven por debajo de la línea de pobreza extrema, es decir, el 60% de la población.

Pero, como Chile y Ecuador, Haití despertó, y ahora poco se podrá contener del levantamiento popular que busca obligar que Moïse rinda cuentas por sus acciones durante su presidencia. Por eso te contamos todo lo que tienes que saber sobre la situación actual en Haití, y cómo es el resultado de siglos de explotación colonial y corrupción.

Un pasado y presente colonial

No es casualidad que Haití sea uno de los países más pobres del mundo. Su pobreza tiene mucho que ver con su pasado y presente colonial.

La isla de Hispaniola, colonizada en 1492 por los españoles y luego repartida entre los franceses y los españoles, está ahora dividida entre Haití y la República Dominicana. Haití, al ser colonizado por los franceses, recibió la segunda mayor cantidad de esclavos provenientes de África de todas las Américas, solo tras Brasil, y en el siglo XIX, los esclavos ya representaban el 90% de la población del país.

La familia Clinton se convirtió en los impulsores principales del neoliberalismo en la isla, incluso en su hora más necesitada, tras un terremoto de magnitud 7.0 en 2010 que desplazó a 1.6 millones de personas y mató a más de 316.000

Después de independizarse de Francia y liberar a los esclavos en 1804, EEUU, que era una nación de propietarios de esclavos todavía, boicoteó todo comercio con la isla de Haití con el miedo de que la revolución se expandiría.

Francia, que también se enfureció con la liberación de su población enorme de esclavos y la independencia de su colonia, obligó a Haití a pagar una reparación financiera de 150 millones de francos, 10 veces más que los ingresos del país. Un castigo por ser negros, como ahora se entiende. Esta deuda incapacitó al país durante los próximos siglos, ayudando a llevarlo a un estado de pobreza extrema.

En el siglo XX, la participación estadounidense en la isla empezó a aumentar, provocando dos golpes de Estado y generando aún más deuda extranjera y dependencia. La participación empezó con millones de dólares en ayuda humanitaria en los años 60, que fueron saqueados por líderes autocráticos, y luego tomó forma de ayuda con condiciones de implementar políticas neoliberales. En los años 70, EEUU obligó a Haití a bajar los aranceles en productos de agricultura importados, causando un quiebre total de la industria de la agricultura local a favor del mercado estadounidense, para poder recibir asistencia humanitaria.

Luego, la familia Clinton se convirtió en los impulsores principales del neoliberalismo en la isla, incluso en su hora más necesitada, tras un terremoto de magnitud 7.0 en 2010 que desplazó a 1.6 millones de personas y mató a más de 316.000. Los Clinton apoyaron la construcción del centro empresarial Caracol en 2011, pero el centro principalmente benefició a empresas estadounidenses y desplazó más de 300 familias locales. Después, la Fundación Clinton aseguró el contrato para construir el Marriott en Port-au-Prince, mientras sus planes para reconstruir viviendas y el puerto, se cayeron totalmente.

Protestas actuales y represión policial

El colonialismo y una serie de gobiernos extremadamente corruptos son el cóctel molotov que explotó en manifestaciones, paralizando al país en todas las ciudades principales. Es tanto una revuelta contra el imperialismo de las políticas económicas de EEUU, que siguen imponiendo en el país, como una contra Moïse y Céant, que han sido implicados en varios escándalos de corrupción.

La mayoría de las viviendas que se cayeron durante el terremoto de 2010, se construyeron sin regulaciones y de acuerdo con principios del neoliberalismo durante esta época, causando cientos de miles de muertos y agravando el sufrimiento

Aristide, que fue el primer presidente elegido democráticamente en Haití y que gobernó hasta 2004, fue secuestrado y forzado al exilio por opositores de la élite haitiana y con apoyo de EEUU en el mismo año por intentar a llevar a cabo un programa de asistencia social en el país para aliviar la pobreza extrema que se vivía allí.

Desde que se exilió Aristide la última vez, solo han gobernado presidentes que han fortalecido la agenda neoliberal en Haití. De hecho, la mayoría de las viviendas que se cayeron durante el terremoto de 2010, se construyeron sin regulaciones y de acuerdo con principios del neoliberalismo durante esta época, causando cientos de miles de muertos y agravando el sufrimiento.

Es por estos motivos que los haitianos están hartos de sus gobiernos que no tienen la fuerza política de resistir contra los intereses imperialistas y las tentaciones de la corrupción. La policía y el ejército de Haití, respaldados por las tropas de la ONU enviadas a Haití para “garantizar la paz”, han respondido con represión y brutalidad, causando 26 muertes y 77 heridos, desde febrero de este año. Esta brutalidad policial sigue un patrón que hemos visto en Chile también, donde el gobierno mandó el ejército a las calles para calmar protestas recientes, resultando en más de 19 muertes.

Parece que las Américas están despertando y empezando a ver al neoliberalismo por lo que es: un sistema que solo ha traído sufrimiento para la mayoría y inmensa riqueza para una élite latinoamericana que siempre ha contado con el apoyo de EEUU para seguir implementando su reino de terror. ¿Ahora hay esperanza de cambio por fin en Haití?

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