"Les di a mis niños un vasito de arroz. No teníamos nada más. Y me fui", dice Emily, sentada en la hierba cerca de un río y de la carretera que lleva a la ciudad colombiana de Pamplona. Al igual que otros casi seis millones de venezolanos, abandonó su hogar para ir al país vecino.
Emily cruzó la frontera con Colombia y caminó dos días cuesta arriba para llegar a Pamplona, un viaje hecho por la desesperación. Como peluquera en Maracay, en el noroeste de Venezuela, Emily no ganaba lo suficiente para comprar comida para sus tres hijas. "Dejar a mis hijas fue doloroso, muy doloroso. Pero mirarlas tener hambre fue peor", dice. "Salir de mi país no fue una elección sino una necesidad", añade.
Venezuela, un país con las mayores reservas de petróleo del mundo que en su día fue el más rico de Sudamérica, se enfrenta ahora a una aguda crisis económica y humanitaria que lleva años acumulándose. La riqueza petrolera de Venezuela fue utilizada por el gobierno de Hugo Chávez, elegido presidente en 1998 con una plataforma socialista, para financiar programas radicales de reducción de la pobreza. Las "misiones bolivarianas", como se denominaron, fueron costosas y aunque ampliaron los servicios sociales y redujeron la pobreza en un 20%, Chávez también adoptó políticas que precipitaron un descenso constante de la producción de petróleo de Venezuela.