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La diplomacia científica puede salvar la Amazonia

Los científicos brasileños, que han colaborado y liderado esfuerzos internacionales para el diseño de soluciones y mecanismos adaptativos ante cambios locales y globales, y en particular en el Amazonas, están siendo atacados. English Português

Gustavo Macedo Andrea Garcia
12 September 2019
Una gran parte de la Amazonía ha sido destruida y convertida en tierras de cultivo.
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Ton Koene/DPA/PA Images. All rights reserved.

Septiembre comenzó con un ataque al mundo de la Ciencia. El gobierno brasileño anunció recortes adicionales a las becas federales para investigación. En lo que va de 2019, 17.424 becas fueron recortadas, lo cual afectó a todos los niveles del sistema educativo nacional. Brasil había atravesado dificultades presupuestarias en gobiernos anteriores pero, sin embargo, nunca habìan sido utilizadas como parte de una estrategia de desprestigio a los cientìficos y sus instituciones.

En 2019 también hemos aprendido que la Ciencia entró en la lista de especies en peligro de extinción a nivel mundial. No es casualidad que la Amazonia está incendiándose mientras que los científicos brasileños son despedidos y el financiamiento es recortado.

El reciente despido de Ricardo Galvao, investigador galardonado internacionalmente, de su cargo como Director del Instituto Nacional para la Investigación Espacial (INPE) es otro ejemplo del sombrío momento que atraviesan los cientìficos brasileños. Galvao fue desafectado luego de que el INPE publicara un informe sobre el alarmante incremento de la deforestación en la Amazonia.

Impedir que los científicos se gradùen y silenciar a aquellos que hacen su trabajo es una amenaza al conocimiento cultivado por décadas en instituciones nacionales y conlleva consecuencias globales devastadoras.

La protección de la Amazonia tiene que ver con nuestra propia existencia en este planeta. Es más, la responsabilidad de proteger uno de los recursos naturales más valiosos de la Tierra está en manos de un único país.

La Amazonia se extiende por nueve países de Sudamèrica, pero el 60% está ubicado dentro del territorio brasileño: ese es un motivo central por el cual cualquier gobierno preocupado por el futuro de su ciudadanía debería trabajar a la par de las autoridades brasileñas. Las denuncias oficiales de intervención internacional en asuntos domésticos y soberanos de Brasil no parecen ser la mejor estrategia para salvar a nuestro planeta.

Si la Amazonia fuera tan importante para el mundo tal como lo reconocieron los líderes del G7, entonces políticos y ciudadanos de países desarrollados deberían condenar estos ataques y apoyar a la comunidad científica brasileña.

Los científicos son más que técnicos. La mayoría de ellos no son conscientes del poder que tienen ni de cómo la diplomacia científica puede ser útil para formar el mundo en circunstancias decisivas como ésta. Los científicos son agentes políticos que pueden liderar la humanidad hacia la paz y el desarrollo, o a su devastación.

Cada país tiene parte de responsabilidad en la protección de la Amazonia, pero debe realizarse en términos de cooperación y en un marco de respeto a las soberanías nacionales.

La diplomacia científica es posible porque las comunidades científicas están relacionadas en la búsqueda compartida de conocimiento. Si bien no es inmune a las pasiones humanas, en general los científicos son ciudadanos altamente calificados, con conocimiento de lenguas extranjeras, acostumbrados a viajar, con preocupación política y que ocupan posiciones de liderazgo en los sectores público y privado.

Ellos pueden movilizar recursos, formar redes transnacionales y alertar a la opinión pública sobre asuntos urgentes, por ejemplo cómo diseñar paisajes sustentables priorizando el desarrollo y los beneficios provenientes del ecosistema.

Cada país tiene parte de responsabilidad en la protección de la Amazonia, pero debe realizarse en términos de cooperación y en un marco de respeto a las soberanías nacionales.

Esto no es novedad. Los mecanismos internacionales para el financiamiento de investigaciones científicas que conducirán a un mejor entendimiento de la Amazonia, sus recursos, su conservación y su uso sostenible fueron definidos en el Acuerdo de París en 2015, en el marco de la Convención del Cambio Climático de las Naciones Unidas (UNFCCC).

De todos modos, los científicos brasileños han colaborado y liderado esfuerzos internacionales para el diseño de soluciones y mecanismos adaptativos ante cambios locales y globales.

Un ejemplo clásico es el Large-Scale Biosphere-Atmosphere Experiment in Amazonia (LBA) desarrollado en los 90’s para describir el rol de la Amazonia y su deforestación en el medioambiente global. El LBA fue financiado por la NASA, el Ministerio de Ciencia y Tecnología de Brasil y algunos países europeos-reunió doscientas ochenta instituciones a nivel mundial para la promoción de conocimiento en cómo las selvas actúan y su efecto en el clima a nivel global.

Otro ejemplo es el Fondo Amazonas: una iniciativa de 13 billones de dólares que invierte en proyectos de prevención, monitoreo y combate de la deforestación, y también en el desarrollo sostenible de la Amazonia. Es un mecanismo REDD+ diseñado por el gobierno brasileño en el que los países desarrollados brindan financiamiento de acuerdo a los resultados obtenidos en la prevención de la deforestación y promoción del desarrollo sostenible.

El Fondo apoyó diversas misiones de control de deforestación e incendios, impulsó actividades productivas sostenibles para 162.000 personas y mejoró la gestión de 190 áreas protegidas. También apoyó 465 publicaciones científicas y de divulgación, realizadas por 368 investigadores y técnicos de todo el mundo.

Estos son algunos de los numerosos ejemplos que demuestran cómo la ciencia puede, intencionalmente o no, generar sinergia. Los científicos locales deberían movilizar sus redes para descubrir oportunidades, intercambiar ideas e invitar a la discusión a sus gobiernos y a representantes del sector privado.

Este movimiento debe estar respaldado por un compromiso activo de agencias transnacionales de financiamiento, de redes científicas y de compañías de investigación y desarrollo interesadas en apoyar a los científicos del país-los guardianes del conocimiento local que, de otra manera, se perdería.

Presionar a nuestros gobiernos, crear becas de investigación, fondos cooperativos o, simplemente, invitar a científicos nacionales a compartir sus experiencias son sólo algunas de las iniciativas posibles para promover la diplomacia científica por la Amazonia.

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