"Me vine desde Trujillo porque necesitaba conseguir trabajo, pero también porque la vida allá se está haciendo muy difícil. Aunque la gente trabaje, no tiene gas, luz ni gasolina. Cocinar la comida se ha vuelto una tarea titánica, primero comprar lo que se pueda, lo que nos alcance y después tenemos que buscar leña o carbón para cocinarla. Esto no es cuento, es así".
La afirmación de Rebeca Torres, cajera de 24 años en una panadería en la avenida Rómulo Gallegos de Caracas, evidencia la nueva fase en la que ha entrado la migración en Venezuela: el desplazamiento interno. Luego de la salida de más de 4 millones de personas, según cifras de organismos internacionales, muchos de los que se han quedado en el país decidieron abandonar sus hogares en el interior del país para irse a las grandes ciudades, especialmente a Caracas.