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Las mujeres Ticuna del Amazonas colombiano: sol, luna, y madre tierra

“Esta majestuosa selva no es nuestra; esto pertenece a Colombia, somos servidores del mundo ”, afirma Delfino Parente, líder Ticuna. English

Ana María Ariza Buitrago
18 November 2019
Atardecer sobre un afluente del Amazonas.
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Imagen: Francesc Badia. All rights reserved

Este artículo fue finalista en el concurso de periodismo indígena dirigido por Survival International, democraciaAbierta y El Espectador

Navegando por el río Amazonas, plantas verdes flotantes conocidas como buchones decoran el camino, acompañadas por frondosos árboles de la familia de los manglares, mientras los húmedos renacos, arbustos típicos de la jungla tropical con raíces aéreas que descienden al suelo, abren el paso y dan la bienvenida a la cuenca virgen amazónica, entre la fuerte lluvia.

Vibrante, es el viaje a San Pedro de los Lagos, ubicado a dos horas en lancha de Leticia en Colombia en el centro del sistema lagunar de Yahuarcaca, donde reside una de las comunidades indígenas más antiguas, los Ticunas. El pueblo Ticuna durante la Colonia se desplazó hacia las orillas del Gran Río. Sus asentamientos están distribuidos alrededor del Parque Nacional Natural Amacayacu, en Puerto Nariño y en las cercanías de Leticia.

Recibieron el nombre Ticuna de sus vecinos el cual significa “ rostro negro” o “cuerpo negro”, en alusión a su costumbre de pintarse la piel con pintura negra para la protección y purificación en rituales. Estos habitantes de la Amazonía colombiana viven en la espesa y resonante selva impoluta, en San Pedro de los Lagos, Resguardo de San Antonio.

Fundada hace más de 80 años, compuesta por 15 familias, alrededor de 86 personas y 10 casas. Tanto los hombres como las mujeres participan en actividades tradicionales y económicas como la pesca, caza, agricultura y el comercio de artesanías. Este imponente bosque que favorece el desarrollo de una vegetación exuberante y tupida, clasificado como el más rico y biodiverso del planeta, basa su economía mayormente en la producción de la chagra.

La chagra, es la principal fuente de agricultura sostenible en cuyos espacios se producen cultivos transitorios o perennes con un periodo de producción que varía entre 0 y más de 10 años, administradas por grupos familiares. Estas actividades económicas que hacen parte de las comunidades Ticunas, les significan nuevas posibilidades de ingresos.

El lugar para la producción de la chagra se elige teniendo en cuenta criterios específicos tales como las características y el área del terreno a cultivar, su calidad y el acceso al agua para poder regar y drenar cuando sea necesario. En San Pedro se cultiva en las chagras, bananos conocidos como “bellacos” y fariña, una harina de yuca en polvo ancestralmente considerada alimento base tradicional que acompaña todas sus comidas.

Los Ticunas se benefician de los adelantos tecnológicos de la sociedad moderna pues forman parte de esta

Durante el día Aldemar es guía turístico de grupos que viajan a San Pedro y músico en las noches. Explora a diario la inmensidad del bosque. Los árboles lo guían por el húmedo y profundo camino en el cual se mueve libremente, al ritmo de los silbidos que emite la frondosidad amazónica, la lluvia y el sol brillante que se alternan sin parar durante el transcurso del día.

Al atravesar esta espesura colombiana, desplazándose entre cursos de agua que viajan desde la inmensidad de la naturaleza, rodeado de árboles de 35 metros de altura escoltando y guiando a los nativos en el camino, se escuchan los aullidos de la Pachamama. También se aprecian desde muy cerca, diversos tipos de aves, monos y ciertamente entre la majestuosidad de la selva, se percibe un escudo mágico protegido por un velo exótico que vigila cada rincón de este bosque inmaculado.

La Madre Tierra es la principal autoridad dentro de los Ticunas la cual los alimenta, nutre y protege de ahí que los indígenas mantienen con ella un tejido sólido de culturas y saberes desde siempre, ya que los colma con innumerables regalos por mantener sus antiguas tradiciones.

A la Pachamama le siguen las mujeres en el orden de liderazgo quienes están al frente del mando en la comunidad. Entre ellas se consienten, se empoderan y se ayudan especialmente por los días del mes en que la luna explota y las hechiza con su ensalmo, durante su Ciclo Lunar.

Las Mujeres de la Luna, Tawemakû arü Geegù, fortalecen sus vínculos con la naturaleza, sus cuerpos, la Luna y la Tierra. Durante esta semana del mes se aprecia la cercanía de las Ticunas con su entorno selvático celebran ritos, se cuentan historias y en ocasiones se visten con el traje tradicional, yanchama (corteza de árbol) decorados con tintes vegetales del achiote, remontados con plumas de colores o flecos de palma. A los yanchama los adornan con máscaras de madera, collares, coronas, cintillos con plumas y semillas.

"La medicina tradicional es la esencia de esta comunidad, la complementamos con la moderna y en general combinarlas es sustancial ya que para mantenernos sanos necesitamos de ambas", afirma María Parente, segunda al mando, siguiéndole a Matilde Parente, su madre.

Las Mujeres de la Luna, Tawemakû arü Geeg, resaltan la importancia del achiote, una poderosa fuente de vitamina A, antiinflamatorio y excelente remedio casero útil para múltiples tratamientos. María mantiene vivas las tradiciones ancestrales al recurrir a este, pintando los rostros de las mujeres para superar las molestias producidas durante su Ciclo Lunar.

El achiote es una planta de carcasa áspera y fuerte, con paredes blancas por dentro, rellenas de semillas rojas brillantes con una capacidad de colorante extraordinaria, un sabor picoso, ahumado y un poco dulce. Crece en la densidad de la Amazonía, ayudándolas a sobrellevar la pesadez, el dolor, el insomnio y la debilidad entre otros síntomas, producidos durante los días del mes en los que lo único que les brota a las Las Mujeres de la Luna, Tawemakû arü Geeg, es fragilidad.

La educación, la sabiduría y la experiencia que adquieren las diferentes comunidades indígenas al mantener contacto con la sociedad

Los Ticunas se beneficia de los adelantos tecnológicos de la sociedad moderna pues forman parte de esta con la influencia que le significa visitar permanentemente la capital del departamento, Leticia, ciudad de la que dependen para conservar un buen nivel de vida, salud, esparcimiento, comunicaciones, diversión, eventos culturales, entre otras actividades.

Ellos reciben esta influencia del mundo exterior sin olvidar sus costumbres, sus tradiciones ancestrales y a la vez sintiéndose más valiosos en medio del bosque. La juventud es la más compenetrada en relacionarse con el hombre blanco ya que utilizan móviles, redes sociales, estudian en universidades y hasta se someten a procesos quirúrgicos cuando la medicina tradicional no es suficiente para superar un trauma.

Alexis Rufino Parente, Mechiiku en Ticuna, tiene 26 años y siempre ha vivido entre la selva y la ciudad. “Desde pequeño comencé una educación en la jungla rodeado de abuelos, chamanes, parteras y un sin numero de personas de los diferentes grupos étnicos con los que compartimos el territorio. De ellos aprendí a protegerme y a sobrevivir en un mundo donde todo está conectado como una gran red de sabios”, asegura Alexis.

Rufino estudió Dirección y Administración de Empresas, es fotógrafo documental, investigador indígena de la Universidad Nacional con sede en la Amazonía. Se desempeña como Gerente General del proyecto “Semillas Ticuna Escuela de Selva” y es miembro del colectivo de producción multimedia y fotográfico, “Aborigen” , conformado por jóvenes indígenas de la Amazonía Colombiana.

“Actualmente abordo temas del cambio climático en especial desde una visión de los pueblos aborígenes resaltando la importancia de que nuestras comunidades mantengan el contacto con el mundo exterior, con las ciudades, con la academia, para así formarnos en otras áreas del conocimiento”, afirma Mechiiku.

Para Alexis la educación, la sabiduría y la experiencia que adquieren las diferentes comunidades indígenas al mantener contacto con la sociedad, es un complemento para salvaguardar su selva dando a conocer sus culturas, sus lenguas, sus buenas practicas ambientales y sus conexiones con la naturaleza.

Al mismo tiempo, las nuevas generaciones de Los Ticunas y Las Mujeres de la Luna, Tawemakû arü Geeg, atraviesan por el reto de mantener vivas sus tradiciones fortaleciéndose de sus relaciones con la sociedad circundante, logrando sobrevivir a la modernidad del mundo occidental al explorar su sustentabilidad ambiental y económica a través de sus practicas ancestrales.

Los Ticunas de la Amazonía colombiana y las nuevas generaciones, escogen seguir viviendo dentro del escudo Amazónico inquebrantable de la mágica selva, construyendo vida y memoria sin los afanes de la humanidad.

Las Mujeres de la Luna, Tawemakû arü Geeg, aplican las enseñanzas compartidas por maestras como María quien tiene a su cargo educarlas en temas relacionados con sus cuerpos, el Sol, la Luna y la Madre Tierra.

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