Manifestación "Veladoras por la libertad de prensa", Ciudad de México. Photo: ProtoplasmaKid. Creative Commons.
Esa mañana se levantó de la cama a las siete y media, se dio un baño y se vistió pulcramente como hacía de cotidiano, bajo el traje y se acomodó el chaleco. Estaba contento, había terminado un amplio reportaje sobre los capos de la droga en México y su conexión con las autoridades, a todos los niveles del país.
El asunto la noche anterior lo había comentado con el subsecretario de Gobernación, con quien al parecer llevaba una cierta amistad construida a partir de la información que de tarde en tarde dicha autoridad le pasaba y él publicaba en exclusiva. Esa autoridad era su confidente.