Imaginen que todos en el planeta tienen acceso a Internet transmitida desde los cielos; miles de millones de personas cuentan con acceso ultrarrápido a través de redes móviles de 6G. La red está en todas partes. Un billón de sensores conectados en automóviles, casas, fábricas, calles y carreteras vigilan todo, desde nuestros signos vitales hasta la contaminación del aire y las mercancías que se mueven a través de las cadenas de suministros. Cada punto de datos se registra, analiza, combina y utiliza para tomar decisiones automatizadas, casi instantáneas.
Bienvenidos a 2036, un mundo en el que la privacidad ha muerto; a menos que la protección de la privacidad se convierta en un principio central en el diseño y el uso de estas tecnologías. El mes pasado, Amnistía Internacional publicó una clasificación de 11 empresas con base en sus políticas y prácticas principales relacionadas con el cifrado y los derechos humanos. Clasificamos a las empresas detrás de las aplicaciones más populares de mensajería instantánea en el mundo y las calificamos según la manera en que reconocen los riesgos a la privacidad y la libertad de expresión, mitigan estos riesgos mediante el uso del cifrado y comunican estos riesgos a sus usuarios.
Un elemento central en nuestra clasificación es si las empresas utilizan el cifrado de extremo a extremo en sus aplicaciones. Este es un método que codifica la información enviada entre el remitente y el destinatario para que solamente ustedes y los amigos, familiares y compañeros de trabajo con los que se comunican puedan leerla. Con el cifrado de extremo a extremo, ni siquiera las empresas que manejan las aplicaciones pueden leer los mensajes.