El gran aumento en la cantidad de personas (refugiados y migrantes) que llegaron a Europa en 2015 atrajo gran atención a la crisis de refugiados que se ha estado desarrollando en el Medio Oriente durante los últimos cinco años. Pero hay una crisis humanitaria y de derechos humanos que ha afectado a los refugiados en todo el mundo durante décadas. Sin embargo, se trata de una crisis que no es ni inevitable ni irresoluble. De hecho, la razón por la que millones de refugiados siguen sufriendo años después de verse obligados a huir de sus países es la apatía, y a veces la hostilidad, de los gobiernos y los dirigentes políticos. En cambio, el apoyo a los refugiados entre la gente común de los países de todo el mundo es sorprendentemente alto.
Las muestras de apoyo a raíz del ahogamiento del niño sirio Alan Kurdi en septiembre de 2015, que presenciaron el ascenso del movimiento #RefugeesWelcome (Bienvenidos Refugiados), fueron contrarrestadas, a menudo con gran vigor, por la retórica anti inmigración. En varios países, los dirigentes políticos adoptaron actitudes abiertamente xenófobas y algunos gobiernos introdujeron políticas que muchos consideraron racistas.