Desde el aire, la región amazónica refleja dos mundos antagónicos que coexisten.
Desde uno de ellos, el denso bosque impide que la luz y la vista lo penetren. Los ríos adquieren contornos únicos, como si dejaran sus huellas dactilares en el bosque. Las comunidades ribereñas e indígenas casi se confunden con la vegetación.
Por otro lado, la agricultura mecanizada corta rectángulos que se pierden de vista. La minería desgarra la selva como cicatrices en la piel, a lo largo de kilómetros. El ganado salpica de blanco los pastos de colores pastel.