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¿Es España país para política de viejos?"

Mientras los hombres políticos ocupan los titulares de los periódicos, y los debates en la televisión y la radio, a nivel local y regional son las mujeres quienes plantan cara a la austeridad.  (De la serie Anti-Austerity and Media Activism series). English 

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María José Gámez Fuentes Laura Castillo Mateu
29 May 2016
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Flickr/BarcelonaEnComu. Some rights reserved

Los últimos años han propiciado cambios notables en el paisaje político en España. La reunión de grupos que dieron luz al movimiento anti-austeridad del 15M, que llevó a la creación del partido Podemos muy recientemente, seguida por la pérdida progresiva de popularidad del partido en el gobierno cristalizó, en Diciembre de 2015, en un nuevo parlamento donde los dos partidos tradicionalmente hegemónicos, el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) sufrieron severas pérdidas. 

El actual estado de cosas había sido anticipado por las elecciones locales y regionales de Mayo 2015, cuando el sistema bipartidista, que gobernó España durante casi cuarenta años, fue puesto patas arriba por las ganancias electorales que obtuvieron el citado Podemos y Ciudadanos, un movimiento político de centroderecha, moderno y diferente.

En Madrid, Manuela Carmena, candidata de la coalición Ahora Madrid  apoyada por Podemos, ganó la carrera a la alcaldía, y ahora gobierna la capital. En Barcelona, la candidata por Barcelona en comú, Ada Colau, fue elegida alcaldesa a pesar de –o quizás gracias a- sus humildes orígenes como activista anti-deshaucios. Algunos describieron su victoria en términos de lucha entre David y Goliat, tras haber conseguido que apoyaran su investidura el Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC) y partidos nacionalistas como Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y las Candidaturas de Unidad Popular (CUP). El la región valenciana, la candidata de la coalición de izquierda nacionalista Compromís, Mónica Oltra, consiguió la vicepresidencia del gobierno regional gracias a unas exitosas negociaciones con el PSOE y con Podemos.  

Estos acuerdos de gobierno se lograron tras asumir que había que rendir cuentas a los ciudadanos sobre los términos en que estos pactos se habían alcanzado, cosa que abrió la vía para repensar las relaciones de responsabilidad entre la política y los medios. Contrariamente a Mariano Rajoy, a quien se ha venido caricaturizando por relacionarse con los periodistas a través de una pantalla de plasma, y distanciándose incluso de Pablo iglesias, cuyo discurso ha sido percibido como de altos vuelos y enfocado a asuntos macro-estructurales, las explicaciones que llegan de los gobiernos de Manuela Carmena, Ada Colau y Mónica Oltra no sólo abordan los problemas del día a día, sino que utilizan un lenguaje directo, pegado al terreno. Su actuación política se ha centrado en llevar a cabo un esfuerzo para aliviar a las familias de sus sufrimientos cotidianos y, al mismo tiempo, explicar sus políticas con claridad.

Como pasa a menudo cuando se trata de mujeres y política, el sexismo ha hecho acto de presencia en los comentarios realizados sobre su imagen, su decoro y sus capacidades profesionales. Hay periodistas que han cuestionado los orígenes humildes de Ada Colau, y un miembro de la Academia Española sintió la necesidad de criticar sus políticas sugiriendo que sería mejor que se dedicase a la venta de pescado. La carrera de Mónica Oltra, una política en la oposición en el parlamento valenciano, ha sido menospreciada por la prensa, fijándose a menudo en su criterio de selección de camisetas. La ética de Manuela Carmena ha sido cuestionada por la prensa conservadora centrándose en unas vacaciones supuestamente lujosas y por no haber despedido a su portavoz, después de que ésta fuera procesada por haber marchado en contra del sexismo religioso en una capilla universitaria cuando era estudiante.

Sin embargo, a pesar de estas representaciones estereotipadas, Manuela Carmena, Ada Colau y Mónica Oltra han conseguido avanzar trabajando en sus respectivas plazas fuertes, centrándose en tomar medidas anti-austeridad con las que aliviar a sus poblaciones. Sus políticas se han articulado principalmente a través de dos cuestiones relativas al Estado del bienestar: la vivienda y las políticas de ayuda, tanto personal como medioambiental. La primera medida llevada a cabo por Manuela Carmena fue la creación de una oficina anti-deshaucios encargada de mediar con los bancos. Para combatir los altos niveles de contaminación en Madrid, Carmena ha implementado la prohibición de aparcar en el centro de la ciudad. En Barcelona, la administración de Ada Colau ha propuesto un modelo turístico alternativo, atendiendo a las quejas de las asambleas de los barrios. Sin embargo, la medida más comentada no tiene que ver con esto sino con la regulación de la prostitución femenina en las calles. Mónica Oltra se ha centrado en cuestiones de transparencia en las instituciones políticas y en la investigación sobre las actuaciones del gobierno precedente del País Valenciano. Prosiguiendo los esfuerzos que venía haciendo desde la oposición, en el actual gobierno valenciano ha resuelto todas las reclamaciones de beneficios de las familias con miembros dependientes. 

Estas tres políticas extraordinarias han intentado incluso ir más allá de sus marcos regionales y unirse a las iniciativas globales impulsadas por la campaña Refugees Welcome. Sus tres ciudades se han unido a la red de comunidades donde los vecinos pueden ofrecerse a acoger a refugiados en sus casas.

En este contexto, no sorprende que la prensa y los medios hayan construido la imagen de una tríada de mujeres y las haya etiquetado como Las Mujeres del Cambio. Los medios se han focalizado en las connotaciones maternales que estas mujeres y sus políticas pudieran encarnar, y han sido presentadas como entregadas a las caricias, los abrazos y los besos. En un giro post-moderno, incluso han sido presentadas como superheroínas.

Sin embargo, y a pesar de sus éxitos una vez que alcanzaron el poder, los esfuerzos de Manuela Carmena, Ada Colau y Mónica Oltra no han podido acelerar las negociaciones para la formación de un gobierno a nivel nacional. Los líderes masculinos del PSOE (Pedro Sánchez), Podemos (Pablo Iglesias) y Ciudadanos (Albert Rivera) no han sido capaces de hacer concesiones para llegar a formar un gobierno de coalición á la Borgen. Los esperanzadores vientos de cambio, que las encuestas a nivel nacional parecían prometer, han acabado con la convocatoria de nuevas elecciones en Junio. Incluso Manuela Carmena, proyectando inadvertidamente las condiciones maternales que le son atribuidas por algunos en la prensa, criticó a los candidatos masculinos del PSOE y de Podemos al decir que se estaban comportando “como niños”, cuando lo que deberían estar haciendo es pactar un gobierno de coalición a nivel nacional.   

A pesar del bloqueo político que vive España, la aparición de estas tres líderes en el escenario de la política institucional española, con su manera de hacer política alejada de criterios puramente económicos sobre la austeridad, representa una nueva manera de hacer política desde la administración. Esta manera se basa en una ética de la relacionalidad, que se fija en cómo hacer que la vida valga la pena vivirla, y cómo sostenerla colectivamente. Como si siguieran la obra de Judith Butler y Athena Athanasiou, han introducido la “ética como una manera de abrirse a nuevos modos de sociabilidad política”. Esto, al mismo tiempo, puede leerse, en la perspectiva de la historia contemporánea española, como el resultado de una larga tradición de lucha de mujeres y feministas, una tradición cuya recuperación no ha sido priorizada por los marcos institucionales.

Estas tres políticas proyectan una imagen de diálogo y responsabilidad distinta de la de sus contrapartes masculinas -Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera quienes, debido en parte a sus egos y a sus principios aparentemente inquebrantables, han sido incapaces de encontrar un terreno común y de llegar a acuerdos. El mensaje transmite el trabajo hecho por Manuela Carmena, Ada Colau y Mónica Oltra es que las políticas contra la austeridad son posibles. Mientras los políticos ocupan los titulares de los diarios y los debates de la televisión y la radio, en los niveles local y regional están pasando cosas, y las mujeres por el cambio se están enfrentando, cara a cara, a la austeridad.

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