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“El Estado nos debe el retorno” Gabriel Moreno, líder palafito colombiano

Gabriel Moreno es un líder palafito que sobrevivió una de las peores masacres de Colombia y que lucha por mantener las costumbres y derechos de su pueblo que vive encima del agua.

Juanita Rico
19 diciembre 2020, 12.00am
Imagen de Gabriel Moreno y atrás el pueblo palafito de Nueva Venecia.
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Archivo personal.

Los pueblos palafitos son pueblos sobre el agua. Sus casas se apoyan sobre estacas de madera que a su vez se apoyan sobre una plataforma que sostiene la vivienda y la cubierta. En Colombia hay tres pueblos palafitos: Nueva Venecia, Buenavista y Trojas de Cataca, todos en la Ciénaga Grande, ubicada entre Santa Marta y Barranquilla en la Costa Caribe colombiana.

En uno de estos lugares mitológicos nació Gabriel Moreno, líder palafito que vive para defender los derechos de su territorio y su comunidad.

Habla Gabriel:

Nosotros hemos sido vulnerables por muchos años. Prueba de eso es que hoy, cuando más lo necesitamos, no hay un puesto de salud, no hay un bachillerato completo, es decir, nadie se gradúa en Nueva Venecia a pesar de que durante 8 años hablamos con la Unidad de Víctimas y la Alcaldía para hacer un proyecto de bachillerato para Nueva Venecia y Buenavista.

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Imagen de casas en Nueva Venecia. | Archivo personal.

Yo nací aquí el 12 de octubre de 1969. Tengo 51 años y siempre he vivido acá. Estudié lo básico y me fui a Barranquilla a hacer el bachillerato. Luego volví a dedicarme a lo que hacemos acá: pescar. En ese momento sucedió la masacre.

Termina de hablar Gabriel.

Masacre en el agua

Una madrugada hace 20 años, el 22 de noviembre de 2000, 70 lanchas salieron hacia Nueva Venecia. En el camino asesinaron a 15 pescadores que estaban navegando en la Ciénaga Grande. Al llegar al pueblo palafito los paramilitares saquearon todo, reunieron a los habitantes en la iglesia y, con lista en mano, seleccionaron a 15 pescadores que luego fusilaron. Con su sangre escribieron "Ahí les dejo los aguinaldos, que tengan una feliz Navidad".

Cuando dejaron Nueva Venecia llegaron a Buenavista, el pueblo palafito vecino, y asesinaron a una decena de personas más. En total mataron a 39 personas, según las cifras oficiales; los habitantes dicen que fueron más de 50 y que los no oficiales los lanzaron a las aguas de la Ciénaga. A pesar de que en repetidas ocasiones los habitantes de Nueva Venecia han dicho que se comunicaron con familiares para que avisaran a la fuerza pública sobre lo que estaba pasando, el Ejército llegó hasta el día siguiente en horas de la tarde. Fue así como pasó a engrosar la lista de masacres que podrían haberse evitado o detenido en Colombia. La razón de la masacre fue una disputa territorial entre las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, el Frente 19 de las Farc y dos columnas del ELN, por el departamento de Magdalena

Habla Gabriel:

Después de la masacre, me fui a Venezuela año y medio. Volví en 2002 a Nueva Venecia. En la masacre mataron a uno de mis hermanos; luego, en 2006, el 28 de julio, mataron a otro hermano mío porque no quiso pagar las extorsiones que cobraban los paras. Yo igual me quedé acá porque cuando me desplacé pasé por muchas necesidades y no tenía cómo trabajar.

Nosotros somos pescadores. Yo, por ejemplo, soy el encargado de recoger el agua para el corregimiento porque no tenemos acueducto. El pueblo que se había desplazado retornó en 2001, un año después de la masacre. Hoy ya volvió el 95% del pueblo, pero nadie nos ayudó. A diferencia de otros “retornos”, después de masacre el Estado nunca hizo presencia acá ni brindó apoyo ni ninguna medida de seguridad. Por eso, decimos que nos deben el retorno.

Aparte de eso nos deben todo: no tenemos médico, ni educación. No hay profesores ni infraestructura. Nuestro pueblo vive sobre el agua. La verdad es que el Estado nos ha negado todo.

Nos deben todo: no tenemos médico, ni educación. No hay profesores ni infraestructura.

Nos deben todo: no tenemos médico, ni educación. No hay profesores ni infraestructura.

Nosotros hemos sido resilientes y supimos sobrevivir, pero las cosas son tan graves que en 2013 el Departamento para la Prosperidad Social nos regaló una lancha para que la usáramos como ambulancia. Es ideal porque tienen un motor de 200 caballos de fuerza mientras que la mayoría de nuestras lanchas tiene 20 o 15, y eso hace que, si hay una urgencia, nos demoremos más de tres horas llegando a los lugares. La lancha está ahí, pudriéndose en el muelle, porque ni la alcaldía ni la Secretaría de Salud nos han dado para el combustible y para contratar a un operador que la maneje. Esa es nuestra realidad.

Líder por amor

Comencé a ser líder comunitario desde que volví. Me hice parte de la Junta de Acción Comunal y nunca paré. Ahora represento a la comunidad en todos los procesos para restituir nuestros derechos. A mí acá me tienen pendiente, como decimos cuando hablamos de que me escuchan, porque quiero el bienestar para mi pueblo. Cuando sucedió la masacre y volví lo hice por la misma razón: lo único que yo y todos acá queremos es vivir bien, a salvo, con acceso a los derechos que nos merecemos, en nuestro territorio.

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Imagen de entrada a Nueva Venecia. | Archivo personal.

Otro tema que es grave es el de las vías de agua. Hace mucho no están fluyendo igual porque la Corporación, Corpomagdalena, no hace los mantenimientos necesarios. A nosotros la verdad a veces ya nos da cosa reclamar, hasta hemos pasado derechos de petición, pero nunca se logra nada. A veces también yo me quedo quieto porque nos amenazan o nos matan y luego dicen que somos guerrilleros, ¡nosotros!, que no somos más que pescadores.

El gobierno nos dice que no hay presupuesto para nuestras necesidades, pero ¿cómo no puede haber presupuesto para darnos al menos un médico? Aquí viene uno, una vez a la semana desde Sitio Nuevo, pero la prioridad son las mujeres embarazadas entonces muchas personas enfermas nunca tienen acceso a salud. A veces leo que las cosas mejoraron desde que se firmó el Acuerdo de Paz, pero acá no. Nadie nunca ha venido a hablarnos de eso o a explicarnos cómo funciona.

Pandemia en medio del olvido

Gracias a dios la pandemia no nos ha afectado en salud, pero económicamente sí, porque no podemos ir a vender pescado a Barranquilla. Ha habido enfermedades por ahí leves, pero lo grave es lo del sustento. Lastimosamente, ningún subsidio del Gobierno ha llegado acá.

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Casa en Nueva Venecia. | Archivo personal.

Aquí hacen falta oportunidades. Tanto así que muchas niñas adolescentes de acá sueñan es con casarse para salir y tener algo. Otro problema es que muchas empresas quieren traer agencias de viajes para apoderarse de estas tierras. También hay organismos internacionales que vienen, pero nunca sabemos qué hacen. No vemos la inversión en materia social a pesar de que tenemos un potencial turístico y patrimonial enorme.

Carreteras sin comunidades

En este momento estamos sufriendo porque hay un desastre ambiental en la Ciénaga Grande enorme y los pescadores queremos ser indemnizados porque el Estado ha tenido la culpa de la destrucción de los ríos. Los siete ríos de la Ciénaga están contaminados porque los bananeros se roban el agua, los que cultivan palma la llenan de químicos, los mineros también y meten sus dragas, y las entidades de control no dicen nada. Muchas veces se nos muere el pescado y la sedimentación por los dragados es tan grande que la Ciénaga ya casi ni existe. En Cataca, otro pueblo palafito, la sedimentación llegó a tal nivel, que ya no usan lanchas, sino caballos y motos.

Lo que se nos viene ahora es grave: van a comenzar la doble calzada Ciénaga Grande-Barranquilla y la destrucción es tremenda. Genera mucha sedimentación extra y poco espacio para navegar. También van a destruir un montón de manglares, que son clave para nuestro ecosistema. Todo eso a pesar de que la Ciénaga fue declarada reserva de la biósfera. Lo más triste es que nadie nos ha consultado.

Pero no importa, nosotros vamos a seguir aquí. Esta es nuestra tierra. Nadie más vive así, encima del agua. Y nosotros no lo vamos a dejar de hacer.

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