Para que la corrupción se pueda desarrollar en un país sin mayores problemas desde las más altas esferas del Estado y la política, los órganos de investigación judicial del Estado deben quedar aprisionados por las mismas asociaciones delictivas que se lo roban.
Para que el país sea devorado por la corrupción, ésta tiene que devorar la justicia.
En Colombia este proceso se dio, a gran escala, en la Fiscalía General de la Nación, institución creada por la Constitución del 91. La Fiscalía fue adquiriendo un gran poder dentro del Estado colombiano. Bajo la excusa de ganar instrumentos contra el crimen, grandes agencias internacionales la asesoraron en la lucha contra el narcotráfico y le inyectaron cuantiosos recursos.