Desde las 6h00, Josefina Lema y otras veinte mujeres, preparan suculentos platillos en ollas de barro sobre el fogón tradicional. Pan de trigo con quinua, tzawar mishki, colada de zapallo, fanesca de machica, champús, dulce de mashua con tortilla, colada de amaranto. La comida se oferta a la comunidad de Mojandita de Avelino Dávila, organizada en una Feria.
La cita es en Hampirypacha, el Centro de medicina ancestral ubicada a casi dos horas de Quito, la capital ecuatoriana. Es el sueño concreto de las Guardianas en una casa. Son dos pisos dedicados a la atención de salud y espiritualidad con ventanales en forma de chakana, el icono del pensamiento andino que señala los puntos cardinales y la interconexión entre elementos de la naturaleza.
Desde que la pandemia por COVID-19 obligó al mundo a restringir los eventos públicos, esta es quizá la oportunidad más reciente que tienen las familias kichwas para encontrarse e intercambiar semillas, una de las prácticas vitales y ancestrales que sostienen su cultura. Hay música y alegría. Mesas rebosantes de alimentos. Hampiriypacha es el resultado de su organización como mujeres. Las mujeres celebran su esfuerzo junto a sus familias.