democraciaAbierta: Opinion

John Le Carré y openDemocracy

John Le Carré dijo: “Hay que apoyar a openDemocracy hasta el final. Inteligente, íntegra, de libre opinión, con verdades incómodas pero necesarias y con un montón de buenos argumentos de caballería: ¡el cielo sabe que hacen demasiada falta!”

Anthony Barnett
Anthony Barnett
17 December 2020
David Cornwell (John Le Carré) y Anthony Barnett (fiundador de openDemocracy) manifestándose contra la visita del presidente Bush a Londres, en noviembre de 2003
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Foto Judith Herrin

El David Cornwell que yo conocí, y que se hizo famoso como John le Carré, es un escritor del siglo XXI, un autor para nuestro tiempo y un experto indagador de sus males.

La mayoría de los elogios en sus obituarios enfatizan su papel en la Guerra Fría. Están llenos de un hedor de rancia melancolía por la auto-importancia del pasado. Despreciaba este tipo de sentimentalismo, personalmente no había nada de nostálgico en él.

Empezando con "El jardinero fiel", que publicó en 2001, escribió siete novelas sólo en este siglo. Su tema era la expoliación del poder corporativo, la corrupción de las finanzas, la inhumanidad del saqueo de África, la desvergüenza del capitalismo moderno, el abuso de la vigilancia y la vil invasión del tráfico de armas, mientras los políticos bailaban al son de los oligarcas. A menudo su obra contemporánea es descrita como "enojada", como si sus opiniones pudieran ser desestimadas como debilidades de la vejez. De hecho, eran un ejercicio de veredicto duro, siempre cuidadosamente calibrado.

Sus veredictos importaban gracias a su fama.

Se trataba de algo excepcional y no se debía únicamente a que fuera un bestseller. Se convirtió en un acontecimiento cuando se publicó "El espía que vino del frío". Personificaba la creencia correcta de que algo sospechoso estaba pasando, algo que no sabíamos, y que el poder de nuestro lado no era todo lo que parecía. Esto fue enfatizado por las películas y adaptaciones televisivas que se hicieron de sus novelas y de su infatigable productividad.

Era un escritor sutil, que relataba las ambigüedades de nuestro propio bando sin ceder nunca un milímetro de moral al estalinismo. Su capacidad como gran narrador de historias hizo que sus libros se convirtieran en literatura. Su visión general formó la percepción del mundo de la Guerra Fría.

Pero además, había algo de autocomplaciente y narcisista en su popularidad. Los americanos amaban la forma en que les permitía proyectar su propia mala fe en los británicos, mientras se sentían moralmente superiores al imperio en decadencia. Y lo hicieron genuinamente rico.

Pero no cedió ni un ápice al poderío de EE.UU. o a la agresión israelí.

Disfrutaba jugando con la ambigüedad, las debilidades y la corrupción del poder y el dinero, y el hueco en el corazón de aquellos que pretenden representarnos. Al mismo tiempo, se negó absolutamente a conspirar, o a formar parte de ello - de ahí su rechazo a recibir los honores británicos.

Porque su autopresentación como cronista del engaño era, en sí misma, una máscara. Vendía un compromiso firme y constante con la integridad fundamental.

La integridad es algo que siempre está en construcción, y es algo que debe ser protegido. Él esto lo entendía bien, y controlaba su influencia y reputación (algo que le hizo la vida difícil a su biógrafo Adam Sisman).

Una estratagema que le ayudó fue el uso que hizo de su nombre escritor: John le Carré. Su verdadero nombre era David Cornwell. En el siglo XX ,lo utilizó el para mantener diferenciadas su escritura pública y su vida privada. Pero en el siglo XXI, concediendo entrevistas y comprometiéndose en público, David Cornwell y John le Carré se convirtieron en dos caras de la misma persona.

Este John le Carré, este David-Cornwell-convertido-en-sí-mismo, ese escritor que "se estaba volviendo real", se sumó a los primeros pasos de openDemocracy, y apoyó el proyecto editorial en un momento crítico.

Eso se produjo porque en aquel tiempo estaba escribiendo "Amigos absolutos" cuyo héroe era un revolucionario en 1968. El mismo David se había cruzado con alguna manifestación en los años 60 y, quién sabe, yo podría haber estado en ella. Si nos hubiéramos conocido entonces, no nos habríamos llevado bien. Treinta años después, en 2002, quiso revisar su manuscrito con alguien fuera del mundo literario, y Timothy Garton-Ash le sugirió que se pusiera en contacto conmigo. Yo estaba feliz de ayudar, y congeniamos.

Cuando se publicó el libro me alegró mucho que, en la conclusión, cuando se reveló la historia de la CONSPIRACIÓN DE LOS DERECHISTAS AMERICANOS CONTRA LA DEMOCRACIA, la revelación se produjo en "un sitio web sin fines de lucro dedicado a la transparencia en la política". Y mucho más importante que esto: ya había diseccionado a Steve Bannon antes de que Steve Bannon se convirtiese en el Steve Bannon que ahora conocemos.

David vino a la oficina de openDemocracy, la real, no la literaria, para tener una reunión con el equipo y hablar de Irak mientras comíamos unos sándwiches. De ahí salió su artículo en The Times en enero de 2003, "Los Estados Unidos de América se han vuelto locos". Se vinculó al debate tuvo lugar entre los autores de openDemocracy sobre la inminente guerra de Irak, animado por su breve contribución (que reproducimos a continuación).

De hecho, la guerra fue un punto de inflexión histórico. La profundidad y claridad con que David vio su importancia histórica también le cambió a él mismo. Ya no había ambigüedad alguna en el ejercicio del poder por parte de Washington y Londres. Con extraordinaria lucidez describió el cambio en sí mismo a través de su héroe en "Amigos absolutos", Ted Mundy.

Entonces, ¿qué le había pasado que no le hubiera sucedido antes?

Había resistido a Thatcher y a la guerra de las Malvinas... Las mentiras e hipocresías de los políticos no eran nada nuevo para él. Nunca lo fueron, entonces… ¿por qué ahora?

Era el descubrimiento, ya entrado en la sesentena, de que medio siglo después de la muerte del Imperio Británico, un país desmoralizado, por el que él había hecho un poco aquí y allá, estaba ahora arrollando a sus nativos con el fervor de un montón de mentiras, y todo con el fin de complacer a una híper-potencia americana renegada, que piensa que puede tratar al resto del mundo como si fuera de el patio de su casa...

Así que Mundy cambió el paso... con una convicción que nunca había sentido, porque hasta entonces las convicciones eran esencialmente las que se tomaba prestadas de otras personas...

De lo que se trataba, después de demasiados años de fingir, era de volverse real, decide Mundy. Se trataba de frenar el autoengaño humano, empezando por el mío propio.

“Amigos absolutos”, págs. 255-7

Junto a él y su esposa Jane, marchamos contra la visita del Presidente George W. Bush a Londres, en noviembre de 2003. Con sus ojos afilados, David supo ver que un manifestante que llevaba unas grandes botas muy lustrosas era, en realidad, un policía.

En 2006, enfurecido por el ataque israelí contra el Líbano, y cuando sus opiniones ya eran no tan bien recibidas en la prensa convencional, publicó una condena demoledora en openDemocracy, y en apoyo de Saqi Books.

Cuando necesitábamos lanzar una campaña de financiación, nos dio su capital apoyo. ohn Le Carré dijo:

Tenemos que que apoyar a openDemocracy hasta el final. Inteligente, íntegra, de libre opinión, con verdades incómodas pero necesarias y con un montón de buenos argumentos de caballería: ¡el cielo sabe que hacen demasiada falta!

Disfruté del adjetivo "caballería", un término de alabanza magníficamente ambiguo, señalando con exactitud la publicación en openDemocracy de argumentos que, aunque sean muy vividos, ¡pueden que no sean con los que uno querría vivir!

En 2013, le ayudé un poco con su interpretación de la traición del Nuevo Laborismo en su libro "Una verdad delicada".

Pensaba que David era indestructible, y aún lo pienso. Era un hombre que encarnaba el futuro de lo que necesitamos tener.

El año pasado, en una entrevista en el programa de la CBS 60 minutos con Steve Kroft, para dar a conocer su más reciente novela anti-Brexit, "Un hombre decente”, le preguntaron al más europeo de los escritores que hayan cubierto el mundo, si se sentía inglés. Su respuesta fue perfectamente precisa al reformular la pregunta.

"¿Qué clase de inglés, ahora mismo? Sí, por supuesto, nací y me crié como inglés. Soy inglés hasta la médula. Mi Inglaterra sería la que reconociera su lugar en la Unión Europea. Esa Inglaterra patriotera que intenta sacarnos de la UE, es una Inglaterra que no quiero conocer".

Él es todo lo que su país podría haber sido, lo que debería ser, lo que, en manos de sus líderes despreciables, no es - la Inglaterra que puede llegar a ser, pero sólo en el momento en que las generaciones que la han traicionado, Laboristas y Conservadores, hayan abandonado la escena.


Contribuciones de John le Carré a openDemocracy

28 de agosto de 2006, Israel invade el Líbano

“Así que respóndeme a esto, por favor. Si matas a cien civiles inocentes y a un terrorista, ¿estás ganando o perdiendo la guerra contra el terrorismo? "Ah", puede responder, "pero ese terrorista podría matar a doscientas personas, o mil, o más!" Pero luego viene otra pregunta: si al matar a cien personas inocentes, está creando cinco nuevos terroristas en el futuro, y una base popular que clama por darles ayuda y consuelo, ¿ha logrado una ganancia neta para las futuras generaciones de sus compatriotas, o ha creado el enemigo que usted se merece?

El 12 de julio de 2006, el jefe de estado mayor israelí nos dio a conocer las sutilezas del pensamiento militar de su nación. Las operaciones militares que se planean para el Líbano, nos dijo, "retrocederán el reloj 20 años". Bueno, yo estuve allí hace veinte años, y no fue una imagen bonita. Desde entonces, el teniente general ha cumplido con su palabra. Estoy escribiendo esto justo veintiocho días después de que Hezbolá capturara a dos soldados israelíes, una práctica militar bastante común y no desconocida para los propios israelíes.

En ese tiempo, 932 libaneses han sido asesinados y más de 3.000 heridos. 913.000 se han convertido en refugiados. Los muertos de Israel son 94, con 867 heridos. En la primera semana de este conflicto, Hezbolá disparó unos noventa cohetes al día hacia Israel. La semana pasada, a pesar de los 8.700 bombardeos sin oposición de la fuerza aérea israelí, que resultaron en la paralización del aeropuerto internacional de Beirut y la destrucción de centrales eléctricas, depósitos de combustible, flotas pesqueras, 147 puentes y 72 carreteras, Hezbolá aumentó su promedio diario de cohetes a 169. Y esos dos prisioneros israelíes, que fueron la supuesta causa de todo el alboroto, aún no han regresado a casa.

Así que sí. Exactamente como se nos advirtió, Israel le ha hecho al Líbano lo que le hizo veinte años atrás: arrasar su infraestructura y aplicar un castigo colectivo a una democracia delicada, multicultural y resistente, que luchaba por reconciliar sus diferencias sectarias y vivir en una armonía provechosa con sus vecinos.

Hasta hace cuatro semanas, los Estados Unidos pregonaban al Líbano como modelo de lo que podrían llegar a ser otros países del Oriente Medio. Hezbolá, según la opinión generalizada y tal vez optimista de la comunidad internacional, estaba aflojando sus vínculos con Siria e Irán y estaba en camino de convertirse en una fuerza política más que puramente militar. Pero hoy, esta misma fuerza se celebra en toda Arabia, la reputación de la supremacía militar de Israel está hecha trizas y su venerada imagen potencia disuasoria ya no disuade. Y el pueblo del Líbano se ha convertido en la última víctima de una catástrofe mundial que es obra de ilusos fanáticos y quenno tiene fin a la vista.”

Este artículo fue escrito en apoyo de libro “Líbano, Líbano”, publicado por Saqi el 28 de septiembre de 2006; todos los ingresos se destinaron a organizaciones benéficas para niños, que trabajan en el Líbano

12 de enero de 2003, la hora de la verdad para la democracia americana

“Esta es la hora de la verdad para la democracia americana. Los derechos y las libertades, que han hecho de América la envidia del mundo, están siendo sistemáticamente erosionados. Un nuevo McCarthyismo ha salido al mundo exterior. Bush nos dice que los que no están con él están en contra de él. Yo no estoy con él.

La reacción exagerada de los americanos está más allá de todo lo que Osama bin Laden podría haber esperado, en sus sueños más terribles. Pero esta guerra fue planeada mucho antes de que Osama atacara, y es Osama quien la hizo posible. Sin él, la camarilla de Bush se habría visto atrapada en Enron, en escándalo electoral y en el fraude fiscal. Gracias a Osama, los americanos están siendo engañados diariamente por sus líderes, y por sus complacientes medios de comunicación corporativos.

Hay en el aire un mal olor a autojustificación religiosa que me recuerda al Imperio Británico en su peor momento. Me estremezco cuando escucho a mi Primer Ministro prestarse a los sofismas de su jefecillo en esta aventura, claramente interesado en asegurar nuestros suministros de petróleo.

"¿Pero ganaremos, papá?”

"Por supuesto que sí, niña, y rápido, mientras aún estás en la cama."

"Pero, ¿matarán a la gente, papá?"

"Habrá algunas bajas occidentales. Muy pocas. Vete a dormir.”

“Y después de eso, ¿todo será normal? ¿Nadie devolverá el golpe? ¿Los terroristas estarán todos muertos?”

“Espera a que seas mayor, querida. Buenas noches.”

“¿Es cierto que en la última vez en Irak Estados Unidos perdió el doble de muertos que en la guerra de Vietnam?

“Calla, niña. Eso se llama historia".

¿Dónde está la prisa por ir a la guerra? Irak es una dictadura vil, y Saddam Husein es un monstruo que se sienta en la segunda reserva de petróleo más grande del mundo. Pero hay mucho tiempo para considerar cómo desbancarlo antes de meternos en esta guerra depredadora y deshonesta. Dejen trabajar allí a los inspectores de la ONU. Convoquen a los países vecinos de Irak. Y consideren por un momento de dónde les vinieron las ganas de hacer esta guerra en primer lugar.

Los americanos aún pueden despertar a la vergüenza de lo que se está haciendo en su nombre.

Gran Bretaña ya está casi allá. Los franceses y los rusos han sido sobornados e intimidados hasta la sumisión. Sólo los buenos alemanes han logrado, hasta ahora, mantener calladas sus armas. Deseo profundamente que el resto de los europeos, en nombre de un Presidente más noble, nos declaremos ciudadanos de Berlín.

Publicado como la principal contribución a la iniciativa "Escritores, artistas y líderes cívicos sobre la guerra”

©John le Carré

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