democraciaAbierta: Opinion

La batalla de Berta Cáceres sigue viva

Aunque el lunes 5 de julio se conoció la noticia de que el gerente general de la empresa Desarrollos Energéticos S. A., siendo el octavo sentenciado por al asesinato de Berta Cáceres, su causa sigue viva.

democracia Abierta
8 julio 2021, 12.00am
Un grupo indígena con un cartel que dice "Berta volverá y será millones" en memoria de Berta Cáceres.
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En abril de 2016 Berta Cáceres fue asesinada en su casa, con tiros que le dispararon a quemarropa. La noticia de su asesinato resultó devastadora para los líderes ambientales del mundo y, especialmente, de Latinoamérica. Incluso el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernandez, a quien Berta le hizo una fuerte oposición, se pronuncio públicamente y afirmó que haría todo lo necesario para encontrar a los responsables del asesinato de Berta.

En las horas y días posteriores al asesinato, los medios hablaban de un robo a mano armada, incluso de un crimen pasional. Decían que a Berta la podía haber matado alguna expareja, pero cuando se supo de su muerte su familia y sus compañeros de lucha no dudaron un segundo en que había sido asesinada por su oposición a DESA, empresa que buscaba construir una hidroeléctrica en Río Blanco, un territorio indígena que Berta defendía.

Roberto David Castillo, gerente general Desarrollos Energéticos S.A. (DESA) , "ha tenido participación en la presente causa como coautor en el delito de asesinato en perjuicio de Berta Isabel Cáceres", dijo una juez al leer la sentencia en audiencia oral pública.

El tribunal convocó para el 3 de agosto de 2021 la audiencia en la que se decidirá cuántos años de cárcel pagará Castillo. Se espera que sean entre 10 y 15 años por el asesianto de Cáceres, coordinadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh).

Desde que era muy joven Berta comenzó a trabajar para mejorar las condiciones de vida de quienes vivían en su región, La Esperanza, al occidente de Honduras. Berta, además, pertenecía al pueblo Lenca, el pueblo indígena más antiguo de Honduras.

Buscaba, además, proteger el medio ambiente de la región a través de proyectos mineros, madereros y petroleros. Sus luchas la llevaron a denunciar durante años crímenes contra la comunidad Lenka. También denunciaba ataques contra su propia persona. Sin embargo, las alertas no fueron suficientes.

Esta es la historia de Berta, su liderazgo, su muerte y lo que ha significado para los defensores ambientales en el mundo.

La indígena ambientalista

Nació en 1971 en La Esperanza, cerca a la frontera con El Salvador. Era la menor de 12 hijos y desde muy joven fue activista. Comenzó a organizar movimientos estudiantiles que se oponían al servicio militar obligatorio, la falta de presupuesto para la educación pública y, sobre todo, defendía al pueblo Lenca, que toma su nombre de un famoso cacique indígena.

Mural en memoria de Berta Cáceres en Londres.
Mural en memoria de Berta Cáceres en Londres. | Mark Kerrison/Alamy Live News

A ella le preocupaba el machismo, el racismo, la segregación y el despojo de tierras de los Lenca por parte del gobierno y empresas privadas.

En 1993, a sus 22 años, Berta fundó el Copinh, Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras. Lo creó para organizar la lucha colectiva por los derechos políticos sociales y culturales de diversos pueblos indígenas, particularmente los de su pueblo Lenca.

El Copinh logró, con presión pacífica, que el gobierno construyera carreteras, escuelas, centros de salud y proyectos de agua potable en comunidades indígenas. Hicieron clausurar decenas de aserraderos que talaban la floresta en zonas protegidas y, en 1995, lograron que el Estado hondureño se comprometiera a cumplir el Acuerdo 169 de la OIT, cuyo objetivo es reconocer los derechos de las comunidades indígenas sobre sus tierras y recursos naturales y, además, obliga al gobierno a consultarles previamente sobre cualquier plan o proyecto que les afecte. Es su arma jurídica para evitar que les pasen por encima.

Berta terminó siendo la coordinadora general del Copinh y esto hizo que fuera un blanco fácil e inmediato para todos a los que se enfrentaba.

La lucha del Copinh era riesgosa, Berta no podía salir sola a la calle y sus hijos tampoco. El 28 de junio de 2009, el presidente Manuel Celaya fue destituido de su cargo a la fuerza. Eso desató una crisis política muy profunda en la que el Copinh se opuso al golpe de Estado.

Por causa del golpe de Estado y del clima político tenso, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) pidió protección para Berta y otros líderes del Copinh. El nuevo gobierno, sin embargo, fue avalado por Estados Unidos. En los meses siguientes le dio entrada a proyectos hidroeléctricos y mineros en zonas protegidas.

En 2010, el Congreso de la República aprobó los contratos para la construcción y operación de varios proyectos energéticos incluido el de la hidroeléctrica Agua Zarca a cargo de DESA.

Manifestantes con un cartel recordando a Berta.
Manifestantes con un cartel recordando a Berta. | REUTERS/Jorge Cabrera

La presa se construiría en el Río Blanco en Gualcarque, que cruza territorios indígenas sagrados y que quedaba a cuatro horas de donde vivía Berta. El río servía para la esca, el agua y los cultivos. Cuando llegó la noticia, los habitantes se manifestaron en contra del proyecto. Ellos reclamaban el derecho a la consulta del acuerdo 169 de la OIT antes citado. Nadie les dio respuesta. Unos meses después se supo que el Estado le había concedido una licencia de 20 años a DESA. Berta se puso al frente de la lucha contra el proyecto.

El gobierno anunció que proyectos como el de DESA eran de energías renovables, sin embargo, recientemente se ha comprobado que la construcción de represas puede acabar con los peces, causar inundaciones e incluso hacer que los ríos se sequen.

DESA insistía en que era un proyecto pequeño y bien manejado que además paliaría la pobreza de los habitantes aledaños. Sin embargo, nunca consultaron con la gente y además pidieron una nueva licencia para ampliar el proyecto.

Pronto se unió a DESA Sinohydro, una constructora china, experta en construcción e ingeniería. Poco después, se publicó un reporte de un instituto en Honduras que decía que la cantidad de agua necesaria para lograr mover las tres turbinas haría que el río se secara. Para los habitantes quedó claro que el proyecto no era pequeño y que las consecuencias ambientales no se habían tenido en cuenta. Les habían vendido una represa y estaban construyendo varias hidroeléctricas.

Las ampliaciones que pidió DESA se aprobaron en 2013 y ya tenían un préstamo de 24 millones de dólares para el proyecto. Esto redobló la resistencia de la comunidad.

El 1 de abril de 2013, los habitantes de Río Blanco pusieron en marcha una manifestación que duró meses, incluso pusieron una malla para detener la maquinaria. Berta estuvo durante toda la manifestación.

Los habitantes buscaron formas de comunicarse con la empresa, pero ésta nunca escuchó sus reclamos. Pidieron ayuda a la fuerza pública para retomar el control de la zona. Incluso pusieron retenes policiales entre Río Blanco y otras poblaciones. Los miembros del Copinh se volvieron objetivos claros para la empresa, especialmente Berta. Ella, sin embargo, seguía alentando a las comunidades y comenzó a recoger las amenazas que ella y otras personas recibían. Además, denunciaba públicamente la corrupción de DESA y de Sinohydro.

El 15 de julio de 2013 unas 300 personas se movilizaron. El ejército disparó contra los manifestantes y asesinó a un líder indigena. Ese mismo día Sinohydro paró sus actividades en Aguazarca y un mes después terminó su contrato con DESA. Desde ese momento el Copinh señalaba a Agua Zarca como responsable de la muerte del líder indígena. Una jueza tomó el caso y le prohibió a Berta visitar Río Blanco. Sin embargo, por falta de pruebas, el caso se cerró unos meses después.

En Abril de 2015 Berta Cáceres Ganó el Goldman Prize, conocido como el Nobel del medio ambiente. Se lo ganó por su oposición a DESA. Al final de su discurso de aceptación dijo: "dedico este premio a todas las rebeldías, a mi madre, al pueblo Lenca, a Río Blanco, al Copinh y a los mártires por la defensa de los bienes de la naturaleza". El premio sirvió para darle una plataforma y que estuviera más protegida. Sin embargo, las amenazas de DESA no cesaban.

El nombre de Berta y el del Copinh se conocieron en el mundo entero. Sin embargo, DESA planteó mover Agua Zarca al otro lado del río, a tierras que decían que no eran indígenas. También rediseñaron el proyecto. Ya no planeaban algo tan grande, pero el río seguía siendo afectado. Tres meses después del premio la construcción se reanudó al otro lado del río.

Berta no paraba; pasaba los días y las noches en entrevistas denunciando a DESA. En 2015, Berta se enteró de que la inteligencia del Estado hondureño la estaba investigando. En 2016, ella denunció públicamente que estaba siendo amenazada y perseguida por DESA.

Líderes ambientales en peligro

El 1 de marzo de 2016 comenzó un foro organizado por el Copinh en la esperanza. Se buscaba una propuesta energética como alternativa a las hidroeléctricas.

El 2 de marzo, cerca de las 11 de la noche, tres personas armadas entraron a la casa de Berta y la asesinaron. El mundo entero lamentó la pérdida de una de las activistas ambientales más importantes del último siglo. Berta se volvió el símbolo de todos los defensores ambientales perseguidos y asesinados de la región.

Global Witness es una organización que, desde 2010, elabora un índice sobre los países donde más líderes ambientales mueren y son perseguidos cada año. En 2020 hizo público que Colombia se llevó el primer lugar. En un informe titulado "Defendiendo el mañana", anunció que, solo en 2019, fueron asesinados 64 líderes ambientales.

Mujeres piden justicia por el asesinato de Berta.
Mujeres piden justicia por el asesinato de Berta. | Erik Mc Gregor / Pacific Press

En ese mismo informe hizo un llamado a los gobiernos latinoamericanos para que detengan la violencia contra los líderes, porque en la región están seis de los diez países más hostiles para defensores y comunidades que protegen el medio ambiente.

Los principales ataques que sufren son: ataques judiciales, ataques directos, amenazas y asesinatos.

Aunque la persecución a líderes sociales y ambientales ha sucedido desde los años setenta, sólo hace poco se visibilizó ante el gran público con muertes como la de Berta Cáceres en Honduras.

Desde el golpe de Estado en 2009 hasta el día de la muerte de Berta en 2016, más de 100 activistas habían sido asesinados en Honduras, todos crímenes que permanecen impunes. La familia de Berta pidió que se cancelara el proyecto Agua Zarca y que se desmilitarizara la zona.

Un año después del asesinato de Berta, en 2017, el proyecto hidroeléctrico fue paralizado. Sin embargo, el peligro de que se reactive sigue vivo. El Copinh, hoy liderado por Berta Zúñiga, la segunda hija de Berta Cáceres, sigue en su lucha contra DESA, por aclarar la muerte de Berta y para proteger al pueblo Lenca y a todos los pueblos indígenas de Honduras, y de todo el continente americano.

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