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La diversidad en los derechos humanos va más allá de las relaciones norte-sur

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Para diversificar el movimiento mundial de derechos humanos, se requiere más que una reestructuración norte-sur. Una contribución al debate de openGlobalRights sobre la “internacionalización de las organizaciones de derechos humanos”. EnglishFrançaisالعربية

Emily Martinez
2 February 2015

Los debates actuales sobre la internacionalización del movimiento de derechos humanos se han enfocado en descentralizar geográficamente las ONG internacionales con sede en el norte global y en ampliar el alcance geográfico de las organizaciones nacionales y regionales con sede en el sur global. La diversidad, sin embargo, requiere algo más que una visión geográfica o de norte-sur.

La geografía sigue siendo esencial, por supuesto. Las ubicaciones físicas en las que los activistas definen las agendas, toman las decisiones y movilizan los recursos importan. Las agrupaciones que trabajan directamente con quienes intentan reivindicar sus derechos dentro de sus propias comunidades suelen estar en una mejor posición para documentar las violaciones de derechos humanos e identificar los recursos de recuperación adecuados. Por lo tanto, garantizar que las agrupaciones locales tengan acceso a las redes, los mecanismos y los recursos dentro y fuera de sus fronteras debe ser una de las prioridades principales. Pero no toda la geografía se trata de la relación norte-sur; también debemos concentrarnos en construir vínculos más sólidos entre lo nacional y lo local, lo urbano y lo rural, y lo mundial y lo regional.

Sin embargo, la geografía no es lo único que importa. Hoy en día, el movimiento de derechos humanos se está diversificando de otras importantes maneras, a veces con impactos aún más profundos.

Estas formas nuevas de diversidad incluyen nuevos enfoques para abordar temas de derechos humanos, nuevos tipos de problemas de derechos humanos, nuevos colaboradores y socios, y nuevas alianzas con otros movimientos. Todas estas diversificaciones tienen un papel que desempeñar en la deconstrucción de los sistemas actuales en los que trabajamos, ya sean sociales, económicos, gubernamentales o de la sociedad civil, y su reconstrucción para que sean más relevantes, sensibles y eficaces.

La investigación, el activismo y los procesos contenciosos han sido estrategias de derechos humanos fundamentales durante largo tiempo. Debemos seguir desarrollando estas habilidades, pero las agrupaciones de derechos humanos están descubriendo nuevas herramientas, desde la supervisión de presupuestos y el peritaje contable, hasta los juegos, el activismo en video, la producción de fotografías y películas documentales, y las artes visuales y escénicas. La tecnología ha abierto un abanico de oportunidades y riesgos que están explorando los activistas para organizar, investigar y emprender campañas.

Consecuentemente, cada vez más, a los abogados e investigadores que forman parte del movimiento se les suman economistas, empresarios, tecnólogos, urbanistas y artistas, todos con diferentes perspectivas sobre los problemas de derechos humanos y sus soluciones. Esta mayor diversidad de actores está conduciendo a la interacción con una gama más amplia de instituciones, incluidos los organismos y tribunales multilaterales, como el Tribunal de Justicia Europeo en Luxemburgo o el Grupo de Inspección del Banco Mundial, y las instituciones financieras y corporaciones multinacionales, como la Corporación Financiera Internacional o Unilever.

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Demotix/Mario Tellez (All rights reserved)

All kinds of groups and constituencies now use rights-based strategies to advance their causes and address societal inequities.


Las agendas mundiales de derechos humanos también son cada vez más diversas. Conforme el movimiento se expande para incluir agrupaciones que trabajan con cuestiones de desigualdad económica, marginalización y discriminación, así como con los impactos humanos del desarrollo (por nombrar solamente a algunos de los protagonistas), el debate sobre lo que debe estar dentro y fuera de la agenda se vuelve más complejo.

Las voces más importantes, sin embargo, son las de las mismas personas que intentan que se respeten sus derechos. Hoy en día, todo tipo de agrupaciones y comunidades usan las estrategias con base en los derechos para promover sus causas y responder a las desigualdades sociales. Los grupos indígenas, las minorías étnicas, los grupos religiosos, las personas con discapacidades, la comunidad LGBTI, las mujeres, los niños, los migrantes y muchos otros están reivindicando sus derechos humanos. Todos ellos están presionando a la infraestructura de derechos humanos a los niveles local, nacional e internacional para que refleje sus realidades de una manera más plena. Están construyendo redes con los activistas de derechos en sus propias comunidades y buscando alianzas con otros que trabajan con temas similares en otros lugares.

La diversidad es la piedra angular con base en la cual podemos crear solidaridad a través de diferentes temas y geografías, enriquecer nuestras estrategias para defender las protecciones de derechos existentes. Esta diversidad está creando políticas y prácticas innovadoras. Las agrupaciones están desarrollando nuevos mecanismos para la promoción y la protección de los derechos, incluido el desarrollo de nuevos estándares, como la Convención de la ONU sobre los derechos de las personas con discapacidad. También están incorporando los derechos a los mecanismos existentes, como en el caso del activismo en torno a la revisión de las políticas de salvaguardas del Banco Mundial. Las agrupaciones también están utilizando nuevas estrategias, incluidas las iniciativas sobre donantes, para poner en contacto a los donantes y los activistas para que tomen juntos las decisiones sobre la asignación de recursos.

El debate sobre la distribución geográfica del poder dentro del movimiento mundial de derechos humanos sigue siendo urgente e importante. Pero también son importantes otras perspectivas, que nos permitan ver, y usar, nuestra diversidad para promover un mejor conocimiento de los derechos humanos y movilizar más apoyo a su favor. Los diferentes temas requieren respuestas distintas, y si aprovecha su diversidad, el movimiento puede responder con herramientas más eficaces y actores más relevantes, en más lugares alrededor del mundo.

El espacio para el activismo y el compromiso cívico se está cerrando en muchos países, desde Rusia y Egipto, hasta España y la India. También existe un ataque a nivel mundial, cada vez mayor, contra la infraestructura y las instituciones de derechos humanos. En respuesta, nuestro movimiento debe fortalecerse a partir de su diversidad. La diversidad es la piedra angular con base en la cual podemos crear solidaridad a través de diferentes temas y geografías, enriquecer nuestras estrategias para defender las protecciones de derechos existentes y presionar para obtener aún más.  

Hay quienes sostienen que el sistema de derechos humanos se está derrumbando y que es cada vez más irrelevante en el nuevo mundo multipolar. La creciente diversidad de las personas y los grupos que integran el movimiento de derechos humanos, sin embargo, es evidencia de lo contrario.

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