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La internacionalización del movimiento de derechos humanos: ¿crear un puente entre el norte y el sur?

Conforme Human Rights Watch coloca más personal de tiempo completo en el sur global, las agrupaciones locales de derechos humanos en estas regiones expresan sus inquietudes sobre la competencia entre donadores y las pretensiones de liderazgo del norte. ¿Podemos superar las viejas dicotomías y concentrarnos en los objetivos comunes para reunir a todas las partes de la red de derechos humanos? English العربية

Iain Levine
1 April 2014

En los últimos años, en Human Rights Watch (HRW) hemos seguido una estrategia de internacionalización que incluye la colocación de más personal de tiempo completo en los países y las regiones en los que trabajamos. La estrategia también concibe desarrollar la capacidad y presencia del activismo en Brasil y Sudáfrica en particular, ya que reconocemos la creciente aptitud de estos países para influir en los derechos humanos alrededor del mundo. Además, estamos buscando obtener una mayor cobertura de los medios en el sur global.

En los últimos años, en Human Rights Watch (HRW) hemos seguido una estrategia de internacionalización que incluye la colocación de más personal de tiempo completo en los países y las regiones en los que trabajamos. La estrategia también concibe desarrollar la capacidad y presencia del activismo en Brasil y Sudáfrica en particular, ya que reconocemos la creciente aptitud de estos países para influir en los derechos humanos alrededor del mundo. Además, estamos buscando obtener una mayor cobertura de los medios en el sur global. Nuestros colegas en Amnistía Internacional están siguiendo un enfoque similar.

Es inevitable que, aunque muchos la reciban con agrado como un paso hacia un movimiento de derechos humanos más genuinamente internacional, este tipo de iniciativa despierte inquietudes entre otros. El año pasado en openGlobalRights, Stanley Ibe aconsejó a las organizaciones basadas en el norte no ampliar su presencia hacia el sur con pretensiones de liderazgo. Las agrupaciones en el sur suelen ser honestas al afirmar que consideran nuestra presencia tanto de forma positiva, ya que refuerza el activismo y la capacidad locales, como algo negativa, ya que temen que monopolicemos la atención mediática y política, además del apoyo de los donadores.

Reconocemos estos miedos e intentamos mostrar sensibilidad al respecto. Creemos que nuestra presencia, y la de otras agrupaciones internacionales, puede y debe fortalecer la respuesta local de derechos humanos y que, al colaborar adecuadamente con los actores locales, podemos ayudar a atraer más atención y financiamiento, lo cual será un beneficio para todos.

En un artículo reciente que refuta el mito de que “el activismo de élites” y la movilización de masas se oponen de alguna manera, Steve Crawshaw de Amnistía Internacional escribió que también tenemos que alejarnos de las inútiles dicotomías de internacional/nacional o norte/sur. Tales discusiones distraen de la prioridad de identificar puntos de sinergia y le hacen el juego a aquellos gobiernos y otras fuerzas negativas que quieren socavar los derechos humanos desafiando su propia universalidad. El futuro del activismo de los derechos humanos reside en las redes, las coaliciones y las alianzas, de norte a sur, de sur a sur, a través de metodologías y formas de trabajar y diferentes áreas de los derechos humanos: LGBT, derechos de la mujer, derechos para discapacitados, etc.

Todos los días, mis colegas de HRW interactúan con activistas locales y regionales, los escuchan, aprenden de ellos, trabajan con ellos y les brindan apoyo. En el mejor de los casos, fortalecemos mutuamente nuestro trabajo. No se trata de buscar un papel de liderazgo. Sabemos que HRW se beneficia del conocimiento profundo, la comprensión del contexto, la credibilidad, la legitimidad y la experiencia directa de las ONG locales. Sabemos que pueden ayudarnos a entender dónde tenemos más valor agregado, y que sólo gracias a sus contribuciones nuestro trabajo puede ser más sólido.

Por su parte, las ONG nacionales pueden beneficiarse de las experiencias que obtuvieron las ONG internacionales durante su trabajo en otras partes del mundo. También se pueden beneficiar de las plataformas y la exposición que ofrecen las ONG internacionales en términos de abrir puertas hacia los formuladores de políticas de alto nivel, incitar mayor atención de la prensa, ayudar a las ONG locales a hacerse camino en los mecanismos internacionales y, finalmente, ejercer más presión sobre los gobiernos abusivos para que cambien. Y en países y situaciones en los que los ataques contra defensores de derechos humanos han convertido el activismo en algo peligroso, una situación cada vez más común según informes recientes, habrá ocasiones en las que las ONG internacionales desempeñen un papel indispensable para ayudar a crear un entorno de protección para los activistas locales.

La red de ONG internacionales, regionales y nacionales que trabaja conjuntamente en torno al Consejo de Derechos Humanos de la ONU (HRC Net) es un buen ejemplo de la sinergia positiva en el nivel internacional. La red ayuda a asegurar una mayor diversidad de voces de ONG en el Consejo de Derechos Humanos, especialmente al aumentar la participación de ONG regionales y nacionales, de África, Asia y América Latina en particular, en sus acciones. Esto ayuda a desafiar la idea de que los derechos humanos tienen su eje en occidente. Como dijo el representante de una ONG del sur: “No creo que pudiéramos ser eficaces en el Consejo de ninguna otra manera... La Red del Consejo de Derechos Humanos es un muy buen ejemplo de la presencia de HRW como fuerte integrante de una red, que genera beneficios tanto para HRW como para los otros miembros”.

En el nivel regional, las ONG africanas han colaborado estrechamente con HRW y otras agrupaciones internacionales para mantener la presión que exige justicia y rendición de cuentas internacionales en apoyo a la Corte Penal Internacional (CPI). Juntos, estos grupos diversos argumentan que es vital obtener justicia para los crímenes contra víctimas africanas, ya que muchos gobiernos africanos se resisten a la CPI y los mecanismos internacionales de justicia.

En el nivel nacional, nuestro sitio web está repleto de cartas conjuntas y comunicados de prensa que hemos escrito y publicado junto con ONG nacionales e internacionales sobre problemas específicos de ciertos países, así como sobre inquietudes temáticas como el matrimonio infantil o los trabajadores migrantes. En algunos casos, estas colaboraciones pueden ser complejas y requerir mucha sutileza para que se abarquen las inquietudes y los objetivos de todos los firmantes.

En un buen número de países, trabajar en temas LGBT puede ofrecer cierta medida de protección para los grupos amenazados y los activistas vulnerables ante la violencia del Estado y de otros integrantes de la sociedad. Sin embargo, en contextos en los que los líderes políticos intentan justificar su odio y acciones discriminatorias refiriéndose a la homosexualidad como una “perversión extranjera”, que una ONG basada en el Reino Unido o los Estados Unidos dirija las protestas contra las acciones gubernamentales podría resultar contraproducente. En estas circunstancias, tenemos que estar en constante contacto con los activistas locales para descifrar cuál es el papel más eficaz que podemos desempeñar en cada momento dado.

A veces, la escala y la gravedad de una crisis de derechos humanos lleva a un colapso de la sociedad civil, lo cual vuelve difícil encontrar aliados nacionales viables y con credibilidad. Nuestro trabajo en la República Centroafricana se ha centrado en la movilización de una respuesta internacional a las atrocidades generalizadas y a la enorme necesidad humanitaria. Sin embargo, hasta el momento no ha tenido un componente nacional, a pesar del activismo extraordinariamente valeroso de los líderes religiosos del país. Con el tiempo, esperamos que emerjan socios locales fuertes que puedan proporcionar un liderazgo nacional para los valores de derechos humanos.

Aunque nuestro personal generalmente se da tiempo para compartir sus experiencias y conocimientos prácticos con los aliados locales y a veces lleva a cabo programas de capacitación más formales, HRW no es una organización de generación de capacidades. Sin embargo, dentro de nuestra metodología básica de investigación, activismo y trabajo de comunicación, buscamos compartir conocimiento y apoyar a los activistas locales. En la medida en que los grupos internacionales como HRW trabajan cada vez más directamente en el terreno, hay muchas cosas que pueden y deben aprender para mejorar sus interacciones con los grupos nacionales: desde dar un mayor reconocimiento explícito a las alianzas hasta fortalecer la comunicación, coordinación y consulta con las agrupaciones locales de derechos humanos, dedicar más tiempo a la colaboración y dar prioridad a las actividades conjuntas con los socios locales. En HRW tomamos seriamente esas recomendaciones. Sabemos que en ocasiones se nos percibe como arrogantes e impacientes. Ciertamente podemos hacer más para desviar la atención política y mediática hacia las agrupaciones locales con el fin de asegurar que sus contribuciones e impacto se reconozcan en el ámbito internacional. También debemos mostrar una mayor sensibilidad ante las preocupaciones sobre la competencia por el financiamiento.

Recientemente le envié a una periodista de Mozambique un comunicado de prensa de Human Rights Watch sobre la desaparición forzada y el asesinato de dos activistas por el gobierno angoleño. Su respuesta: “Gracias. Pero no comprendo por qué no se les presta atención a estos asuntos cuando los activistas locales se quejan al respecto. Sólo se convierten en noticias cuando HRW habla sobre ellos”. Su respuesta es desafortunadamente acertada. Sin embargo, la solución no es que las agrupaciones internacionales de derechos humanos dejen de hablar sobre el asesinato de activistas en Angola, o en cualquier otro lugar del mundo. Más bien, es asegurarse de que la expansión de las actividades de las ONG internacionales aumente la notoriedad de estos asuntos y además facilite e impulse el activismo local. Cuando todas las partes acepten realmente esta colaboración, las viejas dicotomías se desvanecerán y comenzarán a surgir nuevas fortalezas en el movimiento de derechos humanos.

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