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¿La justicia sobre los derechos?

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Algunas organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional han promovido la justicia social a través de los derechos sociales y económicos, mientras que otras eligen enfoques más agresivos. ¿Cuáles son las posibilidades y los peligros de los distintos enfoques hacia la justicia social? EnglishFrançais

Lars van Troost Doutje Lettinga
6 October 2015

Las desigualdades están aumentando en todo el mundo, aun cuando es posible que las tasas de pobreza estén disminuyendo. Los movimientos de protesta piden cambios sistemáticos y radicales, y las organizaciones internacionales de derechos humanos dan la impresión de que apoyan cada vez más esa clase de mensajes y soluciones. “Miles de millones de personas sufren de inseguridad, injusticia e indignidad. Esta es una crisis de derechos humanos… El mundo necesita una clase distinta de liderazgo, una clase distinta de política y de economía: algo que funcione para todos y no solamente para unos pocos privilegiados”, dijo la entonces secretaria general de Amnistía Internacional (AI), Irene Khan, en 2009. Hace dos años, en un comunicado respaldado por centenares de organizaciones no gubernamentales sobre el Marco de Desarrollo posterior a 2015, Amnistía afirmó que: “[l]os derechos humanos solamente pueden realizarse dentro de los límites socioeconómicos y ambientales si también reducimos las desigualdades de riqueza, poder y recursos”. Las exigencias de justicia social e incluso igualitarismo parecen impulsar a las organizaciones de derechos humanos más allá de promover la realización de los derechos económicos y sociales (DES). Estas organizaciones enfrentan decisiones estratégicas acerca de si, y cómo, deben trabajar sobre las desigualdades económicas y los supuestos defectos relacionados en el orden económico imperante.

En nuestro ensayo en el volumen más reciente de la serie Changing Perspectives on Human Rights (Cambio de perspectivas sobre derechos humanos), Can Human Rights Bring Social Justice? (¿Pueden los derechos humanos conseguir la justicia social?), discernimos cuatro enfoques (superpuestos) hacia la justicia social que pueden adoptar las organizaciones de derechos humanos.

La justicia sobre los derechos

En este enfoque, las organizaciones de derechos humanos podrían adoptar la justicia social como parte de su misión y desarrollar una postura sobre lo que esto implica en términos de políticas y campañas. Probablemente lucharían por una agenda más ambiciosa e igualitaria que simplemente hacer realidad los derechos económicos y sociales.

Las desigualdades están aumentando en todo el mundo, aun cuando es posible que las tasas de pobreza estén disminuyendo. Con esta agenda, los derechos humanos serían instrumentos para alcanzar otros objetivos, incluida la justicia social, y no simplemente objetivos en sí mismos. Las organizaciones trabajarían con un concepto moral (amplio) de los derechos humanos, pero también con otros valores, como dignidad, justicia e igualdad. Utilizar un lenguaje de derechos humanos moral en vez de legal contribuiría a eludir las limitaciones e indeterminaciones de la ley, y atraería atención hacia las causas estructurales e históricas que subyacen a la desigualdad y la injusticia. Esto abriría posibilidades para proponer soluciones que no estén dirigidas por el derecho internacional ni arraigadas en este, incluidas las intervenciones “localizadas”. Esta flexibilidad ayudaría a las ONG de derechos humanos a colaborar con los titulares de derechos, así como con otros movimientos y activistas que luchan por políticas redistributivas o económicas específicas, y así dinamizaría sus capacidades de campaña y movilización.

Por supuesto, un enfoque de justicia sobre derechos podría resultar menos favorable para la congruencia y la coherencia de las políticas y prácticas de las organizaciones (internacionales) de derechos humanos. Cuando las normas de derechos humanos se separan de los instrumentos jurídicos internacionales en los que están ancladas, se pueden interpretar de muchas maneras distintas, e incluso contradictorias. Es posible que se pierda el rigor analítico de un enfoque legal hacia los derechos humanos, y los derechos humanos correrían el riesgo de ser banalizados.

Además, debido a su naturaleza más agresiva y política, este enfoque puede alienar partidarios para quienes ha resultado atractivo el perfil de las organizaciones de derechos humanos debido a su supuesta imparcialidad.

 La justicia a través de los derechos

En este enfoque, las organizaciones de derechos humanos promueven la justicia social solo en la medida en que la realización de los derechos humanos contribuye a ello. Sus campañas a favor de la justicia social y otros valores se verían limitadas al usar exclusivamente interpretaciones generalizadas de las obligaciones jurídicas en cuestión de derechos humanos. Las ONG desarrollarían los métodos (cuantitativos) adecuados para supervisar el cumplimiento gubernamental de las obligaciones de satisfacer los derechos económicos y sociales, lo que incluiría examinar si los gobiernos han movilizado todos los recursos disponibles necesarios para la realización de los derechos.

En este caso, las normas de derechos humanos se perciben como el marco que guía el diseño de las políticas económicas y sociales, y limitan la variedad de opciones políticas para los Estados. Aunque de esa manera este enfoque les permitiría a las organizaciones de derechos humanos involucrarse en los debates sobre formulación de políticas sociales y económicas, procuran evitar promover un modelo en particular, o rechazar el neoliberalismo o la privatización de los servicios públicos por sí mismos.

Con este enfoque, las organizaciones de derechos humanos podrían trabajar en temas de justicia social mientras conservan su perfil de derechos humanos, el cual contribuye a atraer públicos tradicionales y obtener acceso a las élites políticas.

Al mismo tiempo, al usar el lenguaje de la justicia social para una agenda de derechos humanos que, en última instancia, es más limitada, corren el riesgo de decepcionar a los activistas que buscan cambios sistémicos más radicales.

Los derechos sobre la justicia

En un enfoque de derechos sobre justicia, las organizaciones de derechos humanos también trabajarían con una noción jurídica de los derechos humanos, pero solo con el objetivo de hacer realidad los derechos humanos, y no para promover otros valores, como la justicia social o la dignidad.

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Shutterstock/Fred Cardoso (All rights reserved)

"Human rights can only be realized within socio-economic and environmental boundaries if we also reduce inequalities of wealth, power and resources."


Con este enfoque, las organizaciones evitarían los debates sobre la creación y la distribución de la riqueza necesaria para satisfacer los derechos, en la creencia de que dichos debates implican decisiones que pertenecen al ámbito de la política y no del derecho. Sin embargo, pondrían énfasis en el derecho que tienen las personas a participar y recibir información para garantizar la transparencia y la inclusión en la formulación de políticas públicas.

Enfatizar los derechos jurídicos probablemente implicaría que las ONG evitaran denunciar ciertos modelos o sistemas económicos que, según la percepción de algunos, perpetúan la desigualdad mundial. De este modo, corren el riesgo de ser vistas como partidarias de las agendas “Occidentales”, y esto perjudicaría su percepción de imparcialidad entre la población de los países en vías de desarrollo. Además, es muy poco probable que este enfoque tenga aceptación entre los titulares de derechos necesitados y los grupos radicales que buscan una redistribución fundamental de la riqueza en la sociedad.

Pero en su clásica función de vigilantes, las organizaciones de derechos humanos pueden seguir creando espacios seguros para el activismo de justicia social. Su distancia de las agendas de los activistas garantiza independencia y neutralidad, lo cual mejorará su credibilidad entre las élites políticas y su popularidad entre las bases de apoyo tradicionales.

La justicia para los derechos

Por último, un enfoque de justicia para los derechos subrayaría que la realización de los derechos humanos, que sigue siendo la meta final de la organización, presupone cierto grado de igualdad socioeconómica. Las grandes diferencias de ingresos, riqueza y acceso a bienes primarios se considerarían incompatibles con una realización plena de los derechos humanos. Por lo tanto, las organizaciones no solamente abogarían por un piso mínimo de derechos básicos, sino también sugerirían que hay un techo máximo de desigualdad que la realización de los derechos humanos puede aceptar. Aunque a nivel de la retórica las organizaciones de derechos humanos en ocasiones parecen acercarse hacia posturas de justicia para los derechos, sería muy difícil anclarlas en el derecho internacional de derechos humanos existente. Con ello, este enfoque podría transformar tácitamente las agendas de derechos humanos en agendas meramente morales, dejando sin responder por el momento la pregunta de qué moralidad perseguirían.

Si bien las organizaciones de derechos humanos pueden involucrarse en cuestiones de justicia social de muchas maneras, es cuestionable que puedan adoptar una agenda de justicia social completa sin transformarse radicalmente.

 

Las opiniones que se expresan en esta publicación no representan necesariamente las de Amnistía Internacional.

Esta es una versión más breve de un artículo que apareció por primera vez en Can Human Rights Bring Social Justice?, publicado por el proyecto de Estudios Estratégicos de Amnistía Internacional, Holanda.

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