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La vida y las luchas de Marielle Franco

En el primer aniversario del asesinato de la concejala de Río de Janeiro, presentar su vida y sus luchas es una forma de exigir Justicia para el caso Marielle, pero también una manera de celebrar su creciente legado. English

Lia de Mattos Rocha
14 March 2019

Una mujer como tantas otras, pero una trayectoria excepcional: Marielle y la Favela de Maré

Conocí a Marielle Franco hace casi 10 años, cuando ella trabajaba en la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa del estado de Río de Janeiro, al lado del diputado estatal Marcelo Freixo.

Nos conocimos por amigos en común, que también trabajan en el área de Derechos Humanos. Soy profesora de Sociología de la Universidad del Estado de Río de Janeiro. Marielle era socióloga, como yo. Tenía muchos intereses académicos, y por ello frecuentaba mis cursos y reuniones de investigación. Pero además de colegas, nos volvimos muy amigas durante todos estos años.

Desde su asesinato, el 14 de marzo de 2018, ha sido muy difícil para todos los que la conocíamos vivir este duelo y seguir su lucha. Sin embargo, como decimos en Brasil hoy, Marielle es una semilla. Su legado es una inspiración para todos nosotros. Y por eso mujeres de todo Brasil gritan durante el último año “luche como Marielle”.

De hecho, tras su muerte, miles de brasileños y personas alrededor del mundo han conocido y comenzado a amar y a valorar a Marielle Franco. Desafortunadamente, sólo después de su muerte. Quienes tuvimos la fortuna de conocer a Marielle viva sabemos la fuerza que transmitía con su mirada y su sonrisa, siempre abierta y calurosa.

A pesar de ser tan especial para nosotros, Marielle era una mujer como muchas otras: madre de una joven de 18 años, trabajadora, que luchó mucho para tener su formación universitaria. Nacida en una familia de migrantes del Nordeste, una de las regiones más pobres de Brasil, Marielle fue creada en la Favela de la Maré, un barrio de Río de Janeiro donde habitan actualmente unas 140 mil personas.

De acuerdo con el Censo de 2010, el 66% de los hogares ubicados en áreas de favela en Río de Janeiro están encabezados por hombres y mujeres negros.

Las favelas cariocas son el lugar de residencia de uno de cada cinco habitantes de la ciudad de Río de Janeiro. Sin embargo, son espacios que concentran al mismo tiempo grandes desigualdades y potencialidades.

Las favelas son espacios bastante heterogéneos, que por lo general tienen poca estructura de saneamiento urbano, transporte, atención en salud y escuelas. A pesar de su heterogeneidad, las favelas cariocas son vistas por buena parte de la sociedad brasileña como el lugar de la pobreza, de la desorganización social, del crimen. Los habitantes de las favelas, los favelados, son estigmatizados y criminalizados desde hace más de cien años, desde el surgimiento de las primeras favelas a finales del siglo XIX.

Las primeras favelas de Río de Janeiro surgieron poco después de la Abolición de la Esclavitud en el país, que sólo ocurrió en 1888. Brasil fue el último país del mundo en terminar con este terrible e inhumano régimen. De acuerdo con el Censo de 1872, de los casi diez millones de brasileros que vivían en el país en ese año, 1,5 millones eran africanos llevados a la fuerza al país y esclavizados.

Sin embargo, tras la Abolición, los negros ex esclavos y recién liberados no tuvieron ninguna política de integración a la sociedad capitalista. De sopetón, se encontraron desempleados y sin un lugar donde vivir. Así, la mayoría de ellos se dirigió a las ciudades, a intentar vivir de trabajos informales en la mayoría de los casos, ya que las industrias daban preferencia a los inmigrantes europeos recién llegados al país.

Sin tener donde vivir y muchas veces sin empleo fijo, comenzaron a ocupar áreas libres, generalmente en las laderas de los cerros y en las márgenes de los ríos, y a construir ranchos de madera, sin acueducto o energía eléctrica.

En 1888 Río de Janeiro era la capital de Brasil, y por ello la ciudad tenía una gran cantidad de población negra habitante de las favelas. De acuerdo con el Censo de 2010, el 66% de los hogares ubicados en áreas de favela en Río de Janeiro están encabezados por hombres y mujeres negros.

De esta forma, los habitantes de las favelas en Brasil sufren una especie de doble estigma: el racismo y el prejuicio por vivir en lugares ocupados, por no tener la propiedad del terreno donde viven. En otras palabras, por ser invasores.

La favela de la Maré, donde nació Marielle, comenzó a ser ocupada con mayor intensidad hacia mediados de la década de 1940. Y posteriormente, unos anos después, se creó la primera asociación de vecinos para mejoras del lugar.

Así, la historia de la Favela de la Maré y de sus habitantes es también una historia de lucha y organización colectiva. Y esto se reflejó directamente en la trayectoria de Marielle. Los propios pobladores fueron los que rellenaron buena parte del terreno donde se ubica la favela, actualmente un área de más de 400 hectáreas. Fue la organización colectiva de los habitantes la que construyó calles, puso electricidad en las casas, entre otras mejorías.

Y fue también la organización colectiva de los habitantes de la Maré la que creó, en 1988, el Pre-Vestibular Comunitario de la Maré. El Vestibular es un examen anual que, en esa época, cada universidad hacía para seleccionar a sus futuros estudiantes.

Funcionaba en la práctica como un filtro, que impedía que muchos estudiantes de escuelas públicas entraran a buenas universidades públicas. Ellos nunca lograban el cupo, a diferencia de los alumnos de los colegios privados, preparados para tener una buena calificación en este tipo de examen.

Hasta el día de hoy, la educación superior en Brasil es vista como algo exclusivo para los hijos de las clases medias y altas, y por ello la educación pública no contempla la aprobación en el vestibular como una meta para sus estudiantes. Así, iniciativas como el Pre-Vestibular Comunitario de la Maré pretendían preparar a los hijos de la clase trabajadora habitantes de la favela para aprobar este examen.

Cuando Luyara nació, Marielle tenía 19 años. Había abandonado la escuela y retomaba sus estudios para intentar ingresar en la universidad.

Pero no sólo eso. El curso contaba con profesores vinculados a partidos de izquierda y movimientos sociales, que hacían discusiones políticas profundas y presentaban a los jóvenes favelados explicaciones diferentes sobre las injusticias del mundo. Marcelo Freixo, diputado estatal que llevó a Marielle a la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa del Estado de Río de Janeiro (Alerj), fue profesor del Pre-Vestibular de la Maré.

Él y muchos otros construyeron este curso, y la iniciativa se extendió también a otras favelas cariocas, convirtiéndose hoy en un importante movimiento social de la ciudad.

Marielle fue alumna del Pre-Vestibular Comunitario de la Maré en 1998, luego del nacimiento de su hija Luyara. Cuando Luyara nació, Marielle tenía 19 años. Había abandonado la escuela y retomaba sus estudios para intentar ingresar en la universidad.

Después de algunos intentos, Marielle fue aprobada en el curso de Ciencias Sociales de la Universidad Católica de Río de Janeiro, con una beca para estudiantes pobres provenientes de la Maré. La experiencia universitaria de Marielle, por lo tanto, no fue la más común de los jóvenes universitarios.

Ella ya tenía 23 años, era madre de una niña pequeña, trabajaba desde los 11 años de edad y en aquel momento era secretaria del Pre-Vestibular de la Maré. Pero aún así la experiencia en el Pre-Vestibular Comunitario y posteriormente en la Universidad Católica le abrieron a Marielle un mundo nuevo, mucho más grande que el de la Maré.

Ella se afilió inicialmente al Partido de los Trabajadores (PT) y luego al Partido Socialismo y Libertad (PSOL), partido por el que, como veremos, fue elegida concejala en 2016, y pasó a tener una actuación política más organizada.

Represión policial y la defensa de los Derechos Humanos

Su militancia, incluso antes de su afiliación a partidos políticos, siempre fue en el área de los Derechos Humanos. Para los habitantes de la favela, la lucha por los derechos humanos es una lucha fundamental, porque se trata de la lucha por la propia supervivencia. Además de la desigualdad económica, los favelados se enfrentan cotidianamente a la lucha por la vida, ya que las favelas son territorios donde la violencia del Estado brasilero contra los pobres y la clase trabajadora está muy presente.

Los primeros registros históricos sobre la existencia de favelas en Río de Janeiro son registros de acciones policiales. Las favelas son vistas por la sociedad brasilera como escondite de bandidos y marginales, y por lo tanto, se legitima socialmente que la policía pueda disparar para matar porque todos son, potencialmente, bandidos.

En Brasil, la policía que actúa de forma más directa junto a la población es la Policía Militar, y por lo tanto, está formada por militares. Así, los habitantes de las favelas son tratados por esta policía como enemigos. Esto justifica verdaderas operaciones de guerra dentro de estos territorios, con el uso de tanques de guerra y armamentos pesados.

Por ser espacios considerados al margen de la ley, la actuación de la policía allí está marcada por la ilegalidad y la discrecionalidad. Es común, en las acciones policiales, que los habitantes sean alcanzados por balas e incluso sean muertos.

Justamente por ser espacios marginados, donde el Estado brasilero hace poca presencia, donde hay pocas escuelas y hospitales, donde hay pocos derechos, las favelas se convirtieron en espacio de actuación de grupos de microtráfico de drogas. Estos traficantes se convirtieron, con el tiempo, en una fuerza local que oprime y somete a los favelados a un régimen de dominación violenta.

Desde los años ochenta los traficantes han ocupado un espacio considerable dentro de las favelas de Río de Janeiro, controlando la vida y la rutina de los habitantes. Así, la represión policial aumentó en las favelas desde esta época, como parte de la "Guerra contra las drogas" que ha sido la lógica represiva en tantos países.

Las favelas, por lo tanto, son desde hace casi cuarenta años, escenario de verdaderas operaciones de guerra. Los residentes viven oprimidos por dos fuerzas violentas y arbitrarias: de un lado los grupos de microtráfico de droga, y de otro lado, la policía militar.

La Policía Militar de Río de Janeiro es especialmente violenta: En 2017, de acuerdo con el Foro Brasilero de Seguridad Pública, 5.144 personas murieron como resultado de acciones policiales, y de estos casos, 1.127 tuvieron lugar en el estado de Río de Janeiro (cuya población, de 16,72 millones de habitantes, representa el 8% de la población brasilera).

Así, desafortunadamente, muchos habitantes de favelas han perdido amigos y familiares, ya sea por la violencia de los traficantes, o por la violencia de la policía, o durante enfrentamientos entre estas dos fuerzas. En el caso de Marielle no fue distinto: cuando era aún adolescente perdió a una amiga, que fue asesinada durante un enfrentamiento entre policías y narcotraficantes en la Maré. El dolor y la indignación por esta muerte fueron fundamentales para la vinculación de Marielle a la vida política.

Los primeros años de militancia política en el Partido Socialismo y Libertad (PSOL)

En 2006 el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) lanzó a Marcelo Freixo como candidato a diputado estatal, bajo la bandera de los Derechos Humanos. Marcelo, profesor de Historia en escuelas y en el curso del pre-vestibular de la Maré, era un activista en el área, llevando a cabo acciones inicialmente junto a presos y a sus familiares y después asesorando a familias cuyos hijos e hijas fueron asesinados por la Policía Militar de Río de Janeiro.

Marielle participó en la campaña de Freixo en la Maré y posteriormente, él la llamó para hacer parte de su gabinete y participar en la Comisión de Derechos Humanos, que él pasó a presidir. En la Comisión de Derechos Humanos, Marielle pasó a trabajar de forma imprescindible acompañando casos de masacres y ejecuciones policiales, brindando apoyo jurídico y psicológico a las familias y exigiendo a las autoridades celeridad en las investigaciones.

En esa misma posición actuó junto a familiares de policías militares muertos en servicio, para que sus muertes fueran investigadas y sus familias fueran amparadas de acuerdo a la ley. Es durante este periodo que Marielle se destaca como una militante de los Derechos Humanos y comienza a gestarse el proyecto de su candidatura.

Marielle trabajó con Freixo entre 2006 y 2016, cuando él se postuló como candidato a la alcaldía y ella como candidata a concejala por primera vez. Su campaña constituyó un marco de referencia fundamental en la historia política de la ciudad.

Con la bandera de ser una mujer, negra y favelada, militante de los derechos humanos, ella logró el apoyo de otros habitantes de favelas, de intelectuales, de parte de los movimientos negros, de mujeres, de jóvenes universitarios, que veían en aquella mujer tan diferente de los otros candidatos, una oportunidad de hacer otra política, de hacer posible otro mundo.

Bajo el lema “Yo soy porque nosotros somos”, la campaña de Marielle articulaba ideas muy importantes como la unidad, la representatividad, la posibilidad de tener en la política a alguien que no era como los políticos tradicionales.

De los 51 concejales elegidos en 2016, solo seis eran mujeres y apenas uno, además de Marielle, era negro. El cambio que queríamos ver en las instituciones se expresaba también en su cuerpo.

Marielle era diferente de ellos, pero era como nosotros: venía de las luchas, de los movimientos sociales, de los colectivos negros de las universidades, de los grupos de carnaval, de los grupos de artistas de funk. Marielle representaba una forma diferente de vivir, de circular en la ciudad, de estar en la política, de luchar. La noche en que Marielle fue elegida fue una de las más felices de nuestras vidas.

La elección de Marielle como concejala en 2016 y la creciente militarización de Río de Janeiro

El contexto político brasilero de 2016 era bastante diferente al de hoy, especialmente en Río de Janeiro. Aunque la ciudad estuviera siendo gobernada desde hace 30 años por partidos de derecha, en 2016 un candidato de izquierda logró el 40% de los votos para la alcaldía.

El PSOL eligió cuatro concejales en la votación más expresiva de este partido. Uno de sus concejales fue el segundo más votado en la ciudad. Y Marielle fue elegida con una votación sorprendente de 46.502 votos, siendo la quinta más votada en la ciudad y la segunda mujer con el mayor número de votos.

Marielle Franco presidió la Comisión de Defensa de las Mujeres de la Cámara de Río de Janeiro, llevando este tema a los debates legislativos. Su actuación junto a la bancada del PSOL también fue fundamental para que el partido pudiera denunciar diversos esquemas de corrupción existentes en la ciudad.

Su actuación como concejala estuvo marcada por un fuerte énfasis en los temas de los derechos de las mujeres y de la población favelada. Marielle Franco presidió la Comisión de Defensa de las Mujeres de la Cámara de Río de Janeiro, llevando este tema a los debates legislativos.

Su actuación junto a la bancada del PSOL también fue fundamental para que el partido pudiera denunciar diversos esquemas de corrupción existentes en la ciudad, vinculados tanto a la mafia que controla el sistema de transporte público, como a las empresas contratistas y las constructoras involucradas en la construcción de los estadios para el Mundial de Futbol y los Juegos Olímpicos.

Sus discursos en la plenaria siempre tuvieron mucho impacto, pero, al ser concejala de un partido de oposición y minoritario, Marielle siempre tuvo dificultades para lograr la aprobación de las leyes. De los 16 proyectos de ley que presentó cuando era concejala, siete fueron aprobados, de los cuales cinco fueron aprobados solo después de su muerte.

Estos proyectos son: regulación del trabajo de los “mototaxistas”, muy habitual en las favelas; instrumentos de fiscalización de contratos hechos por la alcaldía; guarderías nocturnas para los hijos de las familias que trabajan o estudian de noche; la creación del día de la mujer negra y de Tereza Benguela, el día 25 de julio; campaña contra la violencia y el acoso contra las mujeres, especialmente en las escuelas; el informe Dossier Mujer que contiene información oficial sobre la violencia contra las mujeres; y un programa centrado en la reinserción social de jóvenes en conflicto con la ley.

Fueron votados, aunque no aprobados, el proyecto de ley que crea un departamento de asistencia técnica para la construcción habitacional en favelas y la creación del Día de Lucha contra la Homofobia, Lesbofobia, Bifobia y Transfobia.

La lucha por los derechos de la población LGBT no había tenido tanta fuerza en la militancia de Marielle, pero el tema se volvió importante después de que ella asumió públicamente su relación de más de 15 años con la arquitecta y urbanista Mónica Benício.

Las dos se conocieron en la Maré, ya que participaban de los mismos círculos de activismo, pero solo asumieron su relación en el año 2015. Yo misma, que conviví con Marielle de forma muy cercana, no sabía de la duración y de la intensidad de su relación con Mónica.

Para Marielle, como para la mayoría de las mujeres brasileras, el machismo y el patriarcado son fuertes barreras para la vivencia completa de sus vidas afectivas y sexuales. Así, siendo una mujer negra, habitante de favela, de una familia tradicional católica, madre de una hija, con dos matrimonios con hombres, era muy difícil para Marielle presentarse públicamente como una mujer bisexual o lesbiana.

Sin embargo, después de muchos años separadas por miedo a la reacción de amigos y familiares, y después de un tiempo de relación secreta, con mucha alegría las dos se fueron a vivir juntas, junto con la hija de Marielle, y planeaban una gran fiesta de matrimonio para el siguiente año.

A pesar de que la experiencia de los pobres y negros de Brasil siempre ha sido de violencia, desigualdad e injusticia, después del impeachment, mejor definido un golpe parlamentario y judicial, la situación empeoró.

A pesar de que el periodo en el que Marielle fue concejala estuvo marcado por su actuación valiente y vibrante, la situación de la ciudad de Río de Janeiro y de Brasil se agravó mucho, siendo hoy mucho más grave que cuando Marielle fue elegida.

En agosto de 2016 tuvimos la destitución (Impeachment) de la Presidenta Dilma Roussef, lo cual profundizó la represión y las arbitrariedades del gobierno brasileño. A pesar de que la experiencia de los pobres y negros de Brasil siempre ha sido de violencia, desigualdad e injusticia, después del impeachment, mejor definido un golpe parlamentario y judicial, la situación empeoró.

En febrero de 2018, el gobierno de Michel Temer, posesionado tras el derrocamiento de Roussef, decretó una intervención federal en el estado de Río de Janeiro. En el pronunciamiento oficial, Temer declaró que el objetivo de la intervención era "(...) poner fin a la grave situación de orden público" en el estado.

El decreto también nombró como interventor a un general, que desde ese momento tendría autorización oficial para incumplir normas estatales que estuvieran en conflicto con las medidas necesarias para la ejecución de la intervención.

Con esa medida, el Presidente Temer, con niveles bajísimos de aprobación popular y con enormes dificultades para aprobar reformas igualmente impopulares, como la Reforma Pensional, cambió el eje de su política. El tema de la seguridad, como sabemos, moviliza corazones y mentes por el miedo. Es ese miedo el que permite que las arbitrariedades sean toleradas y hasta apoyadas por la población.

Pero ese acontecimiento no es un hecho aislado en la historia reciente del estado de Río de Janeiro. En 2018 Río de Janeiro completa una década de la experiencia de las Unidades de Policía Pacificadora, iniciativa del Gobierno del estado realizada en 38 favelas cariocas, afectando directamente a 1,5 millones de habitantes de estos lugares. El programa de las UPPs, que comenzó en 2008, consistió en la ocupación militar permanente de estas favelas por parte de las fuerzas militares.

En Brasil, desde la represión a las masivas manifestaciones políticas de 2013, hemos experimentado con mayor intensidad la transformación del espacio de las ciudades en un "campo de batalla" que ahora se desborda más allá de las fronteras de las favelas y periferias. La "guerra contra las drogas" que siempre fue una guerra contra los pobres y favelados, ahora ha profundizado su carácter militar.

La favela de la Maré fue ocupada durante 14 meses por el Ejército. De acuerdo con la página web del Ministerio de Defensa, "Para los militares, la ocupación de la Maré es considerada un conflicto moderno. Una guerra irregular, sin fronteras, con enemigo difuso".

De forma similar, el proyecto de las Unidades de Policía Pacificadora, aunque basado en principios como el de la policía cercana y de la articulación de acciones represivas con programas sociales, tuvo como efecto ampliar las dinámicas de vigilancia y control empleadas sobre los habitantes de las áreas ocupadas.

La militarización tiene raíces profundas en la historia de nuestro país. Entre 1964 y 1985 el país estuvo bajo un duro régimen militar, en el que las libertades civiles y políticas se vieron bastante comprometidas.

En este sentido, nuestra experiencia democrática es reciente, y especialmente frágil en lo que se refiere a las posibilidades de organización y participación política de los habitantes de las favelas. Las asociaciones de favelados fueron violentamente reprimidas durante el régimen militar y, a pesar de haber experimentado un renacer importante en los años ochenta y noventa, han sido bastante reprimidas desde entonces.

El crecimiento de la militarización como forma de gobierno de las regiones pobres del país representa actualmente un riesgo para la participación de este importante segmento de la población en la reconstrucción del régimen democrático en el país.

El crecimiento del odio y la ejecución de Marielle

Las elecciones presidenciales de 2018 estuvieron movilizadas por la polarización y el ganador Jair Balsonaro, un ex capitán del Ejército, defiende, así como su vicepresidente y otros miembros del gobierno, la actuación de las Fuerzas Armadas durante la dictadura militar. Menosprecian el hecho de que durante ese período tuvimos en Brasil más de tres mil ciudadanos muertos, por lo menos 500 casos reconocidos por el Estado de desapariciones políticas, miles de personas presas y torturadas de forma ilegal.

Investigaciones recientes sobre este período identificaron el exterminio de más de 500 indígenas, sin contar las muertes sin registros. Fue también durante la dictadura militar brasileña que más de cien mil favelados fueron expulsados de forma violenta de sus casas, y reubicados en lugares distantes y sin urbanización. Esas violencias muchas veces no se contabilizan, aparecen solo como el costo de la modernización y del ordenamiento del país.

Es esta la ideología que hoy intenta hacerse hegemónica en Brasil. Y fue contra ella que Marielle se levantó. Como resultado de toda su militancia en el área de Derechos Humanos, cuando fue decretada la intervención federal en Río de Janeiro, Marielle se convirtió en uno de los cuatro concejales relatores de la Comisión de la Cámara para acompañar la Intervención Federal.

El trabajo de la Comisión consiste en levantar información sobre el desarrollo de las operaciones, articular iniciativas entre estado y sociedad civil y denunciar abusos y arbitrariedades. Sin embargo, después de la ejecución de Marielle poco se ha oído hablar de la actuación de esta comisión. A pesar de haberse posicionado desde el principio contra la intervención, por conocer su potencial letal contra la población favelada, la muerte de Marielle fue utilizada por el ex Presidente Michel Temer para justificar la continuación de la intervención.

Así, el atentado político que victimizó a la concejala del PSOL Marielle Franco y al conductor Anderson Gomes es quizás la más terrible expresión de esta pretendida guerra que vivimos en Brasil, que promete seguridad pero trae en su vientre más muerte, arbitrariedades y autoritarismo.

Es evidente que Marielle sería contraria a la intervención federal. Su tesis de maestría, de la cual tuve el placer de ser parte del jurado, discute las raíces sociales que legitiman la sumisión de los habitantes de las favelas, a través del análisis del proyecto de las Unidades de Policía Pacificadora (UPPs).

El trabajo, publicado recientemente como libro, presenta las resistencias populares y las alternativas para producir una seguridad pública diferente, que considere la vida y la ciudadanía de esta enorme parte de ciudadanos brasileros, de la que Marielle hacía parte y era representante. Su contribución se encuentra en la evaluación realizada sobre la política de "pacificación" aún en funcionamiento, al caracterizar tanto su carácter temporal y precario como su efecto de criminalización de los pobres.

El trabajo de Marielle también aporta para la comprensión de la imbricación entre la militarización de esos territorios y los cambios económicos observados en la ciudad de Río de Janeiro, tanto en función de la adopción de políticas neoliberales, como en función de los impactos de los megaeventos - como la especulación inmobiliaria que afectó al entorno de las favelas con UPPs.

Por último, la disertación contribuye al debate sobre la necesidad de la desmilitarización de la Policía Militar y la apertura de las instituciones policiales a la participación de la sociedad civil -que incluye, en la perspectiva defendida por Marielle, fundamentalmente a los habitantes de favela, excluidos sistemáticamente de este debate.

Así, el atentado político que victimizó a la concejala del PSOL Marielle Franco y al conductor Anderson Gomes es quizás la más terrible expresión de esta pretendida guerra que vivimos en Brasil, que promete seguridad pero trae en su vientre más muerte, arbitrariedades y autoritarismo. Marielle fue ejecutada, en la noche del día 14 de marzo de 2018, con cuatro tiros - tres en la cabeza y uno en el cuello. Su conductor, Anderson Gomes, también fue víctima. Las investigaciones hasta hoy, un año después, han sido capaces de identificar quién mató Marielle, pero no quién mandó matar a Marielle.

Sabemos que en la semana en que fue ejecutada, Marielle había denunciado la acción arbitraria de policías de un Batallón de la Policía Militar acusados de diversos crímenes, incluso de pertenecer a un grupo de milicias. Las milicias son grupos de militares o ex militares que ofrecen servicios ilegales de seguridad a residentes de lugares específicos, que si se niegan a contratar el servicio, son acosados, agredidos e incluso muertos.

Las milicias también explotan servicios en esos lugares, como la comercialización de combustible y el transporte, cobrando valores más altos. Su actuación también es conocida en el campo de la política, ya que varios parlamentarios del estado de Río de Janeiro fueron elegidos, siendo identificados como pertenecientes a esas milicias.

Cuando Marielle trabajó con Marcelo Freixo en la Comisión de Derechos Humanos, fueron responsables de una importante investigación sobre las milicias, que levantó informaciones que permitieron la detención de 250 milicianos. Según información de la prensa, no comprobada por la policía, los concejales colegas de Marielle y diputados estatales colegas de Freixo están siendo investigados como autores intelectuales del crimen.

Todo indica que Marielle fue ejecutada como forma de silenciarla y de detener su lucha, en defensa de los derechos de los habitantes de favela, mujeres, negros y negras, LGBTs, o sea, de la clase trabajadora tan explotada y violentada. Sabemos también que una concejala mujer, negra, lesbiana, favelada, que hablaba alto y discutía con hombres de igual a igual despertaba el odio de muchas personas.

La semana pasada, por ejemplo, partidarios del candidato presidencial y militar Jair Bolsonaro rompieron una placa en homenaje a Marielle que estaba en una plaza pública del centro de la ciudad, y divulgaron este hecho en las redes sociales. Hasta hoy esta valiente mujer despierta la rabia de los poderosos, de los racistas, de los machistas. Pero Marielle no sólo despierta odio.

La muerte de Marielle despertó también mucho revuelo, tristeza, indignación y ganas de continuar su lucha. Estamos ahora transformando nuestro dolor, nuestro luto, en lucha. Miles de personas acudieron a las calles para exigir justicia por Marielle y Anderson. Las manifestaciones ocurrieron en todo el mundo.

Marielle fue homenajeada por diversas escuelas, universidades, alcaldías, colectivos culturales. En esta elección hubo varias candidatas que se presentaron como semillas de Marielle. Su familia -su madre Marinete, su padre Antonio, su hermana Anielle, su hija Luyara y su mujer Mónica- hoy son activistas como Marielle, y recorren el mundo denunciando su asesinato y exigiendo justicia y que los asesinos sean juzgados y culpados.

El 29 de septiembre millones de personas acudieron a las calles de Brasil contra el fascismo, representado en la candidatura de Bolsonaro, y el nombre de Marielle fue cantado y gritado por todos. Especialmente por las mujeres presentes, que organizaron y protagonizaron las manifestaciones.

En este momento de barbarie no sabemos cuál será el futuro de Brasil. El candidato del odio ha ganado y el huevo de la serpiente ya ha sido incubado. Los derechos humanos y las libertades democráticas están bajo riesgo serio riesgo. La vida de los habitantes de las favelas, que nunca ha sido fácil, como hemos visto, puede llegar a ser aún peor.

Pero no vamos a desistir. No van a callar a Marielle Franco. No nos van a callar. Vamos a seguir gritando, denunciando su muerte y exigiendo justicia. Justicia para ella y para tantos brasileños y brasileñas, que son irrespetados, violentados y masacrados. Seguiremos luchando. Luchando como Marielle Franco.

(Traducción del portugués por Juanita Cuellar Benavides / Revisión y Edición de Breno Bringel)

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