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Las viñetas de la prensa en el proceso de paz colombiano

Aunque el resultado del referéndum en Colombia sorprendió a la comunidad internacional, la divergencia entre la percepción doméstica y la internacional podía anticiparse viendo las viñetas de los periódicos. English 

Laura Copete Trujillo Holly Eva Ryan
3 November 2016
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Victoria del NO en Colombia.3 octubre 2016. Bogotá, Colombia. AP Photo/Fernando Vergara. Todos los derechos reservados.

El pasado 2 de octubre, los colombianos fueron llamados a las urnas para recabar su apoyo o su rechazo a los términos del acuerdo de paz firmado entre el gobierno y la guerrilla de las FARC, negociado durante años. Los votantes rechazaron el transcendental acuerdo, con una muy escasa mayoría en contra del 50.2% de los votos. Pero mientras que el fracaso del apoyo al acuerdo en el referéndum sorprendió a muchos observadores internacionales, ya desde hacía algún tiempo se habían producido señales, a nivel nacional, de descontento y de cansancio público frente el proceso de paz. 

Hemos encontrado evidencia de ello en nuestro estudio, centrado en las ilustraciones que del proceso han venido haciendo las viñetas políticas de los principales periódicos colombianos. Este estudio no sólo nos habló sobre cómo circulaban las opiniones sobre el acuerdo y sus promotores en la sociedad colombiana, sino que también puso en evidencia una clara divergencia entre el posicionamiento internacional y el posicionamiento nacional ante el proceso de paz.

Desde el año 2012, el presidente colombiano Juan Manuel Santos, líderes insurgentes de las FARC y funcionarios públicos de todas las Américas han venido participando en negociaciones de alto voltaje con el fin de poner fin a más de cinco décadas de conflicto armado, conocidas como ‘La Violencia’. A lo largo de este conflicto más de 220.000 personas han muerto, de las cuales hasta un 80% fueron civiles.  Si bien estas negociaciones representan el tercer gran intento de resolver el conflicto en las últimas cinco décadas, existe un sentimiento, por lo menos a nivel internacional, de que, en palabras de Conciliation Resources “las partes en conflicto han tenido en cuenta tanto sus propios fracasos en el pasado como las lecciones aprendidas en otros procesos de paz”, y de que la paz, al final, prevalecerá. De hecho, las negociaciones han sido valoradas favorablemente por numerosas figuras internacionales influyentes, como el Secretario General de Naciones Unidas, Ban-Ki Moon, el Papa Francisco y el presidente norteamericano Barack Obama; y a la vez han sido ampliamente celebradas por la prensa internacional.

Existen buenas razones para este optimismo. Las negociaciones han producido acuerdos parciales, acuerdos y/o señales de colaboración en una variedad de contenciosos que incluyen la desmilitarización y la reintegración de los miembros de las FARC, reformas sustantivas en la propiedad de la tierra, la disminución de tráfico ilícito de drogas a través de un plan de sustitución de cosechas, y la puesta en marcha del desminado. El 24 de junio de 2016, Ban-Ki Moon y otros miembros prominentes de la comunidad internacional asistieron a una ceremonia para celebrar la firma de un “alto el fuego bilateral y definitivo, cese de las hostilidades y entrega de las armas”. Este acuerdo puso fin al quinto de los cinco capítulos sustantivos de la agenda de las negociaciones entre las FARC y el gobierno, y abrió el camino hacia el referéndum en octubre, cuando los propios colombianos tendrían la oportunidad de decir “sí” o no” al acuerdo de paz.

De manera muy notable, partidos políticos de prácticamente todo el espectro en el congreso colombiano formaron una coalición temporal para promover el voto para el “sí” en el plebiscito, lo que habría llevado a la ratificación del acuerdo. Sin embargo, en Colombia hay voces poderosas que han sido muy críticas con el proceso de paz. El ex presidente Álvaro Uribe, líder de la campaña del “no”, expresó su opinión de que el gobierno ha hecho demasiadas concesiones a los rebeldes. Señalando una oferta de amnistía para los rebeldes que confiesen sus crímenes, declaró que el propio acuerdo es una operación para dejar que los rebeldes sigan adelante “sin pagar por sus asesinatos”. Por un margen muy estrecho del 0,21% y con una participación especialmente baja del 37,4%, el 2 de octubre los colombianos rechazaron el acuerdo de paz con las FARC. Los resultados del referéndum muestran, no sólo la polarización existente dentro de Colombia, sino también la divergencia entre el discurso popular sobre las negociaciones de paz a nivel doméstico y el discurso dominante a nivel internacional.

Contrariamente al tono de efusiva celebración de la prensa internacional, en Colombia la cobertura del proceso de paz ha sido más crítica. Describiendo las viñetas políticas publicadas por los principales diarios de Colombia desde el 2012, nuestro reciente estudio muestra cómo estas viñetas revelan la existencia de una sensación de fatiga y desencanto con el proceso de negociación. Las viñetas políticas combinan arte gráfico, humor y comentario para producir una instantánea artificial o un resumen visual de los asuntos políticos más candentes. Cuando los académicos han trabajado con viñetas políticas, los han descrito de distintas maneras: como ejemplos de expresiones que encarnan las libertades democráticas; como un medio que simplifica y condensa escenarios complejos para aumentar su accesibilidad y familiaridad para el público en general; así como una forma de comentario social que alimenta y a la vez influencia las percepciones públicas. En su conjunto, estas interpretaciones sugieren que, con algunas limitaciones, las viñetas políticas pueden leerse como barómetro o incluso como espejo de la opinión pública a través de la cual es posible mapear e interpretar la evolución de los discursos de apoyo, crítica y resistencia al proceso de paz colombiano.

En junio de 2016, empezamos un proceso de mapeo de viñetas políticas de cinco grandes periódicos colombianos: El Tiempo, El Espectador, El País, El Colombiano y El Heraldo. Utilizando archivos digitalizados y ejemplares impresos, pudimos acceder y analizar una amplia muestra de viñetas, empezando a partir del año 2012. Lo que observamos es que, independientemente de las tendencias ideológicas de cada uno de estos periódicos, ya desde los inicios de las negociaciones en el 2012 sus viñetas políticas transmitían un escepticismo generalizado frente al proceso de paz. En las fases iniciales de las negociaciones, las viñetas políticas subrayaron una incertidumbre cuyas raíces se encontraban en el comportamiento histórico del grupo rebelde y en los fracasos de las anteriores negociaciones con el gobierno. Así, muchas de las señales de progreso en las negociaciones fueron ensombrecidas por la descripción de las acciones de las FARC en el pasado y de la gran abundancia de asuntos que quedaban aun por acordar.

Mientras tanto descubrimos que, a medida que el tiempo avanzaba, los logros y objetivos alcanzados en las negociaciones fueron criticados y ensombrecidos por las descripciones de los fracasos. En noviembre de 2013, por ejemplo, el acuerdo parcial sobre participación  política fue socavado por el diario de centro-izquierda El Espectador, con viñetas que enfatizaban la fragilidad del acuerdo. Una de las viñetas pintaba una “paloma de la paz” caminando sobre cáscaras de huevo. Otras viñetas sirvieron para amplificar el enfado popular ante la publicación de fotografías que mostraban a líderes de las FARC “descansando” en Cuba, (tomando el sol y fumando puros) tras las negociaciones. Una viñeta muestra a prisioneros de las FARC retenidos en un enclave de la selva con el texto: “tenemos derecho al descanso”.

Nuestro estudio de las viñetas políticas domésticas nos dio también una visión sobre las percepciones que circulaban sobre las dos partes de la negociación. Los rebeldes de las FARC son caracterizados repetidamente como poco honestos y fiables, con viñetas centradas en hechos que refuerzan esta narrativa –el secuestro de agentes de la policía y de generales del ejército o el lanzamiento de un ataque durante el alto el fuego. La antipatía ante las FARC se refleja en las encuestas de opinión, en las que alrededor del 90% de los colombianos muestran un consistente desacuerdo con el grupo rebelde.

Las representaciones del gobierno colombiano y, en particular del presidente de la república, Juan Manuel Santos, han ido variando con el tiempo. Después del lanzamiento de la campaña para la reelección de Santos en noviembre del 2013, éste ha sido presentado cada vez más como alguien que persigue su propia agenda personal, independientemente de los costes que ello pueda tener. De nuevo, este cambio tiende a reflejar el declive en el grado de apoyo público a Santos, que cayó a solo el 30% en agosto de 2016.

Vistos los resultados del referéndum y la percepción pública de las negociaciones y de sus participantes, al gobierno colombiano y a su pueblo se les presentan grandes desafíos por delante. Evidentemente, el apoyo efusivo de la comunidad internacional y de la prensa internacional no se traduce directamente en apoyo doméstico al acuerdo de paz. La cuestión de esta divergencia de visiones se presenta con especial crudeza en la figura de Santos mismo, que es a la vez un Premio Nobel de la Paz internacional y un presidente nacional cada vez más impopular. Santos encara ahora el duro trabajo de mediar entre la oposición y las FARC para hacer frente a la vez a la polarización y a la apatía dentro del país. Asegurar la paz exige también que Colombia haga frente a asuntos como la exclusión por cuestiones raciales y las desigualdades de ingresos. Las comunidades que más han sufrido el golpe de la violencia son predominantemente los indígenas y los colombianos afro-descendientes. Las voces de estos grupos son marginadas de manera rutinaria en la política doméstica colombiana: su incorporación política es esencial para moldear una paz justa y duradera. 

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Versión en español del artículo original en inglés

 

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