Skip to content

5 lecciones aprendidas con y de los movimientos feministas argentinos en la pandemia

Ante los crecientes intentos de criminalizar el aborto en el mundo, las argentinas pueden enseñarnos algunas lecciones

5 lecciones aprendidas con y de los movimientos feministas argentinos en la pandemia
Manifestantes celebran la aprobación y promulgación de la ley sobre interrupción voluntaria del embarazo en Buenos Aires, Argentina
Published:

A fines de 2020, a pesar de todos los desafíos que enfrentaron los movimientos feministas en Argentina, incluyendo una pandemia y uno de los lockdowns más prolongados del mundo, el Congreso aprobó un proyecto de ley para legalizar el aborto, haciéndolo legal, seguro y gratuito para todxs. Mientras algunos países intentan criminalizar (o re-criminalizar) el aborto, desde Brasil, Nicaragua y Polonia, hasta varios estados de Estados Unidos, los movimientos feministas de Argentina nos enseñan como avanzar en el medio de grandes desafios.

Como parte de mi doctorado, me mudé a Buenos Aires en febrero de 2020 para aprender con y de los movimientos feministas para legalizar el aborto. Luego de mi llegada, sentí inmediatamente la energía de la Marea Verde, la ola de movimientos feministas que hacían campaña por los derechos sexuales y reproductivos y la autonomía de los cuerpos. La Marea Verde estaba en todas partes de la ciudad, transformando el color verde en sinónimo de la lucha por el aborto legal. Casi a diario, personas de diversas edades, orígenes y etnias organizaron reuniones, fiestas y protestas. Pibas (adolescentes), históricas (feministas de más de 70 años), mujeres inmigrantes e indígenas y personas trans y travestis se unieron con un objetivo común: defender la autonomía de sus cuerpos. Todos los indicadores sugerían que el proyecto de ley para legalizar el aborto se aprobaría en el primer semestre de 2020. Pero de repente el mundo se detuvo. La pandemia de Covid-19 llegó a Argentina y expuso lo que los movimientos feministas vienen denunciando desde hace años: la centralidad de los cuidados, la centralidad del trabajo de los cuerpos feminizados, la crisis de la reproducción social y la desigualdad.

El gobierno determinó una cuarentena obligatoria y con eso, todo se detuvo: ya no podíamos vernos personalmente ni salir a la calle. Todo esto profundizó las desigualdades ya abisales. Como me dijo Georgina Mansilla del movimiento de resistencia, La Poderosa, “¿Cómo pueden decirnos que nos quedemos en casa si no tenemos suficiente para comprar comida? ¿Cómo pueden decirnos que nos lavemos las manos, si no tenemos agua o saneamiento básico?”