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5 lecciones aprendidas con y de los movimientos feministas argentinos en la pandemia

Ante los crecientes intentos de criminalizar el aborto en el mundo, las argentinas pueden enseñarnos algunas lecciones

Jessica Carvalho Morris
8 junio 2021, 12.00am
Manifestantes celebran la aprobación y promulgación de la ley sobre interrupción voluntaria del embarazo en Buenos Aires, Argentina
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Néstor J. Beremblum/Alamy Stock Photo

A fines de 2020, a pesar de todos los desafíos que enfrentaron los movimientos feministas en Argentina, incluyendo una pandemia y uno de los lockdowns más prolongados del mundo, el Congreso aprobó un proyecto de ley para legalizar el aborto, haciéndolo legal, seguro y gratuito para todxs. Mientras algunos países intentan criminalizar (o re-criminalizar) el aborto, desde Brasil, Nicaragua y Polonia, hasta varios estados de Estados Unidos, los movimientos feministas de Argentina nos enseñan como avanzar en el medio de grandes desafios.

Como parte de mi doctorado, me mudé a Buenos Aires en febrero de 2020 para aprender con y de los movimientos feministas para legalizar el aborto. Luego de mi llegada, sentí inmediatamente la energía de la Marea Verde, la ola de movimientos feministas que hacían campaña por los derechos sexuales y reproductivos y la autonomía de los cuerpos. La Marea Verde estaba en todas partes de la ciudad, transformando el color verde en sinónimo de la lucha por el aborto legal. Casi a diario, personas de diversas edades, orígenes y etnias organizaron reuniones, fiestas y protestas. Pibas (adolescentes), históricas (feministas de más de 70 años), mujeres inmigrantes e indígenas y personas trans y travestis se unieron con un objetivo común: defender la autonomía de sus cuerpos. Todos los indicadores sugerían que el proyecto de ley para legalizar el aborto se aprobaría en el primer semestre de 2020. Pero de repente el mundo se detuvo. La pandemia de Covid-19 llegó a Argentina y expuso lo que los movimientos feministas vienen denunciando desde hace años: la centralidad de los cuidados, la centralidad del trabajo de los cuerpos feminizados, la crisis de la reproducción social y la desigualdad.

El gobierno determinó una cuarentena obligatoria y con eso, todo se detuvo: ya no podíamos vernos personalmente ni salir a la calle. Todo esto profundizó las desigualdades ya abisales. Como me dijo Georgina Mansilla del movimiento de resistencia, La Poderosa, “¿Cómo pueden decirnos que nos quedemos en casa si no tenemos suficiente para comprar comida? ¿Cómo pueden decirnos que nos lavemos las manos, si no tenemos agua o saneamiento básico?”

En este contexto, los movimientos feministas en Argentina tuvieron que reorganizarse y repensar sus estrategias. Ruth Zurbriggen, una de las fundadoras de La Revuelta, un colectivo feminista, me dijo: “Los movimientos feministas en Argentina tienen un lugar, un lugar que es nuestro, y es en las calles. Un lugar de encuentro, de fiesta, de reivindicación”. Igualmente, Carolina Comaleras de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, me comento que “las calles nos nutren”, y es en las calles donde “producimos políticas heterogéneas y transversales”, me dijo Luci Cavallero del movimiento feminista Ni Una Menos.

Con los nuevos desafíos planteados por la pandemia, los movimientos feministas se reinventaron y cambiaron y/o ampliaron sus estrategias

Pero incluso "sin las calles", la Marea Verde no se detuvo. Se reinventó y encontró formas creativas de articular y hacer avanzar la lucha. Como me dijo Cecilia Palmeiro, de Ni Una Menos: “Tenemos el vocabulario y las herramientas para entender lo que está pasando y ... encontrar formas de resistir ... y fortalecer nuestras redes”.

Cinco estrategias para seguir adelante

Con los nuevos desafíos planteados por la pandemia, los movimientos feministas se reinventaron, cambiaron y/o ampliaron sus estrategias. A continuación, identifico y describo las cinco principales: :

Expansión de la movilización en línea

Los movimientos feministas ya utilizaban herramientas virtuales, pero la necesidad de utilizar esos espacios y movilizarse en línea aumentó significativamente durante la pandemia. Hubo talleres virtuales, debates, vigilias, protestas y celebraciones. Las escuelas y universidades también se unieron a la lucha y ofrecieron cursos sobre aborto, desde perspectivas legales, sociales y médicas. Las actividades virtuales se llevaron a cabo casi semanalmente, atrayendo a cientos de participantes y llegando a grupos nuevos y diferentes.

Continuidad y expansión de la atención y el acompañamiento al aborto

A pesar del lockdown, los movimientos feministas continuaron destacando la necesidad de redes de apoyo a la interrupción del embarazo. Como resultado, esas redes no solo continuaron ofreciendo acompañamiento a quienes realizan un aborto, sino que también provocaron un aumento significativo en el número de voluntarias que se unieron a esas redes. Además, estas organizaciones presionaron al gobierno para que emitiera permisos para que las personas embarazadas pudieran acceder a los servicios legales de aborto.

Refinamiento de las estrategias de presión

Los movimientos feministas refinaron sus estrategias de lobby. En 2018, el proyecto de ley sobre el aborto fue aprobado por la Cámara de Diputados, pero fue rechazado por el Senado. Además, el entonces presidente, Mauricio Macri, se opuso al proyecto. A partir de esa experiencia, los movimientos feministas cambiaron su enfoque hacia el Senado y mantuvieron la presión sobre el nuevo presidente, Alberto Fernández, quien estaba a favor del proyecto.

La legalización del aborto en Argentina muestra cómo la resiliencia, la perseverancia y las estrategias adaptadas por los movimientos feministas nos inspiran a seguir presionando

Ampliación de redes internacionales

Redes internacionales feministas se establecieron o se ampliaron durante la pandemia. Desde Paraguay a Canadá y Australia, la Marea Verde se volvió más globalizada y conectada. Por medio de esas redes, la Marea Verde no solo fortaleció la lucha por el a aborto en Argentina como en otros países. Por ejemplo, recuerdo estar en Buenos Aires, y participar en la campaña contra el gobierno brasileño que intentó evitar que una niña de 10 años (violada por su tío durante cuatro años), tuviera acceso a un aborto. Después de una fuerte presión local, regional e internacional, la niña pudo acceder a un aborto seguro. Otro ejemplo de esa actuación local e internacional es el reciente lanzamiento de la Red Compañera, formada por organizaciones de 15 países latinoamericanos para apoyar y acompañar a las personas que buscan acceder a un aborto.

Formas innovadoras de intervención física

Sin embargo, no todo fue virtual. La Marea Verde también protagonizó intervenciones en la ciudad. El 28 de mayo de 2020, las calles de Buenos Aires fueron tomadas por el color verde. La Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito cumplía 15 años y, como no se podía celebrar en las calles, la Marea Verde cubrió la ciudad de carteles exigiendo la legalización del aborto. La Marea Verde también organizó acciones en las que pudimos participar desde casa (por ejemplo, cacerolazos, banderolazos, etc.). En noviembre de 2020, al final de la cuarentena de 234 días, las activistas organizaron caravanas de automóviles, bicicletas y motocicletas (respetando el distanciamiento social) para exigir la aprobación del proyecto de ley de aborto.

Durante todo el lockdown, la Marea Verde utilizó estas estrategias adaptadas para mantener el debate sobre el aborto en la agenda política y social, y presionar al Congreso para que haga que el aborto sea legal, seguro y gratuito para cualquier persona con capacidad de gestar. Desde que se aprobó la ley del aborto, la Marea Verde ha seguido trabajando para que la ley sea una realidad para todxs en el país. El 28 de mayo de 2021, el gobierno federal emitió un protocolo de 100 páginas que detalla y aborda todos los aspectos de la implementación de la ley.

La legalización del aborto en Argentina muestra cómo la resiliencia, la perseverancia y las estrategias adaptadas por los movimientos feministas nos inspiran a seguir presionando hasta que Ni Una Menos se convierta en una realidad.

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