Pero en el trasfondo de las intervenciones, atravesándolas como un hilo conductor, se encontraba una pregunta de vieja data que ha cobrado nueva importancia en la medida que se intensifica la competencia entre Estados Unidos y China por el liderazgo global: ¿tienen los países de ALC la capacidad y la intención de impulsar mecanismos de integración regional que avancen sus intereses de autonomía y desarrollo?
Los polos de la integración regional
Como sostiene Raúl Bernal-Meza, los intentos históricos de integración en las Américas han oscilado entre dos extremos, cada uno con su propia lógica: aquellos liderados por EE.UU., y los que lo excluyen (así como a Canadá). Puesto de otra manera, y como lo describió Nicolás Maduro en la cumbre de la CELAC, estas dos posturas encarnan “la vieja contradicción del monroísmo y el bolivarianismo”.
Al respecto, el trabajo de Thomas O’Keefe muestra cómo desde la presidencia de George W. Bush Jr. y hasta hace unos años, el progresivo declive de la dominación y liderazgo estadounidense en la región, así como la profundización de los lazos de los países de ALC con China, impulsaron nuevos esfuerzos de integración regional en el estilo bolivariano que intencionalmente excluyeron a Washington y pusieron sus miras en otras regiones del mundo. Acá sobresale la creación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la CELAC(1).