democraciaAbierta: Opinion

Necesitamos una respuesta a la Covid-19 construída de la mano de comunidades indígenas

Garantizar la salud de la humanidad y el planeta requiere un esfuerzo consolidado que reconozca e incorpore la visión de aquellos que han protegido la naturaleza durante tanto tiempo. English

Alex McAnarney Viviana Krsticevic
27 May 2020
Lucas Silva/DPA/PA Images

La avalancha de enfermedades como la viruela y la gripe, traída por las potencias europeas del siglo XV, combinadas con la esclavitud y el genocidio, diezmaron a las poblaciones indígenas en todo el continente americano. Hoy, se estima que hay 826 grupos indígenas en la región, con una población total de 45 millones de personas. Lamentablemente, el continuo desprecio por los pueblos indígenas en las respuestas de muchos gobiernos al nuevo coronavirus podría colocar a los que quedan al borde de la extinción.

Si bien ya se enfrentan a una escasez de información accesible al idioma y atención médica apropiada para la cultura, muchos grupos indígenas continúan lidiando con amenazas a sus tierras y medios de subsistencia durante esta crisis de salud. En Brasil, la deforestación en el Amazonas se está acelerando a pesar de la pandemia. Mientras tanto, los casos de coronavirus han aumentado y recientemente le quitaron la vida a un líder indígena. En la región amazónica transfronteriza de Colombia, Ecuador y Perú, por ejemplo, las industrias extractivas continúan saqueando los exuberantes recursos naturales que a menudo se encuentran dentro y protegidos por los territorios nativos. A pesar de las cuarentenas activas en los centros urbanos, los gobiernos de los tres países aún no han emitido moratorias sobre las actividades extractivas; con Ecuador y Colombia, alentando a las empresas a perforar en busca de petróleo y gas para apoyar sus "contribuciones esenciales" a las economías nacionales.

Las empresas más pequeñas, como la tala ilegal y la minería, también siguen siendo una amenaza, ya que contaminan las vías fluviales y destruyen la cobertura vital de los árboles en grandes extensiones de tierra. Mientras tanto, los grupos armados ilegales que se mueven entre Colombia y Ecuador han aumentado su presencia en varias reservas, tratando de tomar el territorio, participando en enfrentamientos agresivos con las comunidades y simultáneamente poniendo a los pueblos indígenas en mayor riesgo de exposición al virus.

Más allá de la Amazonía, otros grupos indígenas están unidos por respuestas inadecuadas a la pandemia. En Paraguay y Chile, los grupos no pueden utilizar plenamente sus territorios y recursos naturales debido a la amenaza que representan la silvicultura y los agronegocios, además de la falta de recursos básicos como alimentos y agua. Estos factores amenazan su capacidad diaria para hacer cumplir las medidas sanitarias. Para muchas de las comunidades mapuche de Chile, el hecho de que el tránsito continúe a lo largo de sus territorios llevó a varios grupos a establecer bloqueos de carreteras, arriesgando la criminalización y el posible contagio. En Nicaragua, donde el Estado ha estado entre los más carentes en la región, no hay información disponible sobre cómo la Covid-19 está afectando a la comunidad miskito y otros grupos indígenas marginados a lo largo de la costa del Caribe. Debido a que muchos de ellos han enfrentado niveles constantes de violencia por parte de madereros y colonos, así como la falta de acceso a servicios básicos de salud y humanos, la falta de respuesta del Estado hace que su situación sea una bomba de tiempo.

En la región amazónica transfronteriza de Colombia, Ecuador y Perú, por ejemplo, las industrias extractivas continúan saqueando los exuberantes recursos naturales que a menudo se encuentran dentro y protegidos por los territorios nativos.

La mecánica del abandono y la exposición varía de un país a otro. En toda la región, la pandemia sirve como un vívido recordatorio de la carga histórica impuesta desde que las primeras oleadas de colonización tocaron las costas del continente americano por patógenos, violencia e indiferencia hacia las poblaciones indígenas.

Además, la Covid-19 ofrece una visión del futuro de cómo podría terminar nuestro mundo si los gobiernos no toman en serio la destrucción del medio ambiente. Cada vez hay más pruebas de que la deforestación y la pérdida de biodiversidad conducen a la propagación de enfermedades zoonóticas. Los ejemplos más contemporáneos incluyen VIH / SIDA, síndrome respiratorio agudo severo (SRAS), ébola y la Covid-19. Si no se implementan mecanismos para poner fin a la invasión humana en el mundo natural, las pandemias derivadas de una interacción inapropiada entre humanos y animales salvajes podrían convertirse en un fenómeno recurrente.

Pero hay esperanza: si consideramos que el 22 por ciento de los territorios indígenas posee casi el 80 por ciento de la biodiversidad del mundo, podemos observar que los pueblos indígenas son críticos para garantizar nuestra salud planetaria. Con frecuencia, son la primera línea de defensa contra la destrucción del medio ambiente. En ese sentido, garantizar la salud de la humanidad y el planeta requiere un esfuerzo consolidado que reconozca e incorpore la visión de aquellos que han protegido la naturaleza durante tanto tiempo, al tiempo que aborde conscientemente las disparidades impuestas sobre ellos a través de siglos de racismo, desigualdad y codicia.

Dada esta urgente necesidad, el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional trabajó con varias organizaciones e individuos que representan a comunidades de todo el hemisferio para emitir una serie de recomendaciones a los Estados que aborden las necesidades específicas de las comunidades indígenas, con plena consideración de las necesidades de las mujeres, niños y ancianos; sus necesidades dietéticas y restricciones; su acceso a servicios básicos como agua, alimentos y atención médica; y si viven en aislamiento voluntario, o no; así como su cosmovisión y búsqueda de una existencia vivida en equilibrio con la naturaleza y el medio ambiente.

En el futuro, los gobiernos y las organizaciones deben trabajar con las comunidades indígenas con la máxima urgencia para desarrollar respuestas regionales y multilaterales que consideren las necesidades interseccionales y diferenciales dentro de los territorios para abordar la pandemia y evitar cualquier daño futuro al medio ambiente que pueda generar una crisis de salud similar. Su participación activa es esencial en el diseño de todas las estrategias a mediano y largo plazo para apoyar su supervivencia, limitar la deforestación y fomentar un ambiente saludable, fortaleciendo así los pilares de nuestra salud planetaria y la supervivencia de la humanidad.

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