A más de nueve meses de la desaparición de 43 y el asesinato de 6 estudiantes de la normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, se han multiplicado en México y el mundo las expresiones de descontento y hartazgo con un sistema que ha permitido que se normalice la violencia en el país. En menos de diez años hay más de 23,000 desaparecidos y 100,000 muertos en el país, pero Ayotzinapa inclinó la balanza. Las movilizaciones sociales dejan clara la inconformidad con la respuesta del gobierno y el anhelo por nuevos espacios y formas de hacer política pero ¿cuáles son los caminos para construirlos?
El reclamo de “vivos se los llevaron, vivos los queremos” sigue vigente ante la falta de credibilidad de las instituciones que quieren cerrar un caso con respuestas incompletas, y que han desatendido miles más. Ayotzinapa despertó la conciencia de que este no es un caso aislado, de la corrupción en todos los niveles que lo ha permitido (de ahí la fuerza del reclamo #FueElEstado) y del hartazgo generalizado con la impunidad y la violencia que impera en el país.