Viajemos de vuelta al fabuloso verano de 2010, cuando miles de activistas marchamos en Viena durante la Conferencia Internacional sobre el SIDA. Agitamos nuestros tarros de cerveza en Stephansplatz al compás de las dulces melodías de Annie Lennox, y exigimos “Los derechos humanos y el VIH/SIDA, ahora más que nunca“. Ese año, ONUSIDA agregó ambiciosos objetivos de derechos humanos a su estrategia “Llegar a cero” para 2011-2015.
Ahora avancemos a 2015. La Comisión ONUSIDA-Lancet pidió, una vez más, medidas ambiciosas de derechos humanos para ayudar a acabar con el SIDA para 2030. Mientras ONUSIDA y El Fondo Mundial diseñan nuevas estrategias y nuevos indicadores, este parece un buen momento para preguntar: ¿cómo vamos?
De hecho, es difícil decirlo, dada la naturaleza desafortunadamente imprecisa de los informes de ONUSIDA sobre sus indicadores de derechos humanos más recientes. Por ejemplo, uno de los objetivos de derechos humanos de 2010 era reducir a la mitad el número de países que aplican leyes y prácticas punitivas en torno a la transmisión de VIH, el comercio sexual, el consumo de drogas o la homosexualidad que obstaculizan las respuestas eficaces.