democraciaAbierta: Opinion

Perú se enfrentará a una lucha entre los extremos

La intensa fragmentación política que sufre Perú gana la primera vuelta de las presidenciales en un clima de radicalización y desconcierto

democracia Abierta
15 April 2021, 3.28pm
Candidato Pedro Castillo en un debate presidencial en marzo de 2021
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REUTERS/Sebastian Castaneda/Alamy Stock Photo

Con solo 19,07% de los votos, el líder sindical y maestro de escuela Pedro Castillo (Perú Libre) ganó la primera vuelta de las elecciones de Perú el último domingo, 11 de abril, mostrando que el verdadero ganador fue la fragmentación política, que presentaba nada menos que 18 candidatos a las presidenciales. Los peruanos consolidaron la polarización en el país al llevar a la excongresista derechista Keiko Fujimori (Fuerza Popular) a la segunda vuelta. La hija del exdictador Alberto Fujimori, que cumple una sentencia en prisión de 25 años por violaciones de derechos humanos, conquistó 13,37% de los votos.

Los candidatos que terminaron en tercero y cuarto lugar no quedaron muy por detrás. El ultraconservador Rafael López Aliaga, de Renovación Popular, y el economista neoliberal Hernando de Soto, de Avanza País, obtuvieron 11,69% y 11,60%, respectivamente. Esto quiere decir que más de 70% de los peruanos votaron en primera vuelta por alguien que no será el presidente de Perú. Pese a eso, Castillo salió ganador en las 16 de las 24 regiones del país. Fujimori, que ha sido imputada por lavado de dinero, ganó en las ocho provincias restantes. Más de 15% de los peruanos votaron nulo o blanco.

El 6 de junio, los peruanos volverán a las urnas en lo que será una batalla electoral entre la izquierda radical y la derecha autoritaria.

Quién apoya a quién en segunda vuelta

Como consecuencia de la fuerte fragmentación, el segundo lugar no había quedado definido en la mañana del lunes, 12 de abril, cuando De Soto aparecía en segundo con cerca de 13,50%. En ese momento, Fujimori propuso que ambos hicieran un acuerdo para “confrontar al populismo y a la izquierda radical” en la segunda vuelta. "Más allá de las diferencias que tengamos, también hay grandes coincidencias", afirmó la candidata del partido Fuerza Popular sobre el veterano economista de Avanza País en declaración ante la prensa. "No importa quién pase a la segunda vuelta, espero que podamos trabajar juntos", afirmó.

Rafael López Aliaga, conocido como Bolsonaro peruano, sorprendió a todos al declarar que apoyaría a Castillo en la segunda vuelta

De esa forma, se puede esperar que De Soto declare apoyo a Fujimori. López Aliaga, conocido como Bolsonaro peruano, sorprendió a todos al declarar que apoyaría a Castillo en la segunda vuelta y pidió a que su electorado hiciera lo mismo, afirmando que ambos coinciden en que son “provida y profamilia”, recogiendo el profundo conservadurismo en cuestiones de derechos sociales que presenta el candidato izquierdista .

“Él recoge la gran angustia de un Perú abandonado (…) hay gente que no tiene vacuna por estos desgraciados, gente que no tiene comida, él recoge esa angustia de las provincias contra Lima”, comentó López Aliaga.

La revancha rural contra la Lima urbana

El ganador Pedro Castillo, que surgió de la humilde provincia andina de Chota, representa las regiones rurales de Perú, históricamente abandonadas por los gobiernos en relación a Lima y el litoral, regiones urbanas y más ricas. El candidato, un outsider de 51 años, llegó a su lugar de votación montado sobre su caballo, subrayando su extracción campesina. Castillo dirigió una campaña antisistema que logró capturar el voto de los rincones más pobres de Perú. De esa forma el candidato, poco conocido en la capital peruana, sacó a la luz el descontento de las clases más humildes y rurales del país – a la vez que puso en evidencia el peso político de esas regiones. La victoria de Castillo en la primera vuelta es, antes que nada, una derrota para el establishment peruano y su clase política.

El conservadurismo saldría ganador sí o sí en las elecciones presidenciales de este año

Castillo, defensor del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, es favorable a políticas amplias de estatización de empresas de los sectores “mineros, gasíferos, petroleros, hidroenergéticos, comunicaciones, entre otros”, afirmando que Perú debe tomar el control de los tres grandes sectores económicos del país: mineros, gasíferos, y petroleros. Esta semana, Castillo, que prometió reemplazar la Constitución del “autogolpe” de Alberto Fujimori, pidió apoyo a los demás partidos de Perú y convocó “a la Policía Nacional, a las Fuerzas Armadas, al gran empresariado a que nos sentemos a conversar, que no se asusten”, para que juntos logren derrotar el fujimorismo.

Al profundo desprestigio de las instituciones peruanas en las dos últimas décadas se suma el reclamo de una nueva constitución que siente las bases de la regeneración democrática del país, pero con esta fragmentación y con el enfrentamiento abierto entre los extremos del espectro político será difícil que se alcance el amplio consenso necesario para arrancar un proceso constitucional.

Ganaron los valores conservadores, pero es necesario un amplio acuerdo

A pesar de representar valores de izquierda en cuestiones referentes a la economía, Castillo defiende valores culturales y sociales muy conservadores, siendo contrario a pautas progresistas como la descriminalización del aborto, temas de diversidad de género, el matrimonio entre personas LGBT y la expansión de derechos civiles, sexuales y sociales. Estos son también valores apoyados en su mayoría por Fujimori – así como por los dos candidatos que quedaron en tercero y cuarto en la primera vuelta. Es decir, el conservadurismo saldría ganador sí o sí en las elecciones presidenciales de este año. “Claramente, el pensamiento conservador, que es también el machismo y el patriarcado, ha salido bien librado en estas elecciones”, dijo la antropóloga feminista Alejandra Ballón.

La sorprendente victoria de Castillo muestra que la mayoría de los peruanos fueron atraídos por un discurso radical en lo que refiere a la política y economía, pero que mantienen los valores conservadores históricamente asociados al país. En junio, los peruanos irán a las urnas más que nada para declarar su preferencia entre dos modelos económicos y estatales completamente divergentes: el estatismo o el mercantilismo. Pero también dirán si quieren apostar por algo nuevo o si prefieren lo que ya conocen.

En cualquier caso, la profunda crisis política que atraviesa el país, y que se reflejó en la tremenda fragmentación vista en la primera vuelta, no va a facilitar los amplios acuerdos necesarios para salir de ella.

El fracaso de la política peruana se refleja en que la presidencia se disputará entre candidatos que no alcanzaron a sumar entre los dos ni un tercio de los apoyos en primera vuelta. Esperemos que las necesarias alianzas de cara a la segunda vuelta traigan el camino de la moderación y de las urgentes reformas constitucionales, y no el de la confrontación y del bloqueo.

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