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PODEMOS en el Debate de las ‘Izquierdas’: Elecciones y Aspiraciones de Cambio en los Tiempos del ‘Fin de la Historia’

Podemos no ha renunciado a formar parte de la izquierda. Simplemente, ha renunciado a fromar parte de esta izquierda que se conforma una y otra vez con perder. English.

Pedro A. Honrubia Hurtado
18 December 2015
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Millares celebran el secundo aniversario del 15-M, Madrid, Mayo 2013. Demotix/Betsabe Donoso. All rights reserved

Mal que nos pese a quienes hemos sido militantes de organizaciones tradicionales de izquierdas desde hace años, lo cierto es que cuando en el estado español, allá por Mayo de 2011, estalló el 15-M, las plazas estaban llenas de gente y las organizaciones revolucionarias vacías de militantes. El capitalismo había hecho un excelente trabajo ideológico y de adoctrinamiento en defensa de sus intereses y las mayorías sociales veían en la izquierda tradicional más a un enemigo que a un aliado. Desde entonces tampoco es que haya cambiado mucho el escenario: las organizaciones revolucionarias siguen prácticamente vacías de militantes y el pueblo apunta su mirada hacia otras opciones de cambio, a izquierdas y derechas, que no pasan por esa vía ideológica ‘tradicional’.

Un pueblo, en el contexto de un régimen liberal-burgués que pone en juego la disputa de su gobierno mediante unas elecciones democráticas, podrá avanzar en sus aspiraciones de cambio hasta donde tal pueblo quiera y permita mediante tales elecciones, no más allá. Las limitaciones para llegar a crear un proyecto de mayorías desde los planteamientos clásicos de la izquierda tradicional - capaz de ganar una de esas elecciones- son obvias. No es culpa de PODEMOS, podemos asegurar, eso de que la izquierda haya sido ideológicamente derrotada.

Es más, desde 1989 en adelante, la izquierda trató de luchar, desde sus esquemas clásicos, contra esa negación de la lucha de clases que imponía la nueva ideología neoliberal hegemónica y dominante, luchar contra esa visión mayoritaria del ‘fin de la historia’, en términos de Fukuyama, como mito por excelencia del capitalismo, siendo una y otra vez derrotada en su intento. Lo intentó, lo intentó de múltiples maneras y los resultados fueron esos: organizaciones cada vez más vacías de militantes, con un escaso peso social real y una nula capacidad de influir en la vida política de los estados,  a una misma vez que el malestar de la calle, generado por la propia dinámica neoliberal como consecuencia directa e inevitable de la misma, poco a poco iba desplazándose hacia otros escenarios políticos ‘nuevos’ y hacia la búsqueda de otros tipos de salidas que ya no pasaban por las grandes utopías que eran propias y características de la vieja izquierda. Postmodernidad política.

No es culpa de PODEMOS, pues, ese estado de hechos en el que hemos vivido durante las últimas décadas y en el que, para nuestra desgracia, seguimos viviendo. En todo caso PODEMOS sería un resultado directo de ello: un nuevo actor político que nace de ello y que, como actor presente y del presente, pero hijo de la propia historia de la izquierda y de la evolución política misma en nuestra sociedad vigente, incide sobre ello. PODEMOS, lo han dicho repetidamente sus dirigentes, no nació para ser una fuerza testimonial, nació para ganar, y ello implica saber adaptarse tanto al contexto histórico existente como al propio ‘sentido común’ de época desde el que las grandes mayorías interpretan el mundo que los rodea.

Salir de donde estamos ahora mismo, de la situación de debilidad en la que nos encontramos las fuerzas populares, de este sistema injusto que tanto daño genera, no se hará por meros buenos deseos ni por muy buenas intenciones que tengamos, sino por tener la capacidad de generar conciencia de cambio en las mayorías sociales. Algo que, como nos ha enseñado la historia, se genera desde la propia evolución de las luchas que seamos capaces de llevar a cabo (material e ideológicamente), con sus victorias y sus fracasos, sus avances y sus retrocesos, sus proyectos que nacen y sus proyectos que mueren.

Pedirle a PODEMOS que, por sí mismo, sea capaz de superar las limitaciones propias de nuestro tiempo, esas que la hegemonía neoliberal, con sus grandes medios de propaganda, ha sabido imponer como dominantes socialmente, es pedirle un imposible, o, lo que viene a ser lo mismo, es como pedirle que renuncie a ganar y se conforme con ser una fuerza residual. Vivimos en el mundo que vivimos, tenemos las sociedades que tenemos, y las limitaciones son muchas para llegar hasta una situación de victoria. PODEMOS no ha renunciado a ser de izquierdas, PODEMOS, simplemente, ha renunciado a ser de esa izquierda que se conforma con perder una vez tras otra. Lo cual no es garantía de victoria, pero sí, al menos, es garantía de luchar por esa victoria con aspiraciones.

PODEMOS ha logrado instaurar esa ilusión por la victoria en el estado español y eso ya, en sí mismo, es una victoria ideológica importante. El simple hecho de que ahora exista la posibilidad de pensar que es posible vencer a los viejos partidos del régimen, desde planteamientos nacional-populares, populistas de izquierdas, en unas elecciones, es una victoria frente al inmovilismo tradicional de la política española. Y aunque moleste decirlo, también frente el inmovilismo de esa izquierda que fue derrotada por la historia y que no ha querido, no ha sabido o no ha podido darse cuenta hasta ahora. PODEMOS tal vez pueda o tal vez no, tal vez logre ganar o tal vez no,  la izquierda tradicional, al menos en estos momentos y en este estado de hechos, es absolutamente imposible que pueda ganar. Aceptémoslo. No convirtamos la izquierda en una fe, en una especie de secta religiosa que se conforma con ser fiel a sus dogmas una y otra vez, aunque sea absolutamente incapaz de alcanzar sus objetivos. 

Juguemos con las reglas que ha impuesto el ‘adversario’ (no nos queda más remedio), juguemos en sus campos y en sus tableros, pero no juguemos a un juego de poder en el cual ya estamos derrotados antes de empezar el juego. Gramsci-Lenin-Gramsci, que diría García Linera. Asumamos que el ‘sentido común’ está en manos del ‘enemigo’, luchemos por modificarlo o, cuando menos, por llevarlo hacia posiciones más favorables a nuestros intereses políticos, tratar igualmente de convertir eso, en cuanto se pueda, en fuerza electoral y, con tal fuerza, golpear hasta derrotar en las urnas al ‘enemigo’ y sacarlo del gobierno, para volver entonces, desde ese escenario, a construir hegemonía cultural que nos permita revalorizar lo que tal enemigo había derrotado en el pasado: los valores tradicionales de la izquierda y su influencia masiva en la vida de las personas. Las grandes utopías.

Debemos tener capacidad táctica para analizar la situación presente, planificar los movimientos a seguir con la vista puesta no el siguiente movimiento sino en el conjunto de la partida, saber detectar así las contradicciones vivientes del adversario y aprovecharlas para debilitarlo, pero con capacidad también de golpear con fuerza cuando sea necesario y, sobre todo, saber poner en marcha una estrategia capaz de maximizar nuestras ganancias políticas dado el conocimiento que ya tenemos de las estrategias políticas que ponen en liza los otros actores políticos a los que debemos enfrentarnos (y las que creamos que pueda usar en un futuro). Ese es el modelo a seguir, el modelo que han usado en América Latina desde el ‘Caracazo’ en adelante. Una suma de ajedrez, boxeo y teoría de juegos. La política en el estado español no nació con PODEMOS, pero tampoco acaba con estas elecciones generales.

A este sistema criminal, desde nuestra actual situación de evidente debilidad y falta de apoyos sociales masivos, no podremos golpearlo si primero no hemos movido correctamente nuestras piezas para posicionarlas estratégicamente de cara al futuro y las próximas batallas, políticas e ideológicas, que están por venir, y, a su vez, de nada servirá hacer pequeños buenos movimientos así si no nos sirven luego para poder golpearlo en algún momento a causa de no haber elaborado una correcta estrategia de largo plazo sobre la base de las propias estrategias conocidas que el sistema pone en juego cotidianamente. Y el sistema ha puesto en juego, nos guste más o nos guste menos, su carta de la ‘derrota de la izquierda’, es decir, el saber que la mayoría de la gente sitúa fuera de la ‘normalidad democrática’ todo lo que tenga que ver con la izquierda revolucionaria clásica, y que en sus propias formas de vida los valores de la izquierda apenas tienen cabida. Respondamos, pues, sabiendo que el enemigo maneja esa carta entre sus manos y adelantémonos a los movimientos que sobre la misma hará para atacarnos y para defenderse. PODEMOS lo ha sabido hacer y esa es una gran lección para el conjunto de las izquierdas en el estado español, independientemente de que gane ahora o no.

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