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¿Por qué perdió la izquierda en Argentina?

Los voceros del oficialismo nunca dejaron de mantener un estilo duro y confrontativo que, en estas elecciones, resultó ser extemporáneo. Macri debe ahora saber administrar su ajustada victoria respetando los logros del kirchnerismo. English. Português.

Agustin Rossi
14 December 2015
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Asunción de Mauricio Macri - 10/12/2015. Magalí Iglesias/Flickr. Some rights reserved.

Muchas explicaciones se han ofrecido acerca de la sorprendente derrota del Frente Para la Victoria (FpV, una coalición de centro izquierda fundada por Néstor y Cristina Kirchner con raíces en el movimiento político fundado por Juan Perón) en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales argentinas de 2015 frente a la coalición Cambiemos (una coalición de centro derecha encabezada por el ex Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Mauricio Macri, heredero de la fortuna Macri). Considerando que esas explicaciones son insuficientes, aquí se argumenta que el motivo por el cual el FpV perdió las elecciones es porque no comprendió que la sociedad argentina estaba cansada del tono duro y confrontativo que caracterizó a los gobiernos del FpV, y pedía un cambio de tono y estilo a su Ejecutivo.

La inesperada promesa electoral de Cambiemos de mantener las políticas económicas y sociales claves de la última década demuestra que la gente estaba generalmente satisfecha con las transformaciones introducidas por los gobiernos de  Néstor y Cristina Kirchner. En consecuencia, a pesar de haber ganado las elecciones, Cambiemos no ha ganado un mandato para revertir las transformaciones económicas y sociales de los años de los Kirchner, a las que tanto se opuso y criticó Macri en los últimos diez años.

Hay ocho explicaciones principales de por qué perdió el FpV o ganó Cambiemos. Primero, que la gente se cansó de Cristina Kirchner. Segundo, que la gente votó en contra de las denuncias y sospechas de corrupción que afectaron al FpV. Tercero, que la responsable de la derrota del FpV fue la marcha de la economía. Cuarto, que fue una victoria de los conglomerados de medios opositores al FpV. Quinto, que las primarias dejaron a un FpV dividido internamente. Sexto, que el candidato del FpV Daniel Scioli no representaba la esencia del proyecto kirchnernista. Séptimo, que Cambiemos representaba el cambio natural demandado por el pueblo argentino. Y octavo, que simplemente, los votantes estaban en contra de las principales políticas sociales de los gobiernos FpV y pedían un cambio.

Sin embargo, todas esas explicaciones son insuficientes. Primero, Cristina Fernández deja el poder con más del 50% de imagen positiva, siendo en términos comparados la Presidenta saliente más popular, sólo detrás de su fallecido marido Néstor Kirchner. Segundo, las acusaciones de corrupción acompañaron por igual a Cambiemos y el FpV -habiendo incluso renunciado en plena campaña por casos de corrupción el cabeza de lista de diputados de Cambiemos por la Provincia de Buenos Aires, Fernando Niembro. Tercero, las expectativas económicas personales del 65% de los argentinos son positivas y el desempleo y la pobreza se encuentran en mínimos históricos. Cuarto, el liderazgo indiscutible de la Presidenta Cristina Kirchner dentro del FpV no dio lugar a confrontaciones dentro del oficialismo, que se presentó a las elecciones sin siquiera ir a primarias. Quinto, frente a los medios opositores, el oficialismo contaba no sólo con medios aliados y periodistas militantes, pero también con la penetrante presencia del mensaje oficial en el monopolio público de las transmisiones televisivas de la liga argentina de futbol Fútbol Para Todos –recursos que los otros gobiernos progresistas de la región sólo pueden soñar con tener-. Sexto, Daniel Scioli, vice-Presidente de Néstor Kirchner y dos veces Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, es de los pocos políticos de permanente visibilidad pública que se encuentran alineados con el oficialismo desde el pase del kirchernismo a la escena nacional en 2002. Séptimo, un fraccionado PRO, el partido eje de Cambiemos, estuvo a punto de perder su bastión en la Ciudad de Buenos Aires en las elecciones de Jefe de Gobierno de este año, y no había logrado hasta este 2015 expandirse más allá de la ciudad más rica de la Argentina. Finalmente, el mismo Mauricio Macri hizo un giro hacia el peronismo kirchernista tras las elecciones PASO (primarias abiertas simultáneas y obligatorias), prometiendo mantener los principales ejes sociales y económicos del oficialismo en caso de ser elegido y llegando incluso a inaugurar la primera estatua en honor al General Perón de la Ciudad de Buenos Aires.

El motivo principal por el cual el FpV pierde las elecciones presidenciales por escasos 700 mil votos es por no saber, poder, o querer ofrecer el cambio de tono y formas en el discurso público que la sociedad demandaba. Curiosa y fatalmente, Scioli no logra trasladar a la campaña del FpV su mayor capital político en la última década: su capacidad de diálogo y entendimiento. Así, si bien Scioli se mantuvo como una figura dialogante dentro del FpV, su voz terminó siendo tapada por un coro oficialista que mantenía el duro estilo confrontativo que caracterizó al kirchernismo. Ese tono, que demostró ser el atinado en las tres últimas elecciones presidenciales, no era el que la mayoría gente quería escuchar al sentirse ya lejos de la crisis económica, social y política de 2001. El tono duro y confrontativo del kirchnerismo sirvió para realizar las difíciles reformas que lograron poner en pie a Argentina, pero dejó de servir una vez que la gente se olvidó que hasta hace poco estuvimos en el borde del abismo.

Tras casi perder su bastión en la Ciudad de Buenos Aires ante uno de los ex-Ministros de economía de Cristina Kirchner nombrado Embajador ante los Estados Unidos por el nuevo Presidente, Martín Losteau, Cambiemos giró a abrazar la base fundamental del modelo económico y social kirchernista prometiendo la continuidad de los planes sociales y la no privatización de las empresas públicas. Inteligentemente, Macri quitó del foco público a aquellos voceros y políticos de su espacio que pudieran evidenciar las infinitas contradicciones de ese giro retórico. Finalmente, encumbraban el giro estratégico de Macri, promesas de diálogo y entendimiento que pondrían fin al tono confrontativo del oficialismo saliente. Conviene notar cómo el gabinete anunciado por Macri, plagado de aquellos voceros silenciados, demuestra que el giro retórico electoral de Cambiemos fue simplemente eso: retórico y electoral. Por ejemplo, por primera vez en una década, el recientemente nombrado Ministro de Finanzas anunció que el Tesoro de Estados Unidos ha sido informado del plan económico del nuevo Presidente antes que el Congreso nacional.

Las ofertas electorales del FpV y Cambiemos demuestran que la mayoría de los votantes quieren la continuidad de las políticas sociales y económicas fundamentales del kirchernismo. Por eso en el eje de las propuestas, el oficialismo queda a traspié. Así, el oficialismo no comprendió a tiempo el alcance del giro kirchernista de Macri y siguió confrontando en un eje en el cual ya no había oposición retórica, el del modelo económico y social.

En consonancia, el segundo error del oficialismo fue no saber comprender a tiempo las implicaciones la oferta de cambio de tono hecha por Cambiemos en campaña. Macri, quien hasta hace unos pocos años tenía una imagen positiva de tan solo 13% a nivel nacional y quien en 2010 había bromeado con la necesidad de tirar al ex Presidente Néstor Kirchner por la ventana de un tren para ganar las elecciones, propuso que lo que se elegía en estas elecciones era qué tonos y formas quería Argentina para su ejecutivo, y no las conquistas sociales y económicas de los últimos años. Macri propuso diálogo, entendimiento y el fin de la confrontación. Irónicamente, Scioli era, de entre los oficialistas, quien mejor había sido moverse siempre en ese eje. Pero no supo interpretarlo cuando más crucial era.

Por voluntad, liderazgo o error, Scioli no logró imponer el “estilo Scioli” a la campaña del FpV. Los voceros tradicionales del oficialismo nunca dejaron de mantener un estilo duro y confrontativo que demostró en estas elecciones ser extemporáneo. Por eso perdió el FpV.

Dos conclusiones acompañan las líneas precedentes. Primero, que mantener el tono duro y confrontativo sólo ayudará al FpV a mantener a su base más movilizada. Segundo, que Macri ganó un mandato prometiendo no cambiar muchas de las políticas que durante diez años explicó había que cambiar, y que su legitimidad para reformas más profundas está, entonces, limitada.     

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