La vida en la Tierra, nuestro único hogar, está cambiando a un ritmo acelerado, y no necesariamente para bien. La pérdida de la biodiversidad, el cambio climático, la escasez de agua dulce, la contaminación, la deforestación, la desertificación y la degradación de los suelos son las mayores amenazas para un planeta que es vida en sí mismo.
Este deterioro planetario es un hecho que dejó de ser solamente una noticia de cuando en cuando y se convirtió en un llamado, cada vez más universal e insistente, a unir esfuerzos colectivos y globales para construir, desde ya, nuevas formas de habitar este planeta. Ante este llamado urgente, el multilateralismo es un camino para potenciar acciones de común acuerdo entre gobiernos, países y otros actores que lideren la transformación de nuestros modos de vida y que fortalezcan, al mismo tiempo, la conservación de la naturaleza.
Las bases de la acción colectiva internacional por el medio ambiente
Los esfuerzos para la conservación de la naturaleza iniciaron hace más de un siglo con la fundación de organizaciones como la Fundación Zoológica de Frankfurt, Alemania, en 1858, y la Wildlife Conservation Society en Estados Unidos, en 1895, con el objetivo de proteger y conservar los ecosistemas y la biodiversidad silvestres. Ya en el siglo XX, el apoyo entre organizaciones y países aumentó con la creación, entre otras, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en 1948 en Francia, la primera unión medioambiental mundial que reunió a gobiernos y organizaciones de la sociedad civil en torno a la protección de la naturaleza; el World Wildlife Fund (WWF) en 1961 en Suiza, y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en 1972, que se considera la principal autoridad ambiental a nivel mundial.