Para demasiados ciudadanos centroamericanos, no hay futuro en su propio país, y el presente se hace insoportable. A la precariedad económica, corrupción gubernamental, crimen, violencia extrema y desamparo absoluto como consecuencia del cambio climático se sumó una pandemia que devastó a los habitantes del Triángulo Norte, El Salvador, Guatemala y Honduras, e hizo que sus habitantes decidieran emprender un camino incierto hacia un punto de luz al final del túnel: los Estados Unidos de América.

Durante semanas enteras, sin calzado ni ropa apropiada, atravesando el vasto territorio mexicano muchas veces a más de 30ºC, sin apenas agua ni comida, los migrantes que llegan a la frontera norte lo hacen exhaustos y desamparados.