democraciaAbierta: Investigation

Pueblos colombianos olvidados por el Estado

En medio de una pandemia sin control, dos pueblos colombianos piden que les den lo básico: agua y salud. Esta es su historia.

Juanita Rico
21 junio 2021, 12.00am
Nueva Venecia, pueblo palafito de la Ciénaga Grande en Colombia.
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Fundación Palafitos de Colombia.

Durante 13 años Jennifer Corrales Mendoza vivió en Nueva Venecia, uno de los tres pueblos palafitos en Colombia, ubicados en la Ciénaga Grande.

Los palafitos son pueblos en donde las casas están construidas en estacas sobre el agua. Por eso, se los conoce como pueblos anfibios de los que hay pocos en el mundo. En Colombia solo hay tres: Nueva Venecia, Trojas de Cataca y Buenavista, todos en la Ciénaga que no solo es un humedal Ramsar, sino reserva de la biósfera, según la Unesco. La Ciénaga está al norte de Colombia y hace parte del sistema acuífero del Río Magdalena. Es muy importante porque actúa como el riñon del Magdalena, filtrando agua dulce que permite que los ecosistema de peces y de mangle se mantenagn saludables.

Nueva Venecia, donde vivía Jennifer, es un lugar lleno de necesidades. No hay acueducto, las vías de acceso son remotas y , por años, el puesto de salud solo funcionaba unas cuantas horas al día de lunes a sábado.

Según Felix Robert, director de la fundación Palafitos, "Jennifer no es la primera menor en morir. Después de la masacre, un menor también murió por falta de una bala de oxígeno".

Violencia y olvido

El 22 de noviembre de 2000, 70 paramilitares del Bloque Norte entraron a Nueva Venecia y mataron a más de 30 pescadores. En las versiones libres que han dado jefes paramilitares como Jorge 40 después de desmovilizarse, han dicho que lo hicieron porque tenían filiación con la guerrilla de las FARC. Los habitantes de Nueva Venecia, sin embargo, lo niegan hasta hoy.

Entre 2002 y 2003 los sitinueveros, como llaman a los habitantes del lugar, volvieron a sus casas sobre el agua. Sin embargo, a diferencia de otros lugares de Colombia que han sido el escenario de masacres, Nueva Venecia ha recibido poca atención por parte del Estado para su reconstrucción. "Cuando Ernesto Samper fue presidente trajo la luz al pueblo, pero aparte de eso, nada", afirma Robert.

Entre esas precariedades la principal siempre fue no contar con un puesto de salud que atendiera las 24 horas

Entre esas precariedades la principal siempre fue no contar con un puesto de salud que atendiera las 24 horas. Al ser un pueblo cien por ciento sobre el agua, alejado de cualquier otro lugar habitado, Nueva Venecia es un paraíso, pero también un lugar de riesgo para alguien que tenga una urgencia médica.

Ese miedo se hizo realidad el 22 de mayo cuando, en las horas de la noche, después de hacer la primera comunión, Jennifer Corrales, se mareó, vomitó y broncoaspiró. Al no tener un puesto con atención continua y alguna forma de trasladarla desde su casa al puesto de salud, no hubo forma de salvarla.

La reverenda Sonia Sánchez, lideresa sitinuebera, afirma que "aquí nos dejaron una lancha más o menos en 2006 para usarla como lancha-ambulancia, sin embargo, se pudrió porque nadie, ni la gobernación, nos puso la gasolina para usarla".

A raíz de la muerte de Jennifer la Secretaría departamental de salud adelantó una investigación en conjunto con el gerente del hospital de Sitio Nuevo para verificar las razones de su muerte. También le dieron apoyo psicosocial a la familia y se comprometieron a pagar un grupo de profesionales, un médico y dos enfermeras, que atienden el puesto de salud las 24 horas.

"Lo triste es que se necesitó que se muriera una niña para que hicieran algo. Aquí es así, o nos morimos o no pasa nada", dice Sonia.

"Lo triste es que se necesitó que se muriera una niña para que hicieran algo. Aquí es así, o nos morimos o no pasa nada", dice Sonia.

Los habitantes de Nueva Venecia llevan más de 22 años pidiendo que el puesto tuviera atención ininterrumpida.

Tanto en Nueva Venecia como en Buenavista, los dos pueblos palafitos habitados de la Ciénaga, sus habitantes viven en circunstancias de pobreza extrema ya que, si bien sobreviven de la pesca, su sustento depende absolutamente de las condiciones climáticas de la región. A eso se suma que al pueblo solo se puede llegar en lancha después de un trayecto de aproximadamente 40 minutos desde Sitio Nuevo.

La situación de salud ha sido tan precaria, que desde hace más de diez años si algún sitionuevero necesitaba ir a hacerse un procedimiento o examen médico de urgencia, tenía que pedir una "orden de colecta" que es una orden que emite el inspector de policía en la que certifica que no tiene los recursos para movilizarse y le permite hacer una colecta entre sus conocidos para lograrlo.

"Hasta ahora nos miran, pero lo cierto es que a nosotros nos falló el Estado, el departamento del Magdalena y la Gobernación", dice Sonia.

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Puesto de salud de Nueva Venecia. | Fundación Palafitos de Colombia.

Y tiene razón. Aunque la muerte de Jennifer tuvo como resultado que ahora Nueva Venecia tenga un puesto de salud con atención las 24 horas, todavía hay dos vacíos que el Estado debe reparar: la falta de acueducto y la falta de reparación a las víctimas de la masacre.

En el año 2012, el Tribunal Administrativo del Magdalena le ordenó a la Nación que pidiera disculpas públicas a los familiares de las víctimas de esta masacre. Se comprobó en ese fallo que el Estado incurrió en graves omisiones al no proteger a la comunidad, pese a la existencia de serias amenazas que indicaban que grupos paramilitares iban a arremeter contra la población. A esto se suma que en 2020, 20 años después de la masacre, lo único que había recibido el pueblo era la lancha ambulancia que no se usaba. Aunque Muchos habitantes han solicitado una carta cheque, un monto de dinero que el Estado debe entregarles como víctimas del conflicto armado, menos de 5 lo han recibido.

Playa y riqueza, pero no para todos

Otra situación similar a la de Nueva Venecia se vive en uno de los destinos más importantes para el turismo en Colombia: Barú.

Ubicada a 45 minutos en carro desde Cartagena, Barú es una península hecha de playas blancas, perfecta para los turistas.

Playa Blanca, la playa principal de Barú, puede recibir hasta 10.250 turistas al día en temporada alta, los réditos del turismo, sin embargo, no se reflejan en la situación de las comunidades.

Playa Blanca en Barú.
Playa Blanca en Barú. | Shutterstock.

Al igual que en Nueva Venecia, aunque viven cerca al mar, los barulleros, como se conoce á los habitantes de Barú, no tienen agua potable. Desde las 7 de la mañana adultos, jóvenes y niños salen de sus casas para sentarse en un muro debajo de un árbol donde llenan pimpinas (botellas de barro) con agua para poder usarla para sus necesidades básicas durante el día. En total llenan más de 100 pimpinas con las que se abastecen.

"Con la llegada del Coronavirus la Alcaldía nos hizo un compromiso, a través de una consulta previa, de traer el agua" dice Víctir Fuentes, miembro del Consejo Comunitario de Barú. Promesa que, a la fecha, no se ha cumplido.

A este problema se suma la inexistencia de un puesto de salud. Lo más cercano que tienen los barulleros si se enferman es la clínica de Santa Ana, en la carretera vía Barú. Eso significa que, como en Nueva Venecia, si alguien se enferma de urgencia, puede morirse en el trayecto hacia la clínica.

La historia se remonta a 2014, cuando se suspendió el puesto de salud para reconstruirlo. Según Fuentes, "En ese momento perdimos la plata de la red hospitalaria y nadie respondió por eso". Lo último que supieron del proceso para reactivar la construcción del puesto fue que faltaba la firma del alcalde de Cartagena, William Dau Chamatm en el acta de inicio de la obra.

Frente a esta situación, la Secretaría de Infraestructura afirmó que las obras se reactivarán la primera quincena de julio y que el puesto comenzará a funcionar en noviembre de este año.

Hoteles de lujo y fundaciones

En 2018 se abrió el hotel "Las Islas" del dueño de Aviatur, una de las agencias de viajes más grandes de América Latina, Jean claude Bessudo.

Bessudo adquirió el terreno para construir su hotel de lujo en 1986 e invierte 66 millones de dólares para construir 55 bungalows con acceso privilegiado al mar.

En 2014, el complejo hotelero obtuvo luz verde en términos ambientales y sociales por medio de un mecanismo de consulta previa con las comunidades. De la mano del megahotel, Bessudo creó Somos Barú, una asociación que busca recoger dinero para invertirlo en proyectos sociales.

Hotel
Hotel "Las Islas" en Barú. | Página Hotel Las Islas.

A la fecha, sin embargo, la inversión más alta de "Somos Barú" ha sido anunciar que construirá la estación de policía del corregimiento.

Ante la mirada de cientos de baruleros, los directivos de la asociación anunciaron en octubre de 2020,en plena pandemia, que donarán la remodelación de la nueva estación de policía con un acto simbólico en el que descubrieron la primera piedra del proyecto.

“Hoy estamos celebrando la instalación de la primera piedra en la cual construiremos la subestación de policía para Barú" dijo ese día Ángela María Matiz, representante legal de Somos Barú. Matiz añadió que era "una manera de reivindicar al pueblo y nuestros vecinos las cosas buenas que han hecho por nosotros, al igual que a la fuerza pública, que tiene unas condiciones deplorables en su estación de policía”.

La noticia no cayó bien entre los baruleros. "¿Por qué reconstruyen un puesto de policía en vez de ayudar a las comunidades, especialmente en pandemia? " pregunta Víctor Fuentes. Hasta ahora, Somos Barú continúa con la reconstrucción del puesto de policía y no se ha manifestado ante los reclamos de la comunidad.

Un Estado ausente

Tanto Nueva Venecia como Barú son ejemplos del olvido estatal en Colombia. Aunque organizaciones como Somos Barú deben atender su vocación social y entender cuáles son las necesidades urgentes de las comunidades, es deber del Estado suplir estas necesidades básicas.

Son realidades como las de estas dos comunidades las que han hecho que, el último mes y medio, los colombianos salgan a la calle a protestar. Hoy, en medio de una pandemia desbocada y un proceso de vacunación lento, los sitionueveros y los baruleros esperan, como muchas comunidades del país, que el Estado les responda y subsane deudas históricas.

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