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¿Qué tiene que ver el Zika con la desigualdad? Todo.

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Los defensores de los derechos de las mujeres están utilizando el miedo que rodea al virus Zika para luchar por un mejor acceso al control de la natalidad, pero en Latinoamérica, los problemas son mucho más profundos. English

Rachel Schmidt
9 February 2016

En la región andina de Latinoamérica, más de un millón de adolescentes se embarazan cada año. Ecuador en particular tiene las tasas de embarazo en la adolescencia más altas en Sudamérica: el 21 % de las jóvenes dan a luz antes de cumplir 18 años de edad. Además, a pesar de que el uso de anticonceptivos creció de manera considerable, las tasas de fertilidad en adolescentes a lo largo de Ecuador de hecho han aumentado. Estas elevadas tasas de embarazo en la adolescencia resultan particularmente problemáticas si tomamos en cuenta que a finales del mes pasado los funcionarios de Colombia, El Salvador, Ecuador y Jamaica emitieron alertas recomendando que las mujeres eviten embarazarse hasta que se tenga más información sobre el virus Zika.

Casi todo el mundo ha escuchado ya sobre el virus Zika, una enfermedad antes poco conocida que se transmite mediante el piquete de un mosquito, la cual ha generado una cobertura mediática generalizada y fue catalogada como una “emergencia de salud pública de importancia internacional” por la Organización Mundial de Salud. El Zika no había sido un problema a nivel mundial sino hasta ahora, ya que por lo general, los síntomas son muy leves y no requieren un tratamiento específico. Sin embargo, las sospechas de que el virus puede tener un efecto enorme en el desarrollo fetal, específicamente al causar microcefalia (que los bebés nazcan con cerebros muy pequeños), están generando oleadas de pánico y alertas de viaje en todos los continentes.

Pero en una región en la que está restringido el acceso a los métodos de control de la natalidad, donde los abortos son mayormente ilegales y del 50 al 60 % de los embarazos no son planeados o son por abuso sexual, ¿puede ser sensato recomendarles a las mujeres que retrasen su embarazo durante ocho meses o más? ¿Y qué están haciendo estos gobiernos, si es que están haciendo algo, para ayudar a las mujeres a que retrasen el embarazo, o para responder al hecho de que tantos de estos embarazos les ocurren a menores de edad y a menudo debido a una agresión?

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Press Association/Felipe Dana (All rights reserved)

“In a region where access to birth control is restricted, abortions are largely illegal, and 50-60% of pregnancies are unplanned or due to sexual abuse, how is asking women to delay pregnancy a reasonable recommendation?”


Aunque los medios y el público en general concluyeron que el Zika causa microcefalia directamente, los científicos en realidad aún no han llegado a una conclusión definitiva. La correlación no significa causación. Pero como la afección es muy poco común y Brasil ya documentó cerca de 4,000 casos (404 confirmados como microcefalia) que coincidieron con un aumento en las infecciones de Zika, los expertos decidieron que definitivamente más vale pecar por exceso de precaución.

El Zika, entonces, no es solamente una cuestión de salud pública o incluso de derechos reproductivos. Es una cuestión de desigualdad: desigualdad de poder, de acceso, de ingresos y de educación. Pero en Ecuador muchas mujeres, las jóvenes en particular, no tienen la capacidad de seguir estas recomendaciones. Como en muchos otros países andinos, las tasas de fertilidad en adolescentes en Ecuador son mucho más altas para las muchachas que para los muchachos, de hecho, en la mayoría de los embarazos de adolescentes el padre es un hombre mucho mayor. La violencia doméstica es un problema persistente por todo el país; organizaciones sin fines de lucro informan que el 71 % de las mujeres experimenta alguna clase de violencia de pareja durante su vida. Una trabajadora de ONG a la que entrevisté calculaba que el 90 % de las adolescentes embarazadas que llegaban a su albergue habían sido abusadas sexualmente por un familiar. También hay marcadas diferencias por la condición socio-económica, ya que el 52.3 % de las muchachas analfabetas se embaraza, mientras que entre las que tienen educación secundaria, solo lo hace el 11 %.

El Zika, entonces, no es solamente una cuestión de salud pública o incluso de derechos reproductivos, aunque ciertamente es las dos cosas. Es una cuestión de desigualdad: desigualdad de poder, de acceso, de ingresos y de educación.

Es posible que, a primera vista, a algunas personas les parezca que el Zika no es un problema de derechos humanos. O que si lo es, tiene que ver con los abortos ilegales o el acceso a métodos de control de la natalidad adecuados. Las agrupaciones de derechos de la mujer están aprovechando estos momentos para promover mejores y más sólidos derechos reproductivos, y ciertamente no se equivocan al hacerlo. En 2013, para ayudar a frenar las alarmantes tasas de embarazo en la adolescencia, Ecuador comenzó a ofrecer la pastilla del día siguiente sin costo ni receta en hospitales y centros de salud por todo el país. Pero para acceder a ella, las muchachas primero necesitan saber que existe. Es posible que algunas de ellas ni siquiera puedan ir a una farmacia. Y dado que las tasas de embarazo son considerablemente más altas entre las jóvenes analfabetas o con una condición socio-económica baja, es bastante razonable afirmar que el conocimiento y la educación son obstáculos enormes en este esfuerzo por reducir el embarazo en la adolescencia.

Sin embargo, es posible argumentar que este problema tiene raíces aún más profundas. A los hombres, por ejemplo, no se les pide que hagan nada para evitar el contagio de Zika, aunque ahora hay fuertes evidencias de que el virus se puede transmitir sexualmente y transmitido a traves de la saliva también. En la cultura machista de Latinoamérica y las desequilibradas relaciones sexuales de hombres mayores con muchachas de menor edad (particularmente en situaciones de abuso sexual o en la cultura de pandillas, donde las muchachas suelen ser propiedad sexual), los hombres detentan una buena parte del poder respecto a la prevención de embarazos y la transmisión de esta enfermedad. Pero eso es algo que prácticamente no se discute.

Y luego hay que considerar a los padres. Una trabajadora de ONG, que prefirió mantenerse en el anonimato porque este sigue siendo un tema “objeto de disputas acaloradas”, afirma que aunque los abortos siguen siendo ilegales, con frecuencia los padres obligan a las hijas a tenerlos contra su voluntad. Asimismo, informó que muchas madres están enteradas del abuso sexual familiar, pero alientan a que sus hijas guarden silencio para que la familia pueda tener un lugar en donde vivir.  

Aquí es donde la situación se vuelve aún más complicada. Puede que las adolescentes en Ecuador sepan sobre los métodos de control de la natalidad, e incluso puede ser que tengan alguna idea del Zika y de sus riesgos, pero incluso si tienen la capacidad de evitar embarazarse (que muchas veces no es el caso), una buena cantidad de ellas realmente quieren tener un bebé. Durante mi propia investigación sobre mujeres jóvenes en zonas empobrecidas de Ecuador y Colombia, muchas de las muchachas me comentaron que querían un bebé para poder tener su propia familia; para tener a alguien que nunca las dejara y que “las amara para siempre”. Parecía algo tan sencillo como querer un cachorro: estaban necesitadas de afecto y un bebé era la mejor solución. Muchas de estas jóvenes idealizan la noción del embarazo, incluso si es producto de una violación, y también quieren demostrar que pueden ser mejores madres de lo que fueron las suyas.

Y esto apunta a problemas mucho más profundos de violencia, afecto y familia que no se pueden resolver simplemente con métodos de control de la natalidad. En una sociedad que les ha fallado de una manera tan profunda a sus jóvenes que las muchachas creen que tener un bebé sanará sus propias experiencias de abuso, ¿cómo va a significar algo una advertencia gubernamental sobre la necesidad de retrasar los embarazos?

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