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Quiénes somos, de dónde venimos… ¿a dónde vamos?

Podemos tuvo que reconciliar el entusiasmo de todos aquellos que carecían de experiencia previa en participación política con la experiencia y el sesgo de los que ya procedían de entornos activistas. English.

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Aniversario del 15-M. Demotix/Betsabe Donoso. All rights reserved.

Mucho se ha escrito sobre el nacimiento de Podemos, muchas líneas sobre el 15 de Mayo, y sobre esa bocanada de aire fresco que nos sacó a muchas y muchos a las calles. Mucho se ha divagado y debatido también sobre qué ocurrió con ese movimiento, si desapareció debido al cansancio que supuso el estar aguantando acampadas durante cerca de un mes. Cansancio no sólo físico, sino sobre todo intelectual y político. Mantener en pie las acampadas contra viento y marea fue uno de los ejercicios más duros a los que creo que hasta ese momento nos habíamos enfrentado los que nacimos en la década de los ochenta y noventa. Y decidir trasladarlas, que no desactivarlas, a los barrios fue una de las decisiones más complejas a las que nos tuvimos que enfrentar: optar por el pragmatismo de no dejar ver que las acampadas morían de inanición por la vuelta, poco a poco, a la vida normal de las que participábamos allí frente a las ganas de no ceder a las órdenes de quienes nos decían que eso era ocupar ilegalmente la vía pública.

El movimiento 15-M supuso un despertar para muchos, un dejar de vivir en el mundo de la sombras; para otros, que ya veníamos de participar en movimientos más o menos organizados, supuso revolucionar las maneras en las que nos organizábamos y hacíamos política: el intento de asamblearismo radical, la toma de decisiones por consenso en vez de por votación, la necesidad casi estructural de dar voz y participación real a las personas jóvenes. En definitiva, la necesidad de renovar.