
El primer-ministro en funciones de España, Mariano Rajoy, observa el líder de Podemos Pablo Iglesias, durante la segunda ronda del debate de investidura en el Parlamento español, Madrid. 2 de marzo de 2016. Foto AP / Francisco Se
La incertidumbre política sobrevuela España. Las ielecciones de diciembre 2015 produjeron un parlamento fragmentado sin una mayoría viable. El partido en el gobierno, el Partido Popular (PP-conservador), obtuvo 123 de los 350 escaños en el Congreso; Ciudadanos (Cs-liberales) obtuvo 40; el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), 90; Podemos y sus aliados en Cataluña, Valencia y Galicia (izquierda radical), 69; y finalmente “otros” (incluyendo los nacionalistas vascos conservadores y los partidos catalanes pro-independencia), 28. Ante la incapacidad de llegar a un acuerdo – era necesario un pacto entre al menos tres partidos para constituir una mayoría estable –, el país se encamina de nuevo a las urnas. Será la segunda vez en seis meses.
Durante el período de negociaciones, se exploraron varias fórmulas: un gobierno tecnocrático dirigido por independientes; una coalición conservadora (PP + Cs) con la abstención de los socialistas; una Grosse Koalition (PP + PSOE); una coalición de centro-izquierda (PSOE + Cs) con la abstención del PP o de Podemos (esto último, fue lo única se discutió realmente); o una coalición de izquierda (PSOE + Podemos) con la abstención de Cs o bien PSOE + Posemos con el apoyo de los ex-comunistas, y/o los nacionalistas vascos y catalanes.