Al igual que las cicatrices se acumularon en la corteza de las seringueiras (árboles del caucho, Hevea Brasiliensis) a lo largo de la Amazonia, los indígenas cargan sobre su cuerpo heridas profundas, que vienen de muy antiguo. La primera amenaza industrial de dimensión catastrófica que se abatió sobre este territorio fue la fiebre del caucho (de 1879 a 1912), que rompió un frágil equilibrio entre el ser humano y la naturaleza exuberante de la selva, alcanzado con el esfuerzo de siglos de adaptación y simbiosis. La extracción masiva de caucho significó el abuso, la esclavitud e incluso el exterminio de aldeas indígenas enteras.
Hoy, por todas partes, entre los diversos pueblos originarios y demás poblaciones que viven sobre la ribera del río Tapajós y afluentes, se puede observar el daño inmenso que la extracción industrial de sus ricos recursos naturales trajo a sus modos de vida originarios. La modernidad causó la quiebra de su ecosistema, adaptado en equilibrio a esta tierra fértil y la vez salvaje.