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¿Un Bolsonaro uruguayo en octubre?

Por el contexto regional, de una onda conservadora y neoliberal, las elecciones internas son importantes para saber las posibilidades y que tipo de orientación los uruguayos elegirán en octubre. English

Mauricio Vázquez Andrés del Río
16 July 2019
Uruguayan flag. Wikimedia Commons.

La disputa en el Frente Amplio (FA), coalición de izquierdas que gobierna desde 2005, no tuvo mayores sorpresas en su votación. El ingeniero Daniel Martínez, ex intendente de Montevideo fue electo con un 42 por ciento de los votos, superando por amplia ventaja a sus competidores.

La campaña por las internas del Frente Amplio mostró unidad en sus filas, los 4 precandidatos propuestos. Carolina Cosse apoyada por el Movimiento de Participación Popular, Oscar Andrade (Partido Comunista), Mario Bergara (independiente) y Daniel Martínez (Socialista) se mostraron unidos bajo un programa único de gobierno.

Sin embargo las internas dejaron un saldo negativo para el FA: 44.188 votos menos en comparación a la instancia de 2014. Estos resultados están por debajo de las expectativas previstas y hay preocupación por el desempeño electoral de cara a un cuarto gobierno consecutivo después de 15 años de gobierno.

Entre los numerosos desafíos que el Frente Amplio tiene en el horizonte, tres son prioritarios: en primer lugar, lidiar con la erosión producida por estar 15 años en el poder; la segunda, la renovación de las figuras principales, no estando presentes en la interna tanto Tabaré Vázquez, Pepe Mujica y Danilo Astori; la tercera, la expansión de la derecha, del discurso conservador y el neoliberalismo autoritario en todo el cono sur.

La resurrección colorada

En las filas del Partido Colorado, la interna tuvo como protagonistas al experimentado Julio María Sanguinetti, (dos veces presidente del Uruguay) y al economista devenido en político Ernesto Talvi. El economista ganó por amplio margen: un 53,7 por ciento de votos frente a un 32,8 del histórico líder colorado y al 13,3 obtenido por José Amorín Batlle.

Es la primera vez que Ernesto Talvi, un economista de la escuela de Chicago, incursiona en el mundo político partidario con su agrupación Ciudadanos. Su debut, sumado al retorno de Julio María Sanguinetti a la contienda electoral, generó dinamismo a la interna, luego de años de magros resultados en las votaciones. Es que el Partido Colorado parecía destinado a la extinción luego de la crisis financiera, económica y social del 2002, fruto de las políticas neoliberales adoptadas durante la década de los años ochentas y noventas en el Uruguay y la región y a un mal manejo económico.

La fuerza del Partido Nacional

Al Partido Nacional el resultado de las elecciones internas lo deja bien parado de cara a las elecciones nacionales de octubre. Luis Lacalle Pou es abogado y diputado desde el año 2000, hijo del ex presidente Luis Alberto Lacalle (1990-1995) y nieto del líder histórico nacionalista Luis Alberto de Herrera. Obtuvo una clara victoria con el 53 por ciento de los votos.

Atrás quedó su principal contendiente, el empresario devenido en político Juan Sartori, que a pesar de ser un total outsider en el medio, consiguió ser el segundo candidato más votado del partido con un 20 por ciento de los votos. En cambio otro contendiente, el experimentado líder nacionalista Jorge Larrañaga tuvo que conformarse con un 17 por ciento de los sufragios.

El factor Sartori

La interna del Partido Nacional sin dudas fue la más encendida. La que parecía iba a ser una campaña centrada en figuras bien conocidas dentro de las filas partidarias, vio surgir un candidato inesperado.

Según manifestó Sartori, llegó al país con “una nueva forma de hacer política”, colándose dentro de las filas de uno de los partidos políticos más tradicionales y conservadores del país.

Si en Uruguay preguntaban por Juan Sartori a principios de noviembre de 2018, un 99,9 por ciento de los encuestados contestaría que no tenía ni idea de él. Sin embargo eso cambió en cuestión de semanas.

Montando una campaña de expectativa centrada en la utilización de redes sociales como Whatsapp, Facebook, Instagram y también con una fuerte presencia en medios tradicionales, su nombre comenzó a instalarse en el aparentemente predecible panorama político del país.

Presentado como un joven y exitoso empresario alejado del sistema político local, que hizo fortuna en el extranjero, (donde vivió la mayor parte de su vida), Sartori se radicó en Uruguay con su familia días antes de lanzarse como precandidato presidencial por el Partido Nacional. Según manifestó Sartori, llegó al país con “una nueva forma de hacer política”, colándose dentro de las filas de uno de los partidos políticos más tradicionales y conservadores del país.

Tal Vez, el hecho que Sartori no haya alcanzado a liderar el partido exhibe que en el sistema político uruguayo funcionan ciertos filtros que evitan que candidatos outsider y de discurso leves con perfil antidemocrático alcancen el poder.

El voto verde oliva

Los votos de la derecha más conservadora ahora encontraron en Guido Manini Ríos, líder de Cabildo Abierto, un candidato ajustado a sus expectativas. Aunque este nuevo partido político no disputaba candidato a presidente, logró alcanzar los 46.887 votos, superando ampliamente la votación de partidos políticos con conocida trayectoria como el Partido Independiente (centro) y Asamblea Popular (izquierda radical). Esta votación le significó a Cabildo abierto perfilarse como la cuarta fuerza política en el sistema político uruguayo.

Con historia reciente en el ámbito nacional, Manini Ríos fue nombrado Comandante en Jefe del Ejército uruguayo por el propio José Mujica, en febrero de 2015. Ya en el 2019, luego de fuertes desavenencias con Dr. Tabaré Vázquez, Legislativo y Judicial, Manini Ríos fue pasado a retiro luego de una sumatoria de cuestionamientos, sobre todo los referentes al procedimiento judicial en los casos de delitos de lesa humanidad efectuados durante la dictadura cívico militar.

¿Un Bolsonaro uruguayo?

Entre el candidato de Cabildo Abierto y el presidente del Brasil Jair Bolsonaro existen coincidencias. Desde la obvia comparación de su pasado militar, además del hecho que ambos fueron paracaidistas, comparten una postura conservadora en la agenda social, con una concepción del retorno a los valores de familia católico - cristiano - conservadora y además de una prédica política anti sistema político, del tipo mesiánico.

A pesar de tratar de separarse de la imagen de Bolsonaro, su discurso y gestos públicos atienden a un público conservador, cada vez más extensivo en este momento.

Ahora bien, es necesario evidenciar una diferencia de estilo entre ambos. Del histrionismo obsceno de Bolsonaro a la retórica que muestra Manini Ríos a la hora de exponer sus ideas hay una distancia considerable.

Tal es así que el experimentado militar devenido en político se ha desmarcado del presidente de Brasil en declaraciones a medios internacionales, afirmando que “me comparan con Bolsonaro y Chávez porque soy una opción nueva que molesta a la izquierda y a la derecha”. A pesar de tratar de separarse de la imagen de Bolsonaro, su discurso y gestos públicos atienden a un público conservador, cada vez más extensivo en este momento.

Con la mira en octubre

No es un momento más para América Latina, con una oleada conservadora que está tomando cuenta de buena parte de los gobiernos de la región, la elección en Uruguay es observada por todos. ¿Podrá el Frente Amplio continuar con su proceso de transformación después de 15 años en el gobierno? Los partidos tradicionales, el colorado y el nacional, vuelven a la disputa electoral con nuevas figuras renovando el escenario nacional. El Frente Amplio carga con el desgaste de 15 años de gobierno y el desafío de sustituir a las grandes figuras recientes.

Tal vez la mayor atención estuvo en la interna nacionalista con la entrada del outsider Sartori. Su figura representó una especie de cheque en blanco de dudosa procedencia, vacío de contenidos y sin antecedentes. La impronta de Juan Sartori, en algún punto puede compararse al estilo del presidente argentino Mauricio Macri, por su perfil de hombre de negocios y su discurso CEOcrático; a su vez también hay puntos en común con Bolsonaro, sobre todo en su discurso antipolítico y en lo referente a la implementación de una campaña sucia basada en el uso de redes sociales y fakenews. Sin embargo Sartori es un fenómeno en sí mismo, que sacudió el predecible escenario político del país. No llegó a dar el batacazo en esta instancia, pero según el ex precandidato, continuará activamente en el ámbito político local.

En ese sentido, Uruguay ha dado muestra de que su sistema político todavía es capaz de filtrar figuras y personalidades que pueden traer profundos perjuicios a su país.

Las elecciones de octubre van a ser muy disputadas, por un lado por el desgaste en el ejercicio del poder del Frente Amplio durante tres períodos de gobierno y por la renovación de los partidos tradicionales, que fueron adaptando el discurso a la onda conservadora actual.

Ahora es momento de la construcción de coaliciones y estrategias a nivel nacional. Cuatro meses en política es una eternidad.

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