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El vínculo entre la emigración masiva, la violencia y las violaciones de derechos humanos en México

La emigración masiva en México priva a las comunidades de su capital humano y social, lo que facilita la violencia impulsada por el narcotráfico y los abusos de derechos humanos. Una contribución al debate Derechos Humanos: ¿un movimiento de masas o de élites? English

En otras secciones de este foro, Natalia Saltalamacchia, Alejandro Anaya y Jorge Castañeda presentan evidencia contundente de que las normas internacionales de derechos humanos se han abierto camino entre el público mexicano. En teoría, esto debería dificultar más que los representantes del Estado abusaran de los ciudadanos con impunidad. A pesar de ello, las violaciones de derechos humanos en México han aumentado espectacularmente en la última década.

De hecho, desde 2007 han desaparecido más de 26,000 personas en México, y actualmente la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) del país está investigando 2,443 de estos casos por la presunta participación de agentes del Estado. Como sostuvo recientemente la investigadora de FLACSO Karina Ansolabehere, México se encuentra “en una coyuntura crítica”, en la que una población desconcertada presiona al Estado para que mejore su deplorable historial en materia de derechos humanos. Una gran parte del desafío consiste simplemente en crear vías seguras y confidenciales para que los ciudadanos puedan denunciar violaciones con transparencia. En el corto plazo, esto contribuirá a que el público comprenda mejor los tipos de abusos que están ocurriendo. A largo plazo, sin embargo, México debe enfocarse en abordar las causas subyacentes de las violaciones de derechos humanos.

Identificar qué provoca las violaciones de derechos humanos en México es el primer paso para frenar las transgresiones futuras. Con esto en mente, creo que la emigración masiva ayuda a explicar, al menos en parte, el reciente incremento de violaciones de derechos humanos en México.

Aunque he estudiado ampliamente la zona centro de México, nunca he concentrado mi atención en las violaciones de derechos humanos propiamente. No obstante, los resultados de mis investigaciones indican una fuerte conexión entre la emigración masiva, la violencia y las violaciones de derechos humanos en el campo mexicano. Específicamente, encontré evidencia que sugiere que la emigración masiva desde México contribuye al tipo de entorno político en el que hay un nivel bajo de rendición de cuentas por parte del Estado, lo que aumenta la posibilidad de que se cometan violaciones de derechos humanos.


Demotix/Peter Haden (All rights reserved)

A group of Mexican youths en route to the US-Mexican border. Does mass emigration out of Mexico contribute to the country's susceptibility to human rights violations?


En enero de 2015 conocí a un hombre de treinta y tantos años (al que llamaré Rodrigo) quien trabaja en una presidencia municipal en el sur de Guanajuato. Rodrigo, quien pasó varios años trabajando en los Estados Unidos, me llevó a conocer un puñado de poblaciones propensas a la emigración a lo largo de la frontera entre Guanajuato y Michoacán. Hizo una observación en particular que llamó mi atención.

'El problema, como puede ver, es que las personas más ambiciosas son las primeras en irse. Y eso es problemático. Los que se van son los que serían más capaces de ejercer presión para que hubiera cambios reales por aquí'. “El problema, como puede ver, es que las personas más ambiciosas son las primeras en irse. Y eso es problemático. Los que se van son los que serían más capaces de ejercer presión para que hubiera cambios reales por aquí”, sostenía Rodrigo mientras caminábamos por una calle polvorienta a solamente unas 200 yardas de Michoacán. “Pero se van, y lo que es peor, mandan dinero de vuelta, y eso alivia la presión sobre los funcionarios locales, que siempre han sido corruptos, pero ahora, gracias a los migrantes y sus remesas, pueden hacer lo que quieran. ¿Comprendes? Ya no hay más rendición de cuentas en estas regiones. Al menos antes estaban los ejidos [tierras comunales], pero ahora no hay nada. Es un ciclo terrible que se repite una y otra vez”.

Hace cinco años, es posible que dudara de la aseveración de Rodrigo. Sin embargo, durante los últimos años he pasado una buena cantidad de tiempo explorando la relación entre la emigración y el desarrollo en la zona centro de México, y las palabras de Rodrigo coincidían con pláticas que tuve con otros miembros de la comunidad, así como con los estudios empíricos que he realizado.

Los hechos se acomodan más o menos de la siguiente manera. Conforme los migrantes se van a los EE. UU., las comunidades locales pierden a los habitantes jóvenes, motivados y ambiciosos que serían más probables a ejercer presión para generar cambios en sus pueblos. Con el tiempo, los migrantes envían cantidades considerables de efectivo de vuelta al país. Sin embargo, las remesas tienen dos efectos inmediatos: (1) Permiten que los familiares de los migrantes consuman productos que previamente no les alcanzaba para comprar (televisiones, coches, computadoras, teléfonos, etc.), y (2) Fomentan que otras personas del pueblo emigren para poder acceder también al estilo de vida de los que tienen familiares en los EE. UU. De hecho, durante mi propia investigación en Guanajuato y Michoacán, encontré que conforme aumentan las remesas en una localidad, las tasas de asistencia escolar disminuyen. Lo anterior es particularmente cierto en el caso de los hombres adolescentes, quienes buscan emular a los jóvenes que se fueron antes que ellos. (Consulte Las migraciones y Migration and Education [Migración y educación]). Por otra parte, aunque los ingresos per cápita mejoran ligeramente en la medida en que aumentan las remesas, las tasas de empleo tienden a bajar en los municipios con altas tasas de emigración. Finalmente, conforme más personas se van de una población, la participación electoral realmente disminuye durante los años siguientes, lo que indica la posibilidad de que las regiones que reciben el apoyo de las comunidades de la diáspora tengan menos incentivos para presionar al Estado para que les proporcione recursos.

En cierto modo, la emigración masiva les brinda a las poblaciones locales el capital económico que les faltaba pero al mismo tiempo que priva a las comunidades del tipo de capital humano (educación) y capital social (participación colectiva) que más serviría para que los que se quedan atrás pudieran sacar provecho de su recién adquirida prosperidad.  A lo largo de las últimas generaciones, este ciclo ha hecho que el campo mexicano parezca algo similar a un pueblo fantasma bien conservado, en el que las casas financiadas por las remesas permanecen vacías la mayor parte del año y las economías locales están paralizadas todos los meses excepto diciembre, cuando “los paisanos” regresan a casa para las vacaciones navideñas. Y este arreglo podría funcionar bien si todos los individuos de edad productiva pudieran emigrar, pero ése no es el caso.

“No todos pueden probar suerte. Y para los que reciben remesas, bueno, todo sale bien, pero para los demás, es difícil. Yo ahorita tengo trabajo, pero en el pasado he hecho ‘mandados’ para los cárteles locales porque ésa era la única manera de alimentar a mi familia”, explicó un joven de Moroleón, Guanajuato, en 2012. “Mire, usted tiene que entender una cosa. Aquí hay dos posibilidades para avanzar en la vida... o te vas a los EE. UU. o te unes a un cártel. Y punto.”

“Y el gobierno municipal? ¿No genera trabajos?”, le pregunté.

Sonrió. “Como dije, o te vas a los EE. UU. o te unes a un cártel”.

About the author

Dr. Waddell’s research focuses on the relationship between human development, migration, and crime. He lives in Managua, Nicaragua, where he serves as the academic director for the School for International Training’s program Nicaragua: Youth Culture, Literacy, and Media.

Benjamin James Waddell is an Assistant Professor of Sociology at Adams State University and teaches in the areas of racial and ethnic relations, education, social psychology and social inequality.

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