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Cuba ante el ocaso de la Revolución y la amenaza de Trump

Con la Revolución en cuenta regresiva, Cuba enfrenta el riesgo de una intervención armada y la posibilidad de una transición democrática

Cuba ante el ocaso de la Revolución y la amenaza de Trump
Cocina con carbón en la ciudad de Matanzas, Cuba, ante la falta de electricidad, agua y combustible que afecta a la isla caribeña | Magdalena Chodownik/Anadolu via Getty Images
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En Cuba hay incertidumbre. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha sido contundente. ¿Repetirá la “exitosa” intervención en Venezuela o ha pensado para Cuba un modelo diferente? Hay muchas preguntas y una certeza: el gobierno revolucionario está en declive. 

La acusación del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra Raúl Castro, histórico exmandatario de la Revolución Cubana, hoy de 95 años, daría pautas de que Washington intenta replicar con él la estrategia aplicada con el presidente venezolano Nicolás Maduro, aunque esta vez con menor transgresión del derecho internacional: Castro, a diferencia de Maduro, no goza de inmunidad de jefe de Estado.

Maduro fue secuestrado el 3 de enero por fuerzas militares estadounidenses, en un operativo que dejó entre 70 y 100 personas muertas, y se encuentra detenido en Nueva York. Castro es diputado de la Asamblea del Poder Popular y general del ejército con rango honorífico. NInguno de esos cargos le otorgan inmunidad.

El 21 de mayo, el Departamento de Justicia acusó al expresidente Castro de asesinato por el derribo, en 1996, de dos avionetas del grupo Hermanos al Rescate en el que murieron cuatro personas, tres de ellas estadounidenses. Hermanos al Rescate era un escuadrón aéreo formado por disidentes cubanos en Miami que, en la década de 1990, hizo varias incursiones en el espacio aéreo cubano.

Trump ha dicho claramente que quiere cambiar el liderazgo en La Habana, y que estaría encantado de invadir Cuba. Además, intensificó el embargo económico contra la isla y le impuso nuevas y amplias sanciones y un bloqueo petrolero que dificulta incluso la entrega de ayuda humanitaria por parte de la ONU. 

El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró a periodistas que Cuba ha representado una amenaza para la seguridad nacional durante años y que Trump está decidido a abordar este problema. Mientras que en su mensaje dijo que prefería una solución diplomática, observó que “la probabilidad de que eso ocurra… no es alta”.

Al mismo tiempo, el sitio web de noticias estadounidense Axios, citando información clasificada, aseguró que Cuba poseía 300 drones que podrían atacar objetivos estadounidenses como la base militar en la Bahía de Guantánamo, Key West en Florida o buques de guerra desplegados en la zona. Más allá de los 300 drones, la superioridad militar de EEUU respecto de Cuba no se pone en duda. Los drones podrían ocasionar daños, pero no evitar una confrontación ni ganarla.

Sin embargo, no hay garantías sobre el resultado de una intervención similar a la de Venezuela. Es probable, entonces, que se intente una negociación y, solo en última instancia, una acción militar, pero los efectos de la guerra contra Irán pueden convencer a Washington de que no es un buen recurso.

La situación interna de Cuba es caótica. Se podría interpretar que el declive de la Revolución ha sido lento y prolongado. Cuba atraviesa una larga contracción económica, emigración masiva, colapso de infraestructuras, disminución de la capacidad estatal y un descontento social generalizado.

El descontento se debe a las carencias básicas y cotidianas: falta de luz, comida o medicamentos, carencias agravadas por el cerco impuesto por Trump. Cuba vive un proceso de agotamiento impulsado por cuatro dinámicas interrelacionadas: deterioro económico, declive ideológico, transición generacional y fragmentación institucional.

Protestas por falta de alimentos y energía exponen el fracaso de la revolución cubana
Las protestas y un éxodo masivo exponen la desconfianza de la población cubana hacia sus gobernantes comunistas – y el fracaso de la revolución

La narrativa revolucionaria ha perdido su poder movilizador. El Estado está centrado en la vigilancia, la coacción, el control de la información, la represión y las violaciones de los derechos humanos. Se ha transformado en una institución coercitiva. No da derechos ni otorga bienes sociales. Por el contrario, desprecia los derechos y concentra bienes sociales para un grupo de privilegiados. Pese a todo esto, el régimen mantiene un control capilar sobre la población y tiene una militancia leal que respondería ante una agresión externa.

El Partido Comunista domina la organización política, los medios de comunicación y las instituciones de seguridad. El conglomerado empresarial vinculado al ejército, el Grupo de Administración Empresarial (GAESA) que, a partir de la caída de la Unión Soviética en 1991 ganó espacio comercial y financiero, es un arma estratégica que maneja los sectores más dinámicos de Cuba, desde hoteles y tiendas minoristas hasta aduanas y puertos. 

¿Significa esta situación que estamos frente a la desaparición de la Revolución en Cuba? Probablemente. Es posible que se dé una transición negociada, con participación de algunos sectores de las fuerzas armadas cubanas, grupos opositores desde el exilio y tal vez algunos dirigentes locales. 

Es muy difícil predecir cómo reaccionan las sociedades en tiempos de cambio. Es aún más complejo cuando no existe en la isla una sociedad civil con libertad para expresarse, ni derechos políticos, sociales o económicos. 

El temor es que Cuba no logre el establecimiento de un régimen democrático. Esto sería un fracaso para la isla, la región latinoamericana y Estados Unidos. Es probable que el gobierno de Trump y Marco Rubio pongan todos los recursos políticos, económicos y militares para evitar semejante derrota. Pero no hay garantías de que se instale un régimen democrático.

El camino estará lleno de dificultades. Los actores internacionales, tanto países latinoamericanos como europeos, podrían colaborar para el establecimiento democrático – de forma similar a lo que hicieron en los procesos para poner fin a las dictaduras en América Latina – promoviendo el diálogo entre los distintos actores en Cuba, y alternativas a la ferocidad que expresa Trump.

El llamado lobby cubano – la influyente comunidad anticastrista afincada en Miami que durante muchos años repudió al régimen de Fidel Castro – ha logrado penetrar más fuertemente en Washington, y Marco Rubio es un buen ejemplo de ello. No quieren una invasión militar estadounidense, sino el fin de la Revolución.

Si hubiera una transición democrática podría darse una democracia híbrida, que siga las formas democráticas, especialmente en los procedimientos electorales, pero sin una justicia y un parlamento con la autonomía y la fortaleza que se espera en una democracia real. Tendría carácter parlamentario-presidencial, respaldada por algunas garantías constitucionales, una descentralización gradual y el surgimiento de nuevos partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil.

Existe la esperanza de que dichos retos puedan afrontarse con un firme compromiso con la libertad, con la cooperación de las democracias latinoamericanas y europeas, y con el sueño compartido por muchos cubanos de poder regresar algún día a su hogar.

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Rut Diamint

Rut Diamint es Profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Torcuato Di Tella, Buenos Aires, e Investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

Rut Diamint is International Relations Professor at Universidad Torcuato Di Tella, Buenos Aires, and Researcher at the Argentine National Council for Scientific and Technical Research.

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Laura Tedesco

Laura Tedesco es profesora de ciencia política en la Saint Louis University/Madrid Campus.

Laura Tedesco is political science lecturer at Saint Louis University/Madrid Campus.

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