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Muerte de la "nueva república" de Brasil

Las instituciones brasileñas están colapsando una tras otra. La separación entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial es una farsa. Hay un Estado dentro del Estado. English

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La serie openMovements invita a politólogos líderes en sus campos de investigación para compartir sus resultados y sus perspectivas sobre luchas sociales contemporáneas.

Protestas en Río de Janeiro por el asesinato de Marielle Franco. Imagen Thiago Diniz, Colectivo Favela em Foco (https://favelaemfoco.wordpress.com). Todos los derechos reservados.

Marielle era una muchacha de los barrios marginales de Río de Janeiro. Era negra, hermosa, joven y carismática. Estudió sociología y obtuvo una maestría en administración pública. Era una activista feminista, LGBT + , defensora de los negros y de los derechos humanos. Fue elegida con una agenda progresista, y era una concejal muy activa en el ayuntamiento de la ciudad de Río de Janeiro desde el  2016. Fue asesinada el día 14. de marzo. Cuatro balas disparadas con un arma de 9 milímetros traspasaron su cuerpo. También mataron a Anderson Pedro Gomes, su conductor.

Fue un asesinato político. Probablemente perpetrado por la policía militar o los escuadrones paramilitares, o ambos, porque el policía que interviene en los barrios marginales contra los capos de la droga durante el día puede estar activo como miliciano durante la noche. El mensaje de los señores supremos del inframundo fue alto y claro. ¡No te metas con ellos ! Quien se levante desde o para la gente de la periferia y los barrios pobres para denunciar las violaciones de los derechos humanos será asesinado, torturado o "desaparecido".

Sin embargo, los disparos fracasaron. El país quedó conmocionado. Durante la noche de su asesinato, Marielle se convirtió en un símbolo de resistencia y un ícono para la esperanza. Las vidas negras importan. Cada vez y en cualquier parte en que alguien es asesinado por ser negro, gay, mujer o de los barrios marginales, cada vez que se violan los derechos humanos, Marielle está presente.

Marielle Franco representó a la nueva generación de la política, por encima y contra el viejo y corrupto sistema de capitalismo de compinches y del patrimonialismo oligárquico que ahora está colapsando en tiempo real. En 2016, Dilma Rousseff, la presidenta electa, del Partido de los Trabajadores (PT), fue derrocada en un juicio político. Lo llamamos un golpe, o un golpe de Estado , porque incluso si la destitución ocurrió de acuerdo con la letra de la ley, el poder arrebatado por el vicepresidente Michel Temer hirió fatalmente el espíritu de la constitución brasileña de 1988.

En retrospectiva, podemos ver que la acusación contra Rousseff fue solo el disparo de salida de un golpe ya en curso. Todo indica que la destitución de la presidenta electa trataba de detener investigaciones judiciales y penales sobre la corrupción sistémica existente al más alto nivel. El propio presidente ha sido acusado de corrupción pasiva, la lavado de dinero y formación de banda para delinquir. Si Temer no ha sido recusado, es solo porque las cámaras alta y baja, víctimas ellas mismas de la corrupción, ya fueron compradas.

Sin embargo, lo que es más difícil de entender es por qué el gobierno ilegítimo ha abolido el ministerio de la cultura, el ministerio de los pequeños agricultores, los secretarios de derechos humanos, de igualdad racial y de los asuntos de la mujer.   ¿Por qué ha impulsado el programa de austeridad más duro de toda América Latina, sancionando los recortes en la Constitución para los próximos 20 años? ¿Por qué han implementado irrefutablemente una serie de reformas neoliberales, que destruyen el Estado de Bienestar, y han vendido los activos del Estado a través de la privatización? ¿Por qué se han alineado con las fuerzas más reaccionarias del ámbito rural y han defendido sistemáticamente los intereses de los grandes terratenientes frente a los de los pequeños agricultores, de los pueblos indígenas y de las comunidades de esclavos libres? ¿Por qué han dado voz a los fundamentalistas cristianos, a la extrema derecha, a los racistas y a los homófobos?

La respuesta a estas preguntas probablemente sea que, con una tasa de aprobación por debajo del 5% , el presidente Temer no tenía nada que perder. En Brasil hoy, hemos alcanzado un estado de política mafiosa. Los criminales de cuello blanco están gobernando el país desde Brasilia. Señores de la droga, paramilitares, escuadrones de la muerte, policía militar, y ahora también el ejército, están aterrorizando a la población en los barrios pobres y los suburbios. Las estadísticas son espantosas. Con casi 60.000 asesinatos por año, ¡Brasil es un país más violento que Iraq!

Aquí tenemos una intervención militar porque 2018 es un año de elecciones.

El asesinato de Marielle coincide con la creación de un Ministerio de Seguridad Pública y una intervención federal del ejército nacional en el estado de Río de Janeiro. En un artículo de opinión publicado póstumamente, Marielle denunció los hechos. Aquí tenemos una intervención militar porque 2018 es un año de elecciones. Como siempre, y especialmente cuando la extrema derecha está en ascenso, la seguridad prevalece sobre la libertad, la democracia y los derechos humanos.

En un país que sufrió una dictadura brutal desde 1964 hasta 1985, la militarización de la política es un asunto bastante preocupante. Por primera vez desde el retorno de la democracia, los militares están ahora a cargo del ministerio de defensa, el ministerio del interior, los servicios secretos y la oficina de asuntos indígenas. Los soldados que cometan crímenes durante sus operaciones militares en Río de Janeiro ya no estarán sujetos a cortes civiles; por decreto, serán juzgados por tribunales militares.

La "nueva república" sigue siendo una democracia, pero ¿por cuánto tiempo? Nuestras instituciones están colapsando una tras otra. La separación entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial es una farsa. Hay un Estado dentro del Estado.

Desde el año pasado, el estado de Río de Janeiro es oficialmente una “zona catastrófica”. Estamos avanzando peligrosamente hacia un estado de emergencia. La ejecución de Marielle no debe usarse como pretexto para una mayor militarización. De ahora en adelante, y hasta el restablecimiento completo de la democracia en Brasil, la pregunta que se hizo Marielle cuando denunció el asesinato de un joven más de los barrios pobres a manos de la policía militar cuando salía de la Iglesia será también la nuestra: “¿Cuántos más tendrán que morir para acabar con esta guerra?”

About the author

Frédéric Vandenberghe es profesor de sociologia en la Universidad del Estado de Río de Janeiro.  

Frédéric Vandenberghe is professor of sociology, at the State University of Rio de Janeiro

 


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