"Implementar políticas que respeten nuestra autonomía y nuestro modo de vida". Para Vanda Witoto, destacada dirigente de la Amazonia brasileña, éste era el objetivo central del 19º Campamento Terra Libre (ATL).
Entre cantos, bailes y un apretado programa de compromisos políticos, la última semana de abril se congregaron cientos de grupos indígenas en la capital de Brasil -en el lugar donde solo tres meses antes se produjo la ocupación insurreccional imitadora de los partidarios de Bolsonaro- para defender estos principios.
Se calcula que unas 6.000 personas se reunieron en Brasilia la semana pasada para el foro de seis días, el mayor encuentro anual de pueblos indígenas del mundo, según la Articulación de Pueblos Indígenas de Brasil (APIB, por sus siglas en portugués). Mientras que la edición del año pasado de la ATL -tras un paréntesis de dos años en Covid- se convirtió en gran medida en un mitin de precampaña para ayudar a garantizar que el entonces presidente Jair Bolsonaro fuera destituido en las próximas elecciones de otoño, el enfoque del evento de este año se ha centrado en avanzar en la representación institucional histórica conseguida por los grupos indígenas de Brasil a través del incipiente gobierno liderado por Luiz Inácio Lula da Silva.