Los asesinatos de periodistas en México no paran. El crimen de Armando Linares y Roberto Toledo, ambos del mismo medio “Monitor Michoacán”, ejecutados de ocho balazos y con 43 días de diferencia en Zitácuaro, Michoacán son el ejemplo brutal del fracaso del sistema de justicia y de la impunidad que impera en el país. Hoy, Linares es el octavo periodista asesinado de este 2022, pero lamentablemente, no será el último.
El obligado cierre del medio ante el temor a más atentados, ejemplifica la vulnerabilidad que azota a la prensa. Linares, antes de su muerte precedida de decenas de amenazas, señaló a los responsables en un video: “Responsabilizamos a las autoridades municipales de Zitácuaro, Michoacán, de cualquier ataque a nuestro personal”.
El director del medio, Joel Vera, dijo en un comunicado en Facebook: “La Fiscalía Especial para Delitos contra la Libertad de Expresión tiene en su poder pruebas de los autores intelectuales del asesinato de nuestro director. Sin embargo, el Gobierno del Estado y la fiscalía general han mostrado desinterés por encontrar a los responsables, tanto a los autores materiales como intelectuales, ya que los asesinos se encuentran entre las filas de ambos”.