Investigar la violencia de género puede ser una tarea complicada. Los políticos y legisladores suelen preferir números, porque supuestamente dan evidencia de la magnitud del problema.
Sin embargo, análisis cuantitativos pueden llevar a la separación de la información de su contexto socio-cultural y las experiencias vividas de la violencia. Para diseñar políticas que responden efectivamente a las necesidades de las sobrevivientes, es esencial que sus experiencias sean tomadas en cuenta.
Sin embargo, la investigación cualitativa, especialmente cuando esta involucra a sobrevivientes de violencia, tiene sus propios retos. Conlleva riesgos para la seguridad física y emocional de las participantes, sobre todo cuando estas deben relatar sus experiencias una y otra vez. También puede generar sentimientos de explotación cuando los y las investigadores – o periodistas – promueven sus careras profesionales con historias que generan amplia atención pública, sin que la situación de las sobrevivientes cambie. El escuchar horrorosas historias de violencia también puede ser desafiante para investigadores y causar victimización secundaria.