democraciaAbierta: Opinion

Colombia: un difícil pero esperanzador giro a la izquierda

Gustavo Petro será el primer presidente progresista del país, aunque tendrá que pactar con los sectores conservadores

democracia Abierta
24 junio 2022, 11.14am
Francia Márquez, la candidata a la vicepresidencia por el Pacto Histórico, en su mitin final de campaña a las elecciones 2022 en Bogotá, Colombia.
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Después de seis meses de incertidumbre y alta tensión electoral, los colombianos por fin tienen un nuevo presidente: el economista Gustavo Petro, ex alcalde, ex congresista y cabeza del partido político Pacto Histórico. Petro venció al ingeniero Rodolfo Hernández con una votación de 11, 2 millones de votos, 800.000 más que los que consiguió su contrincante.

A pesar de que las últimas encuestas mostraban un “voto-finish”, Petro ganó con el 50,4% de los votos frente a un 47,2% de Hernández. Una victoria incontestable, y aunque muchos analistas afirman que es muy ajustada, es casi igual a la que obtuvo en 2020 el Joe Biden frente a Donald Trump: 50,8% frente a 47,4%. Un margen de más del 3% es un margen amplio en tiempos de enorme polarización.

Así, Colombia eligió al primer presidente progresista en su historia, impulsado por su fórmula vicepresidencial, Francia Márquez, primera vicepresidenta afrodescendiente colombiana. El próximo 7 de agosto, ambos asumirán sus cargos al frente de un país que, por más de 50 años, ha vivido en guerra, gobernado por distintos líderes de una misma derecha hegemónica.

A pasar de los malos augurios y del miedo a que la violencia distorsionara el proceso, las votaciones se llevaron a cabo en completa calma y con una participación récord que aumentó en más de dos puntos sobre la primera vuelta. Es el porcentaje más alto de participación en las últimas tres décadas en Colombia: más de 22,5 millones de colombianos salieron a votar, evidenciando el gran interés que despertaban estas elecciones y que la participación en política de los colombianos, movilizados socialmente, está en aumento.

Al igual que en la primera vuelta, Petro ganó en la capital, la región Caribe y el Pacífico, lugar de origen de Francia Márquez, y donde viven las comunidades más afectadas por el conflicto. Esto explica también que haya tenido un apoyo indígena, afro y de mujeres avasallador.

La fórmula Petro-Márquez tendrá el reto de ejecutar por primera vez un programa de corte socialdemócrata en Colombia

Para el país, la victoria Petro-Márquez significa, sin duda, un cambio en el relato y abre la puerta a un gobierno popular, del que se espera dé prioridad a las políticas sociales y medioambientales, además de intentar un impulso definitivo a la paz.

Tras la victoria en la segunda vuelta, la fórmula Petro-Márquez tendrá el reto de ejecutar por primera vez un programa de corte socialdemócrata en Colombia, aunque sus críticos lo califiquen de izquierda radical e insistan en que el pasado guerrillero del presidente electo demuestra que es un peligroso izquierdista revolucionario.

A lo largo de su campaña se hicieron propuestas ambiciosas que dejan dudas sobre su viabilidad de ejecución en solo cuatro años, sobre todo por los grandes déficits estructurales, el desfase económico y social que deja la pandemia y los fuertes vientos de proa que trae la coyuntura internacional.

Entre sus pilares programáticos están: defender un cambio de modelo económico que se guíe por la producción agropecuaria y una reforma agraria, implementar el Acuerdo de Paz, atajar la desigualdad en el campo, arreglar los temas de titularidad de tierras productivas, aumentar la participación política de las mujeres, crear un Sistema Nacional de Cuidados, proteger los ecosistemas y los recursos naturales (especialmente el agua), combatir el cambio climático de forma agresiva, implementar una transición energética, promover una reforma en términos de seguridad, poner fin al servicio militar obligatorio, y hacer una reforma tributaria, entre otras cosas. Una apuesta verdaderamente ambiciosa, que ha conseguido despertar esperanza y que tendrá que moderar las expectativas que generó ante el choque inevitable con la compleja realidad colombiana.

Además de modular sus promesas, los nuevos gobernantes tendrán que lidiar con la fuerte polarización en Colombia y con el férreo control que las élites ejercen sobre la economía y la política del país después de décadas de hegemonía y de guerra. Para Petro, un acuerdo con un ejército colombiano que lo percibe como enemigo, es clave para su supervivencia política. Sin eso, su capacidad de abrir un diálogo con el ELN, con las disidencias de las FARC y con otros actores de la violencia en Colombia está condenada al fracaso.

La mayoría de los que votaron por el ingeniero Hernández tiene grandes dudas sobre la calidad de gobierno que pueda ejercer Gustavo Petro, y muchos lo siguen asociando a violentos grupos guerrilleros y a gobernantes de izquierda autoritarios (“castro-chavista” es el epíteto preferido). Este es el principal argumento usado en su contra durante los muchos años en que ejerció una férrea oposición en el congreso, y un prejuicio que le tocará superar.

Un cambio histórico

Pero la victoria de Petro es histórica. Hace veinte, diez, e incluso cinco años, en Colombia era impensable que alguien que pasó 12 años de su juventud en el M-19, una guerrilla urbana marxista, con el alias de uno de los generales revolucionarios de "Cien años de soledad" de Gabriel García Márquez, el comandante Aureliano Buendía, pudiera ser un día presidente del país.

Tras desmovilizarse, Gustavo Petro fue congresista y alcalde de Bogotá, y se lanzó dos veces, sin éxito, a la presidencia. A sus 62 años, logró su objetivo y por fin pudo afirmar, en su discurso de victoria, que "hoy comenzó el cambio para Colombia".

Y es que es cierto que Petro tiene una visión totalmente diferente del país porque ha centrado su atención en la gente más desprotegida, y eso incluye a la gente que vive en los barrios marginales de las grandes ciudades de Colombia, así como a las comunidades negras e indígenas, que han sido ignoradas y despreciadas sistemáticamente por la derecha gobernante, cuyo clasismo y racismo es estructural.

El lema de Francia Márquez “vivir sabroso” viene a imprimir un carácter ilusionante para un país torturado por la violencia física y simbólica

Esto se refrenda en su vicepresidenta, Francia Márquez quien, no solo es la primera mujer afro en ese cargo, sino que viene también de una vida como lideresa social y ambiental, tras haber sido minera y empleada doméstica; en 2018 ganó el Goldman Prize, que es considerado como el Nobel ambiental. "Después de 214 años hemos logrado un gobierno del pueblo, un gobierno popular, de gente con las manos callosas, un gobierno de la gente de a pie, de los nadies de Colombia", dijo Márquez en la celebración. Su lema “vivir sabroso” viene a imprimir un carácter ilusionante para un país torturado por la violencia física y simbólica.

En la mitad de su discurso de victoria Petro, además, le dio la palabra a Jenny Medina, la madre de Dylan Cruz, el joven asesinado en 2019 por el Esmad, la policía antidisturbios de Bogotá, durante las protestas sociales contra el gobierno Duque y que se convirtió en el icono de la lucha de los jóvenes colombianos y de la brutal represión policial-militar con la que fue recibida.

La importancia simbólica de ese gesto de Petro no escapó a nadie, y parece confirmar que su gobierno le dará voz a los que Márquez llama “los nadies” es decir, las minorías, los pobres, las víctimas de la violencia ya todas aquellas personas que, históricamente, no han podido hablarle o ser reconocidas por el poder.

Un país fragmentado, pero no perdido

A pesar del viento de esperanza que muchos sienten hoy en Colombia, tal vez el mayor reto es apaciguar los discursos de descalificación y de odio mutuo que han protagonizado el enfrentamiento partidario en los últimos años..

A partir del 7 de agosto de 2022 en que Petro tomará el relevo al frente del país, él y su equipo tendrán que unir fuerzas con aliados y opositores para que el país logre reconducir la crisis social y económica y la profunda desigualdad en la que lo deja el gobierno Duque, heredero de décadas de política neoliberal.

Primero, Petro debe asegurar su gobernabilidad. Si algo le cuestiona la oposición es su arrogancia personal y su incapacidad política para pactar y gobernar. Los partidos tradicionales siguen sumando mayoría en el poder legislativo colombiano, y es con ellos con quienes Petro tendrá que maniobrar y acordar si quiere lograr aprobar algunas leyes para que su gobierno sea exitoso.

El nuevo gobierno tendrá que ser especialmente cuidadoso con la economía. Su programa económico ha sido ampliamente criticado desde sectores empresariales. El presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), Bruce Mac Master, advirtió por ejemplo que la propuesta fiscal de Petro "no es factible" y que la reforma que propone de la matriz energética implicaría una carga para Colombia en tasa de cambio, de balanza cambiaria, de inflación, de pobreza, y de empleo.

El peso colombiano se ha depreciado ya un 5% frente al dólar desde la elección de Petro, una muestra de la desconfianza que un gobierno de Petro genera en los mercados financieros.

El ejemplo de moderación que dio Boric al nombrar a su gabinete económico en Chile puede ser una guía para Petro

Desde que perdió las presidenciales de 2018, Petro ha intentado minimizar los miedos de la derecha económica hasta el punto de decir, en su discurso del 19 de Junio, que él y su equipo van a "desarrollar el capitalismo en Colombia". La realidad es que tiene que dar una señal rápida y de confianza que tranquilice tanto a inversionistas extranjeros, como a los empresarios colombianos para que no saquen sus capitales del país y para que la recuperación económica tenga continuidad. El ejemplo de moderación en este aspecto que dio Boric al nombrar a su gabinete económico en Chile puede ser una guía para Petro.

Además, Petro tendrá que enfrentar tres problemas estructurales: la inflación más alta que ha tenido Colombia en los últimos 20 años, la tasa más alta de desempleo en una década y el aumento de la pobreza debido a reformas económicas neoliberales a lo largo del tiempo.

Otro reto del presidente electo de Colombia son las relaciones internacionales. Durante su campaña afirmó que establecería relaciones con Venezuela, que potenciaría las relaciones con países como Chile y que se acercaría al gobierno de Joe Biden, con quien tiene posiciones opuestas en temas como Venezuela, pero otras en común como lo son la protección del medio ambiente y la transición energética.

Su discurso latinoamericanista abre también espacio a la recuperación de un multilateralismo regional en horas bajas, según un análisis reciente de democraciaAbierta. La coincidencia en el tiempo con muchos gobernantes progresistas, aunque de distinto signo e idiosincrasia, en la región, ofrece también una oportunidad de liderazgo a Colombia de la que ha carecido históricamente. Una posible victoria de Lula da Silva en las presidenciales de Brasil finales de año podría significar un impulso definitivo a una renovada agenda de cooperación en una región hoy muy fragmentada.

Así, la elección de Gustavo Petro le abre a Colombia más puertas de las que le cierra. Sin embargo, su actuar como presidente debe ser fiscalizado con rigor ya que carga, no solo con las responsabilidades institucionales de un presidente, sino con la esperanza de millones de personas que han sido históricamente ignoradas y que ven en él y en Francia Márquez la respuesta a carencias que han abierto heridas muy profundas en los y las colombianas durante décadas.

El nuevo gobierno tiene que ser consciente de que la oligarquía, sectores del ejército y otras fuerzas reaccionarias del país estarán muy atentas a recuperar el poder a la menor oportunidad. El acierto en el nombramiento de los miembros del nuevo gobierno y en el tono de su discurso político junto la moderación y la eficacia de sus medidas socioeconómicas serán la medida de su éxito.

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