Mirando hacia atrás a través del túnel de tres décadas frustrantes, es difícil creer que, al iniciarse la década de los 90, el mundo esperaba acordar rápidamente una acción eficaz para hacer frente al cambio climático.
Por aquel entonces, los astros parecían estar alineados. En 1988, uno de los principales científicos del clima, Jim Hansen, entonces director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, acabó con la cautela de la comunidad científica y declaró ante el Congreso de los Estados Unidos que el calentamiento global era seguro en un 99%.
Su declaración -realizada en un día de junio en el que las temperaturas superaron convenientemente los 101°F (37°C) en una sala en la que los organizadores habían cerrado deliberadamente todas las ventanas para asegurarse de que los legisladores sintieran el calor, tanto literal como metafóricamente- hizo que la cuestión pasara de ser un mero debate científico a una cuestión de política.